Carta de un radical
Soy Radical. Quiero aclararlo porque para mi serlo es una cuestión de orgullo. Los que me conocen y me han preguntado de que partido soy siempre he respondido lo mismo. Me sentí orgulloso de mi partido cuando sacamos los 700 votos y todos se burlaban por dicho resultado. Pero parece que aquellos a quienes apoyé con mi voto radical hoy se retiran del partido para formar otro. Y no sólo eso: se abrazan con el peronismo sin sonrojarse. Los he visto hablar de Illia, de Alfonsín, de Hipólito Yrigoyen. Palabras falsas que ocultaban la traición y la mentira. Nunca fueron radicales, fueron personas que mientras el partido era una clara opción de poder, se quedaban para mantener sus privilegios. Asisto a un recambio en el partido, no sin ponerme triste porque creí que en algún Ateneo había verdaderos radicales, que en la intendencia había un radical y no un hombre que se autoidolatra, que nuestros concejales nos iban a apoyar en este momento difícil, que iban a pensar en el partido antes que en ellos. Falsos predicadores de 5 pesos, borocotistas que se pelean por las migas que les tira el Intendente; gente sin principios ni moral que ocupan lugares radicales. Mi partido sabrá como seguir. Ellos, que ahora ni partido tienen, quedarán en el olvido, en el recuerdo de que fueron unos viles traidores a las ideas supremas del Partido Radical. Diego Aguado

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