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Como en cada noche de sábado la multitud comenzó a llegar cerca de la medianoche al tradicional salón de Ayacucho y Combate de Obligado, donde el gimnasio del club Independencia, un lugar emblemático al que los organizadores supieron darle el marco adecuado para que prevalezca por sobre todas las cosas la diversión, alberga cada fin de semana a “30 & Algo”.
Allí, gente de todas las edades concurre para disfrutar de un baile “como los de antes”, con música popular y donde hay lugar para todos, con buenas luces, un esmerado servicio de cantina y las mesas ubicadas alrededor de la pista para que el circuito de los bailarines permita que todos puedan disfrutarlo al compás de las mejores cumbias del momento o las que son una fija en cada baile popular.
El sábado, la noche de fiesta se interrumpió ante un lamentable suceso: un hombre de 65 años se descompensó en la pista y luego falleció.
Una muerte repentina
Nada hacía presagiar que la noche culminaría de repente y de la peor manera. Una hora después de iniciado el baile y cuando la banda tropical oriunda de Junín “Los Gauchos Pachangueros” sonaba en el escenario principal del salón de “La I” e interpretaban su tercer tema, todo se cortó abruptamente.
Tanto los organizadores como los propios músicos detuvieron el baile y dieron lugar a que se pudiera asistir a Mario Rosales, un hombre de 65 años habitué a este tipo de reuniones, quien se descompensó mientras bailaba junto a su pareja.
La tensión se apoderó de los concurrentes, que con incertidumbre observaban cómo se hacían todos los intentos posibles de reanimar al hombre.
Eran alrededor de las 1.30 cuando los médicos del servicio de urgencias Same concurrieron al lugar, lo subieron a una camilla e intentaron reanimarlo en la ambulancia, mientras lo trasladaban a Hospital. Minutos después se confirmó que, en el trayecto hacia el nosocomio, Rosales falleció.
Los concurrentes al baile confiaron que al desafortunado bailarín se lo veía seguido en las reuniones de 30 & Algo, que era una persona muy divertida y que algo había comentado sobre sus antecedentes cardíacos.
Lo acontecido durante la noche entristeció al ambiente festivo del tradicional baile, cuyos organizadores, con buen tino y por respecto a la familia Rosales, decidieron terminar la noche y despedirse hasta el próximo sábado.
Pasadas las 2.10, la gente comenzó a retirarse, tras aguardar más de 40 minutos a la espera del desenlace, para saber si finalmente suspendían la velada o acaso continuaba la fiesta, de acuerdo a lo que dijeran los médicos.
Entre la gran cantidad de personas que salían del club, se la vio a una funcionaria del gobierno de Cecilio Salazar que esa noche también había ido a “tirar unos pasos” al baile que en abril de 2017 había sido clausurado por falta de cumplimiento en el trámite de habilitación.
Los médicos determinaron que la muerte de Rosales se produjo por un paro cardiorrespiratorio no traumático, por lo que Fiscalía decidió no iniciar actuaciones judiciales.
Antecedentes que asustan
Las primeras noticias que comenzaron a trascender alarmaron en principio y por sobre todas las cosas a las autoridades de Independencia Fútbol Club, a quienes sin demasiados detalles todavía se les vino a la cabeza lo sucedido hace varios años y que los tuvo en vilo hasta no hace mucho tiempo.
No existen demasiados antecedentes sobre casos traumáticos dentro de los bailes, pero coincidentemente los más recientes se produjeron en Independencia.
El caso que aún está latente y que involucró al club de la calle Ayacucho sucedió el 9 de julio de 1998. Esa noche, Oscar Leonardo Fernández, apodado “Brea” y hoy detenido acusado de ser parte de la
banda narco del “Bomba” Gallardo, le produjo una herida de arma blanca a Néstor González en uno de los baños. Como consecuencia de este hecho, la víctima sufrió la amputación de sus piernas.
Allí comenzó una batalla legal que prácticamente condenaba al club. Una negociación que llegó a buen puerto hace dos años destrabó el caso y la institución respiró al acordar con la víctima.
De todos modos, y si bien los hechos no fueron cometidos en una entidad de bien público, la muerte en un baile trae al recuerdo otros casos que también, a diferencia del de este sábado que fue por causas naturales, fueron traumáticos: el caso Caballero, joven de Ramos Mejía apuñalado en el bar Nápole; y el de Leonardo Otto, a quien asesinaron en las puertas de otro boliche céntrico y cuyo caso quedó impune por la mala instrucción de la hoy suspendida Fiscala Gabriela Ates.
