Aumentó el robo de motos en toda la ciudad
La sustracción de motos es una modalidad que persiste pero cada tanto recrudece y en las últimas semanas se han advertido una secuencia de hechos que preocupan. Evidentemente los valores existentes provocaron un claro aumento en la demanda del campo ilegal, y a cualquier hora del día y lugar se cometen este tipo de ilícitos.
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Desde hace unas semanas se percibe en la ciudad un claro incremento en el robo de motos. Las elegidas son las de 110cc que son las más ubicadas en el mercado ilegal y en menor medida les siguen las de mayor cilindrada como las 125 y 150 sin interesar la marca o modelo.
Las medias preventivas implementadas por la Policía y la Dirección de Tránsito prácticamente se han visto superadas por un notable aumento en el robo de motos. Los operativos de control se efectúan a diario y existe un alto promedio de secuestro de rodados pero parece no alcanzar ante el recrudecimiento de los hechos.
Las características de los ilícitos en la mayoría de los casos son similares en varios aspectos, y a pesar de todo no se han detectado hechos a mano armadas ni violentos, sino que son sustracciones en la vía pública o desde el interior de alguna propiedad donde se aplican distintos métodos.
Todo tiene una explicación, la demanda es cada vez mayor y está claro que si no existiera un mercado negro que se ocupa de vender o ubicar todo lo que se roba el negocio no funcionaría.
Hoy una moto 110 cuesta entre $26.000 y $32.000, pero una de “procedencia dudosa” se vende a un valor que está muy por debajo de lo que es el mercado oficial y existen casos en donde las han ofrecido por no más de $6000.
En el ámbito de la seguridad las autoridades reconocen que hubo un incremento de los hechos pero también destacan los procedimientos y secuestros diarios de vehículos, por algo, el depósito municipal o el de la Comisaría están abarrotados de motos incautadas.
De todos modos sigue siendo una incógnita poder saber adónde van a parar las motos que se roban, aunque las sospechas son siempre las mismas, las que quedan en San Pedro terminan desarmadas, utilizadas como repuestos, o “desfiguradas” para evitar su reconocimiento. Si no, van a parar a Baradero, Ramallo o San Nicolás, previo paso por Río Tala o Gobernador Castro donde “las enfrían” para después incorporarlas al mercado ilegal.
