Besos y palabras del Intendente ante el Concejo
Pablo Guacone dio inicio a las sesiones ordinarias del Concejo Deliberante. Repasó la gestión Barbieri de 2009 y brindó detalles de lo que será su primer año de gobierno. Pocas novedades para su primera apertura frente a los ediles, a quienes saludó personalmente con un beso.
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El jueves pasado, poco después de las 10.00 de la mañana, el Presidente del Concejo Deliberante Sergio Rosa abrió el período de sesiones ordinarias del cuerpo para el ciclo 2010.
El Intendente Pablo Guacone brindó su primer discurso de estas características desde que asumió los destinos de la ciudad el pasado 10 de diciembre. El texto que leyó no ofreció demasiadas diferencias respecto del que tuvo lugar en esa fecha, cuando Mario Barbieri traspasó el mando al ahora ex Concejal.
Tras saludar personalmente a cada uno de los ediles, acercándose al estrado y con un beso –recomendación proveniente de su afición al “coaching ontológico–, Guacone inició la pieza oratoria disculpándose por romper el protocolo: “Tuve el sentimiento de saludarlos a todos”, dijo antes de comenzar la lectura. Algunos apenas le ofrecieron la mejilla, con desgano, pero comienza a marcar un estilo propio y a generar expectativas respecto del manejo de su gabinete aplicando nuevas técnicas de persuasión.
El Intendente repasó los caminos institucionales que lo llevaron a ocupar el máximo cargo de la ciudad, que calificó como “la más alta responsabilidad a la que puede aspirar un hombre en su pueblo”.
Sabedor de cierto escepticismo sobre su gestión desde que Babieri anunció que renunciaba a la intendencia para ir al Congreso, Guacone se refirió a “los mecanismos democráticos que hacen al funcionamiento de las instituciones”, explicando cómo ello lo llevó a donde hoy se encuentra, tras el fallecimiento de Hugo Salviolo, primero en la línea sucesoria. “Debí asumir sabiendo que no fui elegido para esta responsabilidad, lo que algunos pueden considerar una debilidad, pero tengo confianza y el apoyo incondicional de Mario”, aseguró.
Sobre el fallecido Secretario de Economía y Hacienda, dijo: “Un amigo de todos nosotros, que no creo exagerar si digo que dejó su vida en el Municipio”. El texto esperaba un aplauso que tuvo que pedir el orador.
Con la necesidad de que quedara claro su lugar al frente del Ejecutivo y las condiciones que lo llevaron allí, exhortó a la población a “comprender el entramado de sus instituciones y la fortaleza de sus reglas. Se encarna en mí la posibilidad que la democracia nos da a cada uno, la de elegir y ser elegido”.
Año complicado para las finanzas
Guacone brindó un detalle de las acciones de gobierno de 2009, tal como lo hizo durante su discurso en diciembre. Pasó por las áreas más sensibles y ofreció algunos datos que ameritan el análisis.
Cuando refirió los números de la economía local, habló de un déficit de dos millones cien mil pesos en el presupuesto del año pasado, una situación que hacía muchos años no vivía la ciudad, que ostentó superávit durante los ejercicios barbieristas.
Lo atribuyó a la “compleja situación económica” que se vive. 2009 no sólo fue el año de la crisis internacional, sino también un duro año electoral que obligó a la ejecución de obras y acciones de gobierno que pudieran dar resultados en las urnas.
La influencia fundamental del desequilibrio financiero está ligado a los fondos coparticipables que la Provincia giró a cuentagotas, teniendo en cuenta su propia mala administración que batió récords deficitarios en la historia provincial, con cerca de diez mil millones en baja.
Guacone aseguró en su discurso que el Gobierno provincial envió tres millones de pesos menos de lo previsto por coparticipación.
El agujero presupuestario fue “absorbido por los resultados acumulados durante ejercicios anteriores”, ya que la recaudación sobre las tasas y derechos municipales no pasó de un 8 por ciento de aumento respecto de las provisiones, número igual que las erogaciones, que superaron lo previsto.
Así, el jefe comunal habló de “prudencia y mesura para superar la crisis actual” y de “redoblar la responsabilidad, racionalizar las erogaciones, profundizar los análisis en la búsqueda de ahorro”, lo que invita a esperar posibles medidas de ajuste, aun cuando señaló que seguirán “tendiendo a mejorar las prestaciones del Municipio, atender las necesidades básicas en salud, seguridad y apoyo a las personas en situación de debilidad social”.
Una de las medidas en las que confían cerca del Intendente para afrontar un complicado año en materia económica es el seguimiento de deudas que lleva adelante la Dirección de Rentas, que a lo largo de 2009 realizó cinco mil intimaciones extrajudiciales y formalizó 3.215 planes de facilidades de pagos, “recuperando más de dos millones de pesos”, según expuso el Guacone, quien prometió “mayor control sobre la morosidad”.
En San Pedro, sólo el 58 por ciento paga la tasa de Alumbrado, barrido y limpieza; el 65 por ciento la de Servicios Sanitarios; y el 67 por ciento la de Seguridad e Higiene. Trabajar para que esos porcentuales aumenten de manera significativa parecen caminos más imperiosos que continuar las vías judiciales.
Las obras de siempre
Quienes trabajaron en la redacción del discurso que leyó Pablo Guacone pidieron a todas las áreas números y acciones para exhibir. En el caso de la Secretaría de Obras Públicas, su gestión es para cualquier gobierno un elemento importante a la hora de “vender” lo hecho y lo por hacer.
De tanto hacerlo, el gobierno municipal aparece repetitivo en la publicidad de las acciones emprendidas por la cartera que dirige Pablo Zeme. Si bien es cierto que muchas de las ejecuciones dependen de promesas inconclusas por parte de los gobiernos nacional y provincial, también lo es que el detalle de obras que Guacone enumeró en su discurso sonaron a canción repetida.
Barbieri se fue dejando la sanción de una ordenanza que habilitó al Municipio a contraer créditos para obras. La Opinión publicó en detalle el expediente enviado por el Ejecutivo, lo aprobado por el Concejo, la repetición de esas obras en la asunción de Guacone, las firmas de convenios particulares, etc.
El jueves, los sampedrinos pudieron repasarlas otra vez. Las reclamadas obras de pavimentación y carpetas asfálticas; el tantas veces prometido gas para Santa Lucía –“Me lo aseguraron, pero con lo desconfiado que soy no lo voy a creer hasta que no esté la primera palada de tierra”, dijo.
Un poco nervioso
Ayer viajó a La Plata a firmar un convenio con el Ministerio de Infraestructura para la renovación de 180 cuadras de carpetas asfálticas. Lo anunció como “un paréntesis” en la lectura del texto de su discurso, y se notó.
Los nervios complican la oratoria del Jefe Comunal, que mientras fue Concejal no tuvo muchas intervenciones en el recinto. Se trabó varias veces en la lectura y al retirarse volvió al micrófono porque se había olvidado de saludar a Barbieri: “Mario, me olvidé de vos, disculpame”.
No le salió la palabra “realizaremos”, bufó y dijo: “Los nervios me juegan una mala pasada”, como en otros discursos que leyó y, claro, no escribió.
“Hemos recorrido una parte importante del camino trazado, pero hay más para hacer, el desafío es el sendero hacia el futuro, que se alarga cuando creemos alcanzarlo”, finalizó Guacone.
Justo en Semana Santa
La apertura de sesiones tuvo lugar el Jueves Santo, día feriado para la administración pública.
El fin de semana largo encuentra a muchos disfrutando de una minivacaciones, como a los presidentes de los dos bloques mayoritarios en el Concejo Deliberante, Margarita Frisch y Daniel Monfasani, quienes pidieron licencia y no estuvieron presentes en el acto.
En su lugar, ocuparon las bancas Estela Fernández por Monfasani, y Miguel Barceló por Frisch.
Otras ausencias importantes fueron los jefes de las fuerzas de seguridad locales, a quienes les giraron invitaciones especiales. Prefectura y Policía no fueron de la partida, sí lo hicieron los bomberos voluntarios.
El clima era propicio para ropa de media estación. Del lado oficialista todos vistieron traje negro y corbata, a excepción de Velo y Mitelski, que vistieron traje a rayas y Yunes, que estuvo de gris.
Del lado peronista, Artenzio y Suárez no usaron corbata; Matías Monfasani vistió traje té con leche y zapatillas; Carlos Casini estuvo de gris claro; y Damián Mosquera fue de jean marrón y camisa blanca a cuadros. Diversidad, que le dicen.
