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Mi abuelo antes de cada elección recordaba sus épocas de militante, decía con nostalgia que era un orgullo cuando el partido te elegía y designaba como fiscal. Era una honra representar a sus ideales, defender los votos, ser elegido y, por supuesto, ir ad honorem.
El Estado nacional, resignado ya hace años, decidió empezar a pagar a las autoridades porque ya nadie iba voluntariamente, de hecho, en estas elecciones en la ciudad se pudo ver como varias mesas ante la ausencia de su presidente, su vice y la inacción de las fuerzas de seguridad, fueron abiertas con fiscales partidarios cumpliendo el rol de autoridad, cómo en mi caso. Pero vamos por parte: ¿cómo llego a ser fiscal?
Un miembro de la lista del partido oficialista me contactó para fiscalizar. Me comentó que cada uno de los integrantes del partido debía llevar voluntarios, pero como eso era casi imposible fuera de los familiares, pagaban. Lo que me enteré después, hablando con otros fiscales de la escuela que me tocó, es que los montos pagados varían, según partido y según cara. Algunos, los de más a la izquierda, dicen que iban gratis, no sé si por convicción o por falta de recursos, pero iban gratis; después había de todo, desde $ 600 hasta $ 1.500 por día de trabajo.
Una vez contactado, me dijeron que tenía que asistir a una capacitación, que en mi caso fue en la sede de la Unión Cívica Radical. Comentaron que había varios horarios y días, principalmente porque los que trabajamos no podíamos en horarios de la mañana. Ahí nos esperaban unas buenas medialunas, galletitas y saquitos de té, café y, por supuesto, mate. Tomaron asistencia, firmabas y con eso garantizabas tu lugar. Explicaban de qué iban las elecciones, cómo es la tarea de un fiscal, como debíamos “cuidar” los votos y defender a rajatabla cada discusión posible sobre un voto que nos quisieran anular. Era la charla básica, casi como si nunca hubiéramos votado. Al finalizar, nos dijeron que nos esperaban el domingo, a las 07.00, para desayunar, ese día, en el Centro Cosmopolita, para luego ser distribuidos en vehículos, los mismos que después llevarían gente a votar, por $ 1.000 más el combustible.
El día fue muy desorganizado, tanto que varias mesas tardaron casi una hora en abrir y, como decía antes, en mi caso debí ser presidente de mi mesa, así que comí doble: la escasa caja que enviaron desde el Estado para todo el día y la vianda que envió el partido, que, más atento, tenía algo para el almuerzo y unas galletitas para la tarde, con dos gaseosas de primera marca de 600 ml.
El conteo se hizo largo y cerramos tarde, casi a las 21.00 estábamos para volver, pero como en la sede de Miguel Porta al 700 ya estaban los medios y los que iban a festejar, nos pidieron que hagamos la fila para cobrar cerca, en la cocina de la casa de la exsecretaria de Desarrollo Humano Marta Perret. Ahí, finalmente, cada uno, contra entrega de las planillas que acreditaban nuestro trabajo, recibió de mano de un familiar de un importantísimo funcionario dos billetes de $ 500, y no los $ 200 extra de la capacitación que prometieron, ni el posible adicional si se sumaba buena cantidad de votos.
En definitiva, en el 2017 fiscalizar se volvió una buena changa.
* La Opinión y Sin Galera brindaron el domingo una cobertura especial bajo la consigna #EleccionesSinPalabras. Entre otros trabajos dispuso solicitar varios fiscales partidarios para que relaten su experiencia sin saber que esa persona finalmente sería designada autoridad de mesa y, también, sin certificar si además de la paga por su trabajo partidario recibirá la remuneración del Estado nacional.
El costo de la elección
Los partidos o frentes con mayor poder económico recurrieron a estrategias de comunicación con simulación de poca inversión. La realidad mostró lo contrario y los costos operativos que se destinaron sólo para la jornada del domingo hablan de un piso de 150.000 pesos para sostener fiscales, otro tanto para el pago de combustible de vehículos y una proporción de dos viandas a un costo de 100 pesos cada una en las 148 mesas para cada fiscal. Tomando como base las seis agrupaciones con más movimiento el cálculo es sencillo.
El oficialismo pudo utilizar la maquinaria del estado y logró exhibir por primera vez en años obras concretas finalizadas y en marcha que reconocieron la gestión del Intendente. De hecho, una gran porción del electorado evaluó que se ponía en juego su gestión. La oposición recurrió a todo tipo de estrategias con la intención de llegar al público masivo pero se notó la diferencia con otras campañas. “Invertimos más en todo el aparato que hay que montar que en lo que esperaban los ciudadanos”, dijo con una mano en el bolsillo un veterano de las lides electorales que cotizó entre 800 y 1000, el monto de recompensa para los fiscales.
Sobre los últimos días tanto en provincia como en nación los jefes de campaña se vieron obligados a volver al ruedo de los medios de comunicación con entrevistas a los principales referentes de los espacios. Habían perdido el paso con timbreos, actos, visitas y redes sociales. La participación de María Eugenia Vidal en radios y televisión en todos los horarios fue decisiva para sostener el resultado, algo que Elisa Carrió en Capital Federal hizo desde el día del lanzamiento de su candidatura: ir a los medios, responder a los periodistas y disciplinarse un poco con el cabello y la ropa.
Massa y Stolbizer son los que más presencia mediática tuvieron hasta la última semana, mientras que Cristina Fernández de Kirchner bajó el perfil para transitar un cara a cara en distintos lugares del conurbano.
Los fondos de campaña siguen siendo un misterio y un desafío para quien pretenda reforzar con transparencia las cifras millonarias que se consumen sin control.
