Cinco sampedrinas reconocidas por sus labores en el campo
“Porota” Colantono, Elsa Álvarez, Ester Villa, Adriana Gaitán y Patricia Vellani fueron protagonistas de una jornada dedicada a las mujeres rurales en Mercedes. Cada una de ellas representa el tesón de quienes, desde la actividad vivierista, forjaron la identidad local.
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El viernes, el teatro Argentino de Mercedes fue escenario de una actividad organizada por la Asociación Regional del Oeste de Productores, emprendedores y artesanos en la que fueron reconocidas 40 mujeres rurales de la región por su aporte al desarrollo productivo de todo el país.
Entre ellas hubo cinco sampedrinas que fueron distinguidas en el tercer encuentro nacional de mujeres rurales: Nilda Ester “Porota” Colantono, de Vivero Gobatto; Elsa Alvarez, de Vivero Alés; Ester Elsa Villa, de Vivero Las Margaritas; Adriana Gaitán, de Vivero Gaido; y Patricia Vellani, de Vivero El Nuevo Heredero.
Ellas, al igual que el resto de las homenajeadas esa noche, forman parte de una tradición que, de generación en generación, ubica a las mujeres en la tarea rural a la par de los hombres, como parte de emprendimientos familiares que, en el caso local, significaron un hito que forjó la identidad sampedrina, íntimamente ligada al campo en general y a los viveros en particular.
“En ellas se recupera parte de la historia de la población rural del Partido de San Pedro, la vecindad, las escuelas, la formación, el trabajo, el sacrificio, la familia y la trascendencia cuando los hijos crecen”, relataron desde la Estación Experimental local de Inta, que acompañó a las agasajadas.
Historias entre plantas
La mayor de las sampedrinas reconocidas es Nilda Este Colantono, “Porota”. Con 80 años, viajó a Mercedes a participar del evento y el sábado contó en Sin Galera la experiencia.
“Para mí fue una cosa inesperada, jamás me pensaba que podría llegar a eso. Estuvo muy lindo, estoy muy agradecida”, señaló esta mujer que nació en el campo y comenzó a colaborar en las tareas rurales desde niña.
“Después me casé y seguí. Ahora no trabajo, porque están mis hijos y mis nietos, pero yo siempre estaba muy metida entre las plantas”, relató.
Junto a su esposo, José Gobatto, “Porota” sigue en el campo al que la familia llegó hace 112 años, desde Italia.
Como tantos en la zona rural, supo de sequías, heladas, granizo, robos y caminos de tierra casi intransitables los días de lluvia.
Herminia Elsa Álvarez, casada con Víctor Alés, su vecino de la niñez, fue otra de las homenajeadas. Llevan 56 años juntos. Ahora, entre hijos, nietos y bisnietos, siguen acompañando las labores del vivero.
La numerosa familia de 11 hermanos perdió a su padre, español, a los 12 años. Fueron tiempos difíciles. Desde muy joven, Elsa trabajó a la par de su esposo, sin conocer distinción de tareas.
“Elsa siempre mantiene ese espíritu inquieto y solidario. Todavía tiene el empuje para ocuparse un poco de todas las cosas y colaborar en lo que se le requiere”, relataron desde Inta.
Criadas en el vivero
Ester Elsa Villa nació en 1951 en el paraje Sol de Mayo. En el vivero familiar aprendió, de pequeña, las labores propias del emprendimiento. Tenía 19 años cuando fundó el vivero Las Margaritas, con su esposo, Abel Valens.
Como todas esas mujeres rurales que fueron reconocidas por sus esfuerzos y sacrificios, Ester tiene cientos de anécdotas que dan cuentas de ello. “Para adelantar tareas dejaba a su pequeño hijo durmiendo en el auto, junto a las hileras de plantas adonde estaba trabajando”, contaron quienes la acompañaron a recibir el reconocimiento.
Su vivero es, desde hace décadas, uno de los referentes en la producción de las tan famosas rosas sampedrinas. La ExpoRosa los vio obtener varios premios. Hoy, junto a sus hijos, sigue al frente de la empresa familiar.
Adriana Elizabeth Gaitán nació y se crió en el paraje La Rosada. Estudiaba corte y confección cuando comenzó a colaborar en el vivero de su familia.
“En el año 90 se incorporó a la familia Gaido, que también tenía vivero. Siempre trabajó junto a su esposo Abel en el campo, mientras criaba a sus dos hijos”, relataron sobre ella.
Su hijo Alejandro, Técnico agrónomo, se sumó para que se hicieran cargo del vivero, tras el retiro de los abuelos.
Adriana pasó por un delicado estado de salud que puso en vilo a toda la familia. Hoy, tras vencer al cáncer, no ceja en su tarea. Cactus, crasas y suculentas la ven trabajar a diario.
Patricia Beatriz Vellani nació en Colegiales. También estudió corte y confección, pero nunca sintió que fuera lo suyo. Su pasión era, y son, las plantas.
“Siempre tuvo como ejemplo a su mamá, quien quedó discapacitada desde muy joven y pudo hacer frente a la adversidad, criando a sus hijos”, contaron sobre ella desde Inta.
Patricia y su esposo tuvieron una juventud signada por el sacrificio. Mientras él trabajaba en otros establecimientos, ella hacía lo propio en el campo familiar, con su pequeño hijo en brazos, para recuperarse de los estragos que el clima hizo en su producción.
El Nuevo Heredero es el vivero de Patricia Vellani y Francisco Lorido, hoy convertido en referentes de la producción local.
