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martes, agosto 3, 2021
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Autos robados, remiserías truchas y una sospecha que involucra a miembros de fuerzas de seguridad

El secuestro de un automóvil que trabajaba como remis y que tenía pedido de secuestro por robo reveló una trama en la que se mezclan efectivos de las fuerzas de seguridad, autos robados, remises truchos, agencias sin habilitación, inspectores que no inspeccionan y funcionarios que desconocen las ordenanzas vigentes.

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El secuestro de un automóvil robado que trabajaba como remis sin estar habilitado y que prestaba servicios en una agencia que tampoco está habilitada desató una investigación que, una vez más, procura profundizar la trama que sospecha vínculos entre el robo automotor, los desarmaderos clandestinos, las remiserías truchas y los vínculos con agentes de las fuerzas de seguridad.

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La semana pasada, la policía interceptó en Boulevard Moreno y Belgrano a un Chevrolet Astra al que venían siguiendo desde unas cuadras atrás. En el auto iba un joven que dijo ser remisero, chofer del dueño del coche, y que prestaba servicios en una agencia de remis que abrió hace más de seis meses en la zona céntrica.

Los efectivos que lo interceptaron detectaron que el motor no coincidía con el chasis ni la patente. Al solicitar los datos al sistema, revelaron que el motor pertenecía a un auto que tenía pedido de secuestro activo por robo en el partido de Malvinas Argentinas. De inmediato, secuestraron el rodado.

Remis trucho,
agencia trucha

A pesar de que el informe policial inicial decía que “el vehículo hacía las veces de remis particular haciendo viajes a conocidos”, está confirmado que el Chevrolet Astra que manejaba un joven de 24 años, identificado como Matías López, pertenecía a una agencia de remises, aunque no estaba habilitado como tal. Resulta que la remisería también era clandestina.

El automóvil era parte de la flota disponible de una agencia denominada GEO, ubicada en Güemes 116 que en su vidriera exhibe constancias de inscripción en AFIP y Arba, más un cartel que indica que comenzaron el trámite para obtener la habilitación municipal, pero que no está habilitada ni podría estarlo jamás porque su ubicación no cumple con lo previsto en la ordenanza que regula la actividad, que establece que debe estar a no menos de 200 metros de una parada de taxis.

Además, en el Boletín Oficial del Estado municipal figura una resolución mediante la que el gobierno, a través de la Secretaría de Economía, denegó a una mujer identificada como Luján Macelli la habilitación de comercio en el rubro Remisería, en virtud de un informe de la Dirección de Planeamiento que se basa en la ordenanza que estipula esos 200 metros de distancia con la parada de Taxis, ubicada a menos de 100 m, en Balcarce y 25 de Mayo.

Luego del caso de un Fiat Siena robado que trabajaba como remis sin habilitación para una agencia que tampoco estaba habilitada, hubo inspecciones en varias remiserías, porque ese caso alimentó sospechas que vinculan a las agencias truchas con el robo de autos y los desarmaderos.

Semanas antes de ese vuelco, la policía había desbaratado un desarmadero clandestino en Baradero y había encontrado un auto robado en Zárate cuyas partes estaban siendo colocadas en otro de similares características en un taller mecánico local.

Esas inspecciones en remiserías llegaron a GEO para dejarles expresado que algunos de sus vehículos no podían seguir circulando porque su modelo superaba los 10 años de antigüedad. En la agencia hay unos 11 vehículos, aproximadamente. La mitad tiene habilitación. El resto circula de manera irregular, algunos con el trámite iniciado y otros que directamente nunca podrían habilitarse porque no cumplen los requisitos de ley.

En la redacción de La Opinión, Luján Macelli contó que decidió poner la agencia de remises con el dinero que su hijo recibió como indemnización tras ser despedido de una fábrica y que entre el personal que presta servicios hay otros exempleados de empresas locales que compraron autos para trabajarlos como remis tras correr la misma suerte.

Dijo que su plan inicial era instalar la agencia en la zona del Fonavi, pero que en la Dirección de Planeamiento le informaron que allí no podría habilitar, por lo que empezó a buscar otro local, hasta que dio con el de Güemes 116. Aseguró que una empleada del área que conduce Agustín Vaca le dio el ok respecto de esa ubicación y que hasta el propio funcionario elevó un dictamen favorable, que luego fue rechazado por el director de Rentas, Hernán Abatángelo, porque la distancia respecto de la parada de taxis lo impedía.

Aunque la resolución que denegó la habilitación tiene fecha del 15 de mayo y la advertencia de que si se detectaba funcionamiento dentro de los siete días subsiguientes habría clausura, la agencia siguió y sigue funcionando. Como se dijo, en las últimas semanas hubo inspecciones en el local. Alguien no cumplió con su deber.
Luján Macelli adelantó a La Opinión que solicitará formalmente un resarcimiento por parte de la Municipalidad porque entiende que al darle el consentimiento verbal respecto de la posibilidad de abrir la agencia en ese espacio le hicieron invertir un dinero que ya no puede recuperar. “Cuando me devuelvan la plata, buscaré otro local”, aseguró.

El chofer,
el dueño y “yo no fui”

Al combo de irregularidades que rodean el caso se suma que Matías López no era más que el chofer del automóvil que tenía pedido de secuestro activo por haber sido robado en Malvinas Argentinas en 2013: el dueño sería un agente de la Prefectura Naval Argentina, sampedrino, que se desempeña en otro distrito y que el mismo lunes por la noche se presentó en la Comisaría, según informó el propio chofer.

Las pericias confirmaron que el Chevrolet Astra tenía un motor de Nissan y que la patente que llevaba colocada era “trucha”, es decir falsificada. Aun así, el auto circulaba con una cédula verde, había sido objeto de varios controles y hasta protagonizó un accidente hace dos meses.

En esa oportunidad, chocó con otro Astra en la esquina de Rivadavia y 3 de Febrero. A raíz de los daños, el coche fue trasladado por la grúa municipal. Luego, el dueño lo retiró, tras los trámites de rigor. Nadie, nunca, se percató de que era robado.

En junio pasado, el chofer que trabajaba en ese remis para una agencia que se llama Remis Sol y que está ubicada en Salta 1685 –que también carece de habilitación y para la que trabajaba el Fiat Siena robado que volcó camino al aeroclub– sufrió un asalto en el barrio San Miguel, las 150 Viviendas. Cuando hizo la denuncia, dijo que trabajaba para la misma persona que López.

La Opinión dialogó con Aníbal García, la persona a la que ambos choferes sindican como propietario del Astra, quien negó tener participación alguna en el asunto. “Yo no soy el dueño de ese auto. No tengo nada que ver. Para nada”, dijo ante la consulta de este medio.

El viernes pasado el chofer del remis secuestrado fue citado a la Defensoría Oficial. Todavía no lo convocaron a declarar a Fiscalía, donde deberá comparecer en calidad de imputado por “encubrimiento”. Cuando lo citen a él, también lo citarían a García para que haga su descargo.

Aunque accedió a hablar con La Opinión, como lo hizo con otros medios, prefirió no ofrecer más detalles que los relacionados con lo que él llama “limpiar” su nombre, puesto que a raíz del hecho quedó imputado por “encubrimiento”.

“Yo era chofer del dueño del auto, no de la agencia. Antes trabajaba en esa misma agencia, pero este señor –a quien no nombró en diálogo con La Opinión ni con el resto de los medios– me ofreció mejores condiciones y decidí trabajar para él. De esto hace un mes, aproximadamente”, dijo López.

Relató que, en servicio como remis a bordo de ese Chevrolet Astra, fue interceptado en varias oportunidades por la policía. En cada ocasión, los agentes revisaron en el sistema a partir de la patente “y estaba todo bien”. Por su trabajo, López hizo viajes a “Campana, Rosario, San Nicolás, a todos lados”, contó.

“Antes de ser remisero repartía pollos, me conocen todos de andar en la calle. Ahora estoy con esto de la causa por encubrimiento y necesito trabajar. Ojalá que esto termine rápido, porque yo no tengo nada que ver, yo no sabía nada del auto, yo manejaba nomás”, aseguró.

Cuando el auto lo  manejaba otro chofer, un día Gendarmería lo interceptó para un control en ruta. El conductor no tenía cédula azul, la cédula verde estaba vencida, carecía de VTV y el equipo de GNC figuraba como colocada en un Ford Taunus. El gendarme le permitió seguir. El coche siempre tuvo suerte, parece.

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