Poner en palabras el abuso, decírselo a alguien, confiar en que te van a creer, apoyar, acompañar y que contarlo no será un boomerang que te devolverá en la cara cachetadas de indiferencia o acusación. Cintia conoce todo ese proceso tan difícil.
El martes de la semana que viene lo va a contar en público. Va a mirar a los ojos a decenas de adolescentes de un pueblo donde hasta los grandes prohombres que pretendieron mostrar que siempre fueron un ejemplo deben rendirle cuentas a la Justicia por abuso sexual infantil e intrafamiliar. Se va a animar a decirles que si pasaron por lo mismo tienen que denunciarlo. Que allá están ella y otras tantas para decirles que no están solas.
Cintia tiene 22 años. A los 15 decidió denunciar a la pareja de su abuela por abuso sexual. En el expediente por abuso obran los horrores que sufrió después de las vejaciones a las que fue sometida y que se animó porque su primita podría estar expuesta a la misma situación.
El martes que viene encabezará una charla en el marco de la Semana de la Juventud de Santa Lucía. Allí se expondrá una vez más, como lo hizo ante fiscales, jueces, psicólogos, peritos, abogados defensores de su victimario, el miedo al qué dirán y al señalamiento. Pero en esta oportunidad, porque así lo decidió. Porque compartir es bueno.
Allí contará cómo se animó a denunciar, las cosas que tuvo que atravesar y las que sufrieron sus padres, que desde el campo viajaban a diario para preguntar en Fiscalía por el avance de la causa. También hablará de la importancia de organizaciones que acompañaron a su familia.
Pero sobre todo dirá “aquí estoy, me pasó, vengo a contarlo, no busquen, ustedes también si pasaron sepan que alguien las va a escuchar. No nos callamos más”.
Fue abusada por la pareja de su abuela durante alrededor de dos años. Omar Corvalán, acusado, está prófugo de la Justicia desde que en agosto del año pasado decidió huir y no presentarse a la audiencia del debate oral, con seguridad, temiendo el fallo. A más de un año de aquella fuga, todavía no lo encuentran.
Vaya a saber cómo lo buscan. El propio fiscal Marcelo Manso supo decir, para el resonante caso de Ulises Fenández, que era muy difícil permanecer tanto tiempo evadido.
Omar Corvalán había fijado domicilio en la localidad de Santa Lucía. Un año antes de la fecha en la que desapareció, se vio involucrado en un confuso episodio. Su pareja de entonces, Nélida Delfina Marzán, de 65 años, falleció en el Hospital tras recibir un disparo de una escopeta en un muslo. “Se me escapó un tiro. Le estaba enseñando la escopeta. Fue sin querer, estábamos por tomar unos mates con unos muchachos, en mi casa”, le contó él a La Opinión.
Vivían en el paraje Colegiales. La señora Marzán había vivido durante décadas en la zona de islas.

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