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jueves, mayo 13, 2021

Caso AgustIn La historia más perversa e inesperada

El sábado 3 de octubre comenzó a moldearse uno de los casos más aberrantes que se hayan perpetrado en la ciudad. Pasaron cuatro días hasta que Gabriela López se quebró y contó los pormenores de un filicidio que ideó como perfecto pero que su propia conciencia traicionó.

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Nadie hubiese imaginado que detrás de esa mujer visiblemente arrepentida, tímida y que hablaba hasta con vergüenza se escondía una de las páginas más aberrantes y trágicas de la historia policial de la ciudad, que supera incluso en sus características a los casos “Carolina Ayelén” y “Brisa J.”.
Durante seis días Gabriela López ocultó una trama siniestra que “supuestamente” ella sola ideó y pergeñó hasta que su propia conciencia y desesperación la traicionaron. Mientras tanto, modeló una situación que fue ganando en interés hasta alcanzar una trascendencia inesperada, lo que quizás también influyó para que su mentira estallara y pusiera patas arriba una causa judicial plagada de irregularidades y falta de voluntad investigativa.
El sábado 3 de Octubre, Gerardo Sobrino se presentó en el destacamento policial de Santa Lucía asegurando que su ex pareja, Gabriela López (39 años), había hecho desaparecer un bebé que supuestamente era el producto de una relación sentimental entre ambos, pero que habría concluido en Diciembre del año pasado.
En el primer contacto con la policía, la mujer relató que el niño había quedado en poder de su padre, pero a los pocos minutos cambió de versión y relató pormenorizadamente cómo le había entregado el bebé de tres días a una mujer de unos 40 años, flaca y morocha, que conoció unos cinco meses atrás en las puertas de la Casa del Niño.
Al día siguiente se presentó junto a su hermano Walter en las oficinas de La Opinión, y comenzó a utilizar el medio para intentar recuperar a su bebé.
Llamativamente, había asegurado que durante todos estos meses guardó el papelito en donde habría anotado el número de celular de esa señora, pero el mismo día en que la llamó lo perdió. Además insistía en el absurdo de haber borrado del registro de llamadas de su celular, en donde debería figurar el número de esa supuesta apropiadora. Las sospechas crecieron aún más cuando se pudo comprobar a través del sistema 611 de la empresa Claro que ese llamado nunca existió.
Así fueron transcurriendo los días, con Gabriela López repitiendo la misma historia y todo un país buscando al pequeño Agustín. Las fotos del bebé y las del identikit descripto por la mujer comenzaron a observarse en distintos lugares y hasta los principales medios de prensa de la Argentina llegaron a San Pedro y Santa Lucía para contar lo que estaba sucediendo. Las dudas estuvieron siempre latentes, pero nadie imaginó que la historia tejida por López se desmoronaría abruptamente y con un final digno de horror.

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Una vida normal
“Los López” componen una tradicional familia de campo, que se acuesta ni bien se esconde el sol y se levanta con el primer haz de luz. Ignacio López de 70 años y su señora Ester de 62 son oriundos de Pérez Millán. Los caminos de la vida los llevaron a vivir en Cañuelas, en donde comenzaron a trabajar con la familia Videla Escalada y desde hace tres décadas lo hacen en la estancia El Descanso, propiedad de la misma familia.
Como producto de esa unión entre don Ignacio y María Elena, nació Walter de 45 años (ex jugador de fútbol en Juventud de San Martín, Independencia y Mitre, entre otros), Gabriela de 39 y Ricardo de 33 años, quien actualmente vive en Saladillo.
Gabriela llevó una vida normal, a los 15 años conoció a un joven vecino de 17 y tras cuatro años de noviazgo, a los 19, quedó embarazada. Allí se produjo una ruptura y sola le hizo frente a la situación, así nació su hija Sabrina López.
Más tarde comenzó a trabajar como cocinera en el casco de la estancia, donde concurría diariamente desde las 8.00 de la mañana hasta el mediodía, y desde las 15.00 hasta las 19.00 ó 20.00. Mientras tanto, los fines de semana salía con sus amigas, iba a Santa Lucía o venía a San Pedro y, según cuentan sus padres, nunca le conocieron muchos novios. “Sobrino vino dos veces a buscarla acá (a la estancia), porque aparentemente no andaba bien y él quería hablar, pero nada más. Nosotros le preguntábamos a ella pero no contaba mucho. Lo hacíamos para saber con quien salía o en qué andaba”, dijo su padre, Ignacio.

Un día decisivo
Sin dudas, todo lo acontecido el miércoles 7 fue fundamental en toda esta historia. La jornada amaneció con una noticia alentadora. En las puertas del hogar El Amanecer de San Nicolás habían abandonado un bebé recién nacido. Esa misma mañana, Gabriela López, sus hermanos, los padres y la Dra. Mirta Cardoso se dirigieron por iniciativa propia a la vecina ciudad para corroborar si se trataba del pequeño Agustín.
Tras la intervención de la Fiscal que investigaba la aparición del bebé nicoleño, Dra. Helena Terreno, el pastor De Felipe recibió a López y Cardoso en el hogar de menores, y por el término de veinte minutos permitieron que la mujer pudiese observar al niño. Las expectativas eran grandes, pues al medir el piecito con la huella marcada en la libreta sanitaria existían coincidencias, aunque la propia Gabriela López aseguró que lo vio algo flaco como para que sea Agustín. Esa misma tarde, y aprovechando su estadía en San Nicolás, la mujer recorrió distintas dependencias efectuando trámites y exámenes. Visitó la fiscalía de la Dra. Terreno y Policía Científica, entre otras carteras provinciales, siempre con su postura tímida y por momentos risueña, como si no despertara de todo lo que le estaba pasando. Mientras tanto, las preguntas de su entorno se repetían: “Gabriela, si estás mintiendo, decí la verdad”, algunos de sus seres queridos ya comenzaban a mirarla de reojo, algo no cerraba en la fría historia relatada por una madre que supuestamente luchaba por recuperar a su niño.
Su hermano Walter fue quien más charló durante todos estos días, fue el que relató que ese mismo miércoles volvió a preguntarle a Gabriela sobre suposiciones: “Esa noche, antes de llegar a lo de la madre de mi cuñada, le dije que me contara si había algo más. Ella lo pensó y me miró, y allí comenzó a hacerme dudar, como que algo más tenía para contar”, relató Walter.
Ignacio, su papá, también la interpeló una vez en la casa del paraje El Descanso: “Cuando llegó a la casa, fui a su pieza y le dije: ‘Gabriela, tenés que contar la verdad si es que pasó algo más. Todos estamos con vos, pero si sabés algo más, tenés que decirlo’. Levantó la vista y me dijo que no, y repitió la misma historia que venía contando durante toda la semana”, narró el agobiado abuelo de Agustín a pocas horas de conocerse el trágico desenlace ante dos periodistas de La Opinión.
Esa misma noche se había reencontrado con Gerardo Sobrino, el supuesto padre, quien se prestó a una nota televisiva para Canal 13. La ex pareja de Gabriela relató que desde la última Navidad no la había vuelto a ver. “El sábado, tipo 8 u 8.30 de la mañana, recibo un mensaje de texto de Sabrina, donde me decía si podía llamar a su mamá. La llamo, le pregunto cómo anda y allí me cuenta que había nacido el bebé. No puedo confiar en ella. Si después de casi un año yo nunca me enteré del embarazo, no puedo confiar. Estoy muy preocupado y, sea o no sea mi hijo, yo quiero que aparezca”, dijo Sobrino esa noche ante las cámaras.
“Como yo estaba en la isla porque había llevado gente a pescar no pude ir enseguida. Entonces, a la tarde, ni bien vuelvo, me afeito, me baño y tipo 19.30 me voy para la clínica. Pregunto y me dicen que ya se había ido. Voy hasta la terminal y no la encuentro, entonces la llamo y me dice que iba en viaje, pero que no me hiciera problema que ya había solucionado todo, que hiciera de cuenta que no había pasado nada. En ese momento es cuando decido presentarme en la policía y hacer la denuncia”, detalló quien sería el padre del pequeño.
Mientras tanto, su madre Ester grabó en su memoria algo que jamás podrá olvidar: “Sucedió algo que jamás olvidaré. Ese jueves a la mañana ella se fue con algo en la cabeza porque cuando se iba y estaba en la puerta, miró para atrás y me dijo: ‘Cuidá al chiquito’, y yo le respondí: ‘¿Qué chiquito?’ Y ella me dijo: ‘No, nada, no me hagas caso’. Pegó media vuelta y se fue”, dijo la acongojada madre.

El otro identikit
A esta altura de las circunstancias, la Justicia había dejado escapar varios detalles. Ese mismo miércoles, ya de regreso en la ciudad, la Dra. Cardoso, la abogada que trabajó de oficio con el solo compromiso de encontrar a Agustín, adoptó una medida por demás de curiosa pero quizás eficaz.
La letrada decidió mandar a hacer una fotocopia de la foto del DNI de Gabriela López. Mientras tanto, tomó una lapicera negra y comenzó a dibujarle flequillo y pelo largo al identikit que la propia madre había dictado ante el efectivo de Policía Científica, quien además le había colocado un número 90 sobre uno de sus laterales.
Una vez conseguida la fotocopia, la Dra. Cardoso sentó en su escritorio a Gabriela López, puso a la par el identikit reformado por ella y la fotocopia del documento. Levantó la vista y clavándole los ojos a la mujer le dijo: “Gabriela, te dibujaste a vos misma; esta sos vos”. Entre el dibujo y la fotocopia había mucha similitud y la escalofriante pregunta de la abogada provocó un profundo silencio que duró unos segundos, hasta que Gabriela respondió: “¡No! Para nada Mirta, ¿cómo me voy a dibujar yo misma?”. Ese número “90” que el policía había colocado sobre la lámina descripta por la mujer señalaba en porcentaje la similitud que había con la realidad, con la cara de la supuesta mujer que solo Gabriela había visto, o mejor dicho, imaginado.

“¡Yo lo maté!”
Nadie imaginó que durante la noche del miércoles Gabriela analizó qué hacer. Evidentemente, comenzó a darse cuenta de que su coartada convencía cada vez menos y que era hora de contar la verdad. A la mañana siguiente (el jueves), mientras se aprestaba a viajar a San Nicolás, en donde se realizaría el ADN junto a Gerardo Sobrino para compararlo con el bebé aparecido en esa localidad, la historia dio un giro, quizás esperado pero jamás imaginado por su perversidad.
Sentada en la oficina de la Dra. Mirta Cardoso y ante la presencia de al menos cinco personas que habían colaborado con la búsqueda durante todos esos días, Gabriela se quebró: “¡Yo lo maté!”, exclamó. “XX me lo quería sacar”, dijo en clara alusión a un conocido profesional. “Me amenazó, y como yo no quería dárselo porque él es poderoso, me lo llevé para que estuviera conmigo y lo enterré en mi casa”, aseguró en medio de una crisis de llanto, arrodillada y a punto de desvanecerse. “Lo asfixié, lo metí adentro del bolso y le puse la mantita arriba. Me fui a mi casa y esperé que todos se durmieran. Cuando todos dormían me levanté y lo enterré en el patio, debajo de un árbol”, relató Gabriela López.
De inmediato se constituyeron en el lugar personal de la policía local y DDI, y aprehendieron a la mujer quien fue trasladada a la Comisaría, más tarde, tras descompensarse, fue alojada en la habitación Nº 6 del Hospital local donde fue atendida por distintos profesionales, entre ellos un médico psiquiatra.
Un día después se confirmó que la mujer había intentado quitarse la vida colocándose una bolsa sobre la cabeza, también trascendió (aunque no fue confirmado) que anteayer volvió a intentarlo.

Hallazgo macabro
Aproximadamente desde las 09.00, los medios LOCALES que cubrieron el caso asumieron la responsabilidad de preservar la noticia hasta que actuara la Justicia, por pedido expreso de las autoridades sampedrinas, más allá de que la versión había sido divulgada sin certeza alguna por medios de la zona.
Después de cinco horas de espera en la Estancia El Descando, donde se habían constituido personal policial, Bomberos, médico y personal de Policía Científica, cerca de las 15.30, la Dra. Franca Padulo, Fiscal de la causa, ingresó al sector donde vive la familia López. Previamente se encargó de impartir medidas contra la prensa, haciendo que los trabajadores de la información aguarden a unos 2.000 metros del lugar, cuando prácticamente todo el caso había sido seguido, acompañado e investigado por los periodistas, ante la pasividad de la “Justicia”, que ofreció ventajas de todo tipo para la adulteración de pruebas, toma de medidas y elaboración de coartadas. Según reconoció el jueves por la mañana la propia Fiscal Padulo, recién el lunes siguiente a la desaparición del bebé tomó cuentas del asunto.
De inmediato, y ante la presencia de dos testigos –uno de ellos la propia cuñada de Gabriela López y el otro un conocido secretario de un estudio jurídico que “curiosamente” arribó en su vehículo particular trasladando a un grupo de policías– comenzaron las tareas de rastrillaje. La búsqueda del lugar en donde supuestamente Gabriela enterró el cuerpo no duró mucho ya que rápidamente se lo encontró. A unos 40 metros de donde se emplaza la casa de la familia López, detrás de unos chiqueros y gallineros, en medio de una pequeña zona boscosa y a 40 centímetros de profundidad se descubrió el mismo bolso azul con el que Gabriela había estado en la clínica y regresado a la casa. Dentro se halló una bolsa de la firma LaveRap, en donde Gabriela había hecho lavar ropa el mismo sábado, y otra de nylon negra, en cuyo interior se encontró el cuerpo del desafortunado bebé. Además se halló la ropita del niño y la mamadera. El Dr. José Dubini, a cargo de la abducción, confirmó que Agustín falleció como consecuencia de asfixia por sofocación. Reveló además que se encontró contenido gástrico en vía aérea, porque antes había sido amamantado con leche materna, pero no pudo establecerse el horario y día específico del deceso.
Para angustia y dolor de todos, el cuerpo de Agustín delataba a su asesina y encubría una historia que aún nadie se atreve a desentrañar.

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