Beladrich cambia de manos
Desde el 1 de febrero, Marcelo Facio deja la administración del mítico almacén.
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Tras más de seis años al frente del viejo almacén del paraje, Marcelo Facio tomó la decisión de retornar a la ciudad. No a la gran Capital, desde donde llegó en 2005, sino a San Pedro. Ya jubilado, prefirió retomar el contacto con la vida social tras la grata experiencia en el campo.
Junto a su hijo Marcos, Facio recuperó el lugar y le devolvió parte de la vida que supo tener. Allí, los vecinos y lugareños van a hacer sus compras diarias o semanales, comparten un trago, debaten las noticias de actualidad, juegan al pool y al ping pong. Un cartel en la entrada del almacén da cuentas de que “Emiliano” es el nombre del último “campeón del abierto de la República de Beladrich”. Los propietarios del lugar señalaron a La Opinión que van a jugar “unas ocho, diez personas por noche”.
El 1 de febrero, Facio dejará el negocio al frente de otras personas, que compraron el fondo de comercio. “Pasaron muchas cosas, unas buenas y otras no tanto”, señaló el hombre y aseguró: “Lo importante es haber hecho tantas buenas relaciones con los vecinos”. Ello queda demostrado en la cena de despedida que los habitués del almacén organizan.
“A mí me gusta mucho leer, las actividades culturales, por eso traje películas y esas cosas”, indicó Facio y relató: “Siempre a alguno le hago el chiste de que le dicen Borges, porque está enterrado en Ginebra”. Entre risas, confesó: “A veces se los tengo que explicar, pero nos divertimos”.
Con orgullo, Marcelo Facio muestra la inclusión del almacén Beladrich en el libro “Pulperías”, donde el italiano especialista en gastronomía Pietro Sorba relata su recorrido por almacenes rurales de la provincia.
Una pared del almacén indica que por allí pasó en 1813 el Libertador José de San Martín. La leyenda señala que lo hizo Segundo Ramírez, el hombre que inspiró el Segundo Sombra de Ricardo Güiraldes. Desde el primer día del mes que viene, sin dudas, Beladrich recordará que también pasaron por allí Marcelo Facio y su hijo Marcos, dos porteños de ojos verdes que dejaron la gran ciudad para poner en marcha un proyecto que parecía una locura: la recuperación de un pedazo de historia para que lugareños y turistas pudieran disfrutarlo.
