Casa Bianchi: Tubos fluorescentes, estufas y política
Susana nació entre tulipas y arañas. Su padre, Andrés Clemente, era el propietario de Casa Bianchi, la primera casa de electricidad de la ciudad.
En 1926 la familia Bianchi puso el primer local en Pellegrini y Ruíz Moreno, y luego pudo comprar un salón mas amplio y céntrico en Mitre al 800.
Don Bianchi fue un adelantado. Prolijamente había acomodado en las estanterías toda la variedad de lámparas y tulipas. Las estufas ocupaban un lugar destacado porque habían empezado a ser furor. Pero eran caras. No todos podían comprarlas. Susana recuerda que los clientes de su padre eran vecinos con un poder adquisitivo respetable.
La novedad para la ciudad llegó cuando expuso para la venta la primera cocina Volcán a gas, de kerosene y el modelo posterior que fue a serpentina. Todos querían verla, pero muy pocos podían comprarla.
Antes de que Susana naciera, su padre fue el responsable del primer cine: “Se llamaba Arco Iris y es el único dato que tengo”, nos aclara.
Mirando las fotos, Susana nos muestra el lugar donde su padre guardaba las agujas para los faroles “Sol de noche”, las radios a batería y los tarros de pinturas. “Mi papá entendía mucho de electricidad y fue el primero en traer muchas cosas, por ejemplo la luz flourescente para los comercios”, recuerda. Susana pasaba horas jugando en el negocio de su papá y tal vez por eso, se acuerda que los clientes que siempre frecuentaban el local eran Gomila, Rosi, Beladrich y mucha gente del campo.
Todo lo nuevo que podía vender, Don Bianchi lo probaba antes en su casa: “Los primeros ventiladores que trajo aún los conservo en un galpón en el fondo de mi casa. Hay de todo”, señala Susana.
Habla de la casa donde se crió y se acuerda de su mamá, Catalina Calzado, quien se dedicó a la docencia, sobre todo en las escuelas de campo. Susana cuenta que cuando tenía seis años a su mamá la despidieron de una escuela de la ciudad porque no quiso firmar papeles que iban en contra de sus convicciones políticas. Desde ese entonces siempre viajó al campo: “Hasta se compró un auto y puso chofer para poder ir a dar clases, cosa que hoy un maestro con dos o tres sueldos no podría hacer”.
Su papá fue militante radical toda la vida y fiel a sus convicciones se alejó de la municipalidad cuando Perón se hizo cargo de la presidencia del país. Tenía a su cargo inspeccionar las instalaciones eléctricas de casas y comercios. Pese a los reiterados pedidos para que trabajara, nunca lo hizo mientras Perón estuvo en el gobierno.
Susana recuerda cómo un día su padre, en un tono amable, pidió que se retiraran de la casa de electricidad dos señores que querían su publicidad en una revista que compilaría los planes quinquenales.
Con los ingresos colaboró para que su hijo Juan Angel pudiera continuar los estudios en el liceo Militar al que quiso entrar. Susana, durante 35 años, siguió los pasos de su mamá con la docencia, y luego los de su padre en el comercio. Desde 1990 atiende una mercería en uno de los locales en que se subdividió la casa de electricidad más famosa de la ciudad.

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