Caso Fernández: analizan la intromisión de terceros
A una semana del asesinato de Gustavo Fernández, hay una persona detenida y serias sospechas sobre un efectivo policial y un miembro de una organización social que habrían incidido en la investigación de la causa.
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Aunque resta puntualizar dentro de qué contexto tuvieron participación, a una semana del homicidio de Gustavo Daniel Fernández, de 48 años, el propio Fiscal Marcelo Manso confirmó que en su declaración uno de los involucrados en el hecho aseguró que un representante de una organización intermedia le avisó que le iban a allanar la casa. No es un dato menor, y aunque no haya torcido la investigación, es una situación que reviste características graves, en caso de comprobarse.
El otro dato fue confirmado por la propia familia a La Opinión e involucra directamente a un efectivo de la policía Bonaerense, quien habría tenido contacto con los sospechosos. Ello también fue confirmado por las propias autoridades policiales, aunque por el momento se ignora si el Fiscal tomó cartas en el asunto o aún restan sumar detalles.
Más halla de estas situaciones, la tarea del Dr. Marcelo Manso y los efectivos policiales fue encomiable y en menos de veinticuatro horas de sucedido el homicidio ya tenían datos precisos y tres involucrados.
Fue así que en horas del mediodía lograron detener a Aníbal Nicolás Olguín, de 26 años. El joven se hallaba en una cabina telefónica de la Terminal de ómnibus, haciendo tiempo hasta que llegara un micro de larga distancia para regresar a su ciudad natal.
El acusado es oriundo de la localidad de Roldán, Departamento de San Lorenzo, Santa Fe, y hacía poco tiempo estaba viviendo en la ciudad. Cuenta con antecedentes penales y hacía un mes había cumplido una condena por robo calificado.
Durante las primeras horas de investigación fueron aprehendidas otras dos personas, pero tras prestar declaración y participar de una rueda de reconocimiento, quedaron en libertad al no ser reconocido por los testigos.
De todos modos, otros siete reconocimientos efectuados luego arrojaron resultados positivos para con Olguín, quien además fue sindicado como uno de los que luego del homicidio de Fernández robó un kiosco a la vuelta de la casa, en 11 de Septiembre y Casella. Además, en el momento de detenerlo en la Terminal, se le secuestró un celular similar al sustraído la noche anterior.
Para los investigadores, el único detenido tuvo participación directa en el hecho. Ahora resta establecer qué grado porque, según establecieron las autoridades, fueron dos las personas que se llegaron hasta la esquina de Nieto de Torres y Bottaro. Incluso no se descarta que el propio Olguín en compañía de otro sean los protagonistas de una seguidilla de robos calificados a distintos comercios del radio urbano de la ciudad.
Una familia destrozada
Gustavo Fernández vivía en Puerto Madryn desde hace unos 25 años y actualmente trabajaba en una cantera. Estaba casado con Rosalía Vulcano, con quien había tenido tres hijos: Lucas de 27, Alejandra de 22 y José Manuel de 18. Como hacía cuatro años que no veía a su familia, decidió pasar el día del padre en San Pedro junto a su papá Arnaldo, y sus hermanos Cristina, Griselda y Patricia.
El día de la tragedia se hallaba en la casa de sus suegros acompañado por su esposa, sentado frente al televisor y aguardando que regresara su nuera, quien había ido a llevar unos números de la quiniela.
El destino quiso que él fuera a atender el llamado a la puerta y que atendiera por la ventanilla. Del otro lado se encontraba una persona de sexo masculino quien de inmediato metió su mano por la pequeña abertura, insultando y gritando: “¡Abrime, hijo de puta! ¡Abrime y dame la plata!”. Fernández retrocedió y gritando “¡Me tira! ¡Me tira!”, se dio vuelta e intentó arrojarse al suelo, pero allí fue cuando lo alcanzó el disparo del delincuente. La bala ingresó por la espalda, dio en una costilla y se desvió directo al corazón.
