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jueves, abril 22, 2021

Chicos con armas, un problema que crece

Un joven de 12 años fue a la escuela con un revólver y un cuchillo. Otro, de 15, que robó y amenazó con un arma de fuego, fue trasladado a un “centro de contención” en La Plata.

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El contacto de los chicos con las armas de fuego, que debería reducirse, acaso, a las pistolas de los videojuegos o a las réplicas con las que juegan –vaya divertimento, después de todo– a simular dar muerte  a otros. Pero no: es cada vez mayor la frecuencia con la que aparecen casos en los que niños o adolescentes tienen un revólver “de verdad” entre las manos.

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Dos casos bien distintos entre sí ocurridos en la última semana dan cuentas de al menos dos de las aristas más preocupantes en relación al tema. En uno, un joven de 15 años utilizó un arma de fuego para apuntarle a la cabeza a la cajera de un autoservicio para robarle. En el otro, un chico de 12 fue a la escuela con un 22 largo en la mochila.

En el primero de los casos, el protagonista fue aprehendido, liberado, nuevamente aprehendido y liberado, y finalmente detenido para ser alojado en un Centro de Contención para menores inimputables, tal como se denomina a los institutos donde recalan aquellos que tienen menos de 16 y no pueden ser juzgados por la Justicia penal.

En el segundo, lo llevaron a la Comisaría, lo entregaron a sus padres, lo suspendieron una semana en la escuela y prometieron intervención con el resto de la comunidad educativa.
Ambos son ejemplos de los dos casos típicos en los que los menores de edad aparecen relacionados con las armas. Por un lado, la comisión de delitos; por el otro, la presencia de un arma en la casa.

Del robo al “Centro de Contención”

Con 15 años, proveniente de una familia con muchos integrantes que tuvieron conflictos con la ley penal, habitante de un barrio donde el Estado sólo llega con uniforme, el lunes por la tarde, diez días después fue detenido en su casa y trasladado al Centro de Contención para menores inimputables Agustín Gambier, ubicado en la ciudad de La Plata, un sitio conocido no precisamente por mejorar las condiciones en las que llegan sus “huéspedes”.

El sábado 14 por la tarde, el adolescente ingresó al autoservicio denominado “El Pino III”, ubicado en Saavedra y Las Provincias, amedrentó a la cajera con un arma de fuego y se llevó el dinero de la recaudación.

Ese día lo identificaron, allanaron su casa y lo aprehendieron. Como todavía no tiene 16 años y no tiene responsabilidad penal sobre sus actos, fue liberado y entregado a sus padres.

A las pocas horas lo aprehendieron otra vez, por amenazar con un arma de fuego a quienes lo denunciaron. En esa oportunidad también lo habían liberado.

En las redes sociales, el joven publicó imágenes suyas con el dinero del robo en la mano, como quien celebra el botín obtenido, entre comentarios de burla hacia las víctimas.

Armado a la escuela

El viernes de la semana pasada, las autoridades de la escuela 4 llamaron a la policía porque uno de los alumnos les dijo que un compañerito suyo, de 12 años, tenía un arma de fuego en la mochila.

Los efectivos llegaron en patrullero y trasladaron al chico a la dependencia policial, donde lo registraron y establecieron que, en efecto, había concurrido armado al establecimiento escolar.

En su mochila tenía un revólver calibre 22 largo y un “cuchillo tipo casero de mango de madera”, según informaron las autoridades policiales. La Justicia de Responsabilidad Penal Juvenil tomó intervención y dispuso la entrega del niño a sus padres, previo secuestro de las armas que llevaba.

“La vicedirectora toma conocimiento por parte de uno de los alumnos, enseguida se aparta la mochila y se llama la policía. Lo único que hace la escuela es dar aviso según el protocolo. No sabemos los calibres, si está cargada, no sabemos, no lo podemos determinar”, informó el sábado la jefa distrital de Educación, Eleonora Taurizano.

La funcionaria explicó que el protocolo les indica que deben “apartar al niño para que tenga un lugar aparte con el equipo de orientación” y que “no hace falta” “avisarles en ese momento” al resto de las familias de la comunidad educativa. Muchas madres se enteraron de lo sucedido cuando fueron a buscar a sus hijos, al final de la jornada escolar.

En la situación intervinieron inspectoras de Primaria que acompañaron al chico hasta el hospital y su madre se hizo presente momentos después. “Ahora tenemos que informar al Ministerio y decidir cómo tratarlo con los chicos y la familia”, explicó Taurizano.

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