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jueves, julio 29, 2021
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El pasado martes 23 el diario LA NACIÓN, como lo viene haciendo regularmente,  publicó una nota de Orlando Ferreres, aquel brillante alumno de nuestra Escuela de Comercio y ex viceministro de economía de Don Miguel Roig, cuyo título me llamó la atención por tomar una frase de la marcha peronista “combatiendo el capital”.  Sostenía algo así como lo peor que se puede concebir es eso precisamente si se quiere que los salarios sean insuficientes para que el trabajador no vea compensada su labor de manera que sus necesidades básicas al menos se vean satisfechas. No se concibe el trabajo sin la empresa y aun tratándose de una cooperativa necesita de una organización empresarial, de lo contrario el fracaso es seguro. Antes de que se implantara la jubilación privada en nuestro país, allá por los años 40, si bien ya regía en el ámbito oficial. Era posible que mediante el ahorro el trabajador formara un pequeño capital que habría de permitirle dejar de trabajar al llegar a una edad en que ya es imposible. Ningún empresario que se precie desdeña un buen trabajador, el primero que será despedido será el que no rinde. Por eso sería interesante saber qué viven tantos piqueteros que importunan, con sus caras tapadas y blandiendo sus palos, a los que verdaderamente hacen que el país funcione.
Aproveché para enviarle mi comentario a Ferreres, recordando que antes de que se creara el Banco Central, en el mismo edificio que hoy ocupa, existía la Caja de Conversión, así llamada porque circulaban dos tipos de moneda, la moneda de papel, de curso legal, y el peso oro sellado convertible, vale decir que lo que hoy nos preocupa como la inflación era algo desconocido. Tan es así que recuerdo que, siendo un chico, vi entrar en la Caja de Conversión un patriarca gitano seguido de cuatro gitanas portando cada una un par de bolsas de lona repletas de monedas, tal como las que seguramente conseguían con sus buenaventuras y quiromancias. Pregunté a mi padre para qué llevarían aquellas bolsas, si a fin de cuentas eran dinero como el que circulaba, pero la respuesta fue que las cambiaban por pesos oro, pues de los otros no se fiaban. Hoy el Banco Central se ve asediado para que sus reservas sirvan para algo distinto que es conservar el valor del dinero.
Hoy nos dicen que no tenemos inflación, pero los precios aumentan. ¿Será que los comerciantes pretenden ganar más? ¿O es que no se fían, como aquellos gitanos, de los billetes que reciben?  Por más que el INDEC publique cifras que no las cree ni quien las produce, lo que ocurre es que el gremio de camioneros reclama salarios más altos porque Moyano no tiene límites o porque no se animan a ponerle…
El miércoles 24 se celebró el Día de la memoria, la presidenta quiere que apuren los juicios. Los que no tienen ninguna prisa son los que están en el cementerio. En la Venezuela de Hugo Chávez, tan amigo de los Kirchner, celebrarán una Semana Santa que abarca desde el sábado 27 hasta el 4 de abril. No es que tengan un ataque de religiosidad sino que carecen alarmantemente de electricidad, y ni aun con la riqueza petrolera de que gozan tendrán que alumbrarse con candiles. No hay mal que cien años dure, es frase que consuela a medias, pero cuando se hundió el Titanic el vigía vio un iceberg, sonó la alarma y no calcularon que lo más peligroso era lo que flotaba bajo el agua. Como no se veía se pensó que se podría esquivar… Pero no hay aviso desdeñable, máxime si cada vez son más los que advierten el peligro.
Miguel A. Bordoy.

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