Asume Macchia y habrá más cambios en el gabinete
A una semana del mensaje anual y luego de una serie de hechos que hicieron llover críticas sobre algunas áreas, el intendente precipitó la decisión de renovar el gabinete que masticaba junto a sus hombres más cercanos. Aún así, los únicos confirmados son Nicolás Macchia como Secretario de Desarrollo Social y Florencia Cuesta como Directora de Políticas Sociales. El resto es parte de una rosca en la que participan pocos pero de la que opinan muchos. La danza de nombres da cuentas de que los caminos conducen a la conformación de “un Gobierno K” o a la necesaria compañía a Daniel Scioli.
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La semana pasada La Opinión publicó que el Gobierno de Fabio Giovanettoni se acercaba al primer mensaje anual ante el Concejo Deliberante con poco para mostrar, mucho para ofrecer hacia adelante y con un plantel en el gabinete heredado de Guacone. La parábola que usó este semanario para dar cuenta de lo que significaba la situación fue la del director de teatro que puede conducir a sus actores pero que son ellos los que ponen cuerpo y alma para la interpretación. El jueves, al intendente la parábola le explotó en las manos y comenzaron los cambios.
Ese día Carlos García dejó su interinato en Desarrollo Social, luego de una serie de estrépitos en el área que hicieron notar a todo el mundo que con buena voluntad no alcanza para funciones de tamaño calibre. El presidente de la Liga Deportiva no se quedó sin sueldo: mantendrá su cargo de Director pero ya no se ocupará de las Comisiones de Fomento sino que tendrá como labor el control del parque automotor. Ello a pesar de que hubo ciertas versiones relacionadas con el uso del combustible municipal al momento de la salida de Verónica Mosteiro.
Como adelantó este semanario, apenas Giovanettoni designó a Baraybar como Secretario de Gobierno, Desarrollo Social era un lugar para Nicolás Macchia. Le tocaba al edil decidir si pondría a alguien de su confianza o haría lo que sucedía de hecho hoy, cuando se haga cargo del área (ver aparte). El juramento tendrá lugar jueves, viernes o lunes, y depende de múltiples factores, que son parte de una rosca mayor: cuánto dependen de Scioli y cuánto quieren un kircnerismo puro.
A Giovanettoni no le resultaron todas las cosas como las había planificado. Su idea de que haya juramentos y presentaciones de funcionarios para “ponerle fin a la era Guacone” se vio retrasada. De las múltiples reuniones previstas para el fin de semana largo sólo concretaron un puñado y en algunos casos no lograron avanzar demasiado.
También lo había publicado La Opinión al comienzo del gobierno de transición que lidera el electo concejal en primer término en la lista de Guacone en 2011: Carlos Codern era el elegido para Obras Públicas. Sin embargo, todavía no pudieron convencer al arquitecto kirchnerista, con quien hubo charlas durante el fin de semana. Si finalmente no aceptara –tiene sus dudas y su decisión es un péndulo que preocupa a algunos dentro del gobierno– el plan es fortalecer la figura de Fito Benincasa. Codern es kirchnerista “práctico”, cree en el capitalismo para hacer edificios y en el socialismo para repartir lo ajeno. Su nombramiento representa una contradicción importante ya que aún no se ha modificado la ordenanza madre de uso de suelo que le ha permitido intervenir en la construcción libremente y hasta ser contratado para la remodelación de la Aduana.
La Dirección de Cultura es un tema aparte y este semanario se ocupa de ello en la página 5. Pero también una publicación de este medio aceleró un proceso que ya estaba decidido, aunque algunas personas cercanas a Aguilar crean que había oscuras intenciones detrás a las que califican de “operaciones”.
El lunes por la tarde se reunieron con Mauricio Preiti, que asumirá como concejal en lugar de Macchia (ver recuadro). A Dalmy Butti hubo que explicarle con tacto que la posibilidad de su regreso al área no era cierta aunque tampoco parecía desearla.
Giovanettoni quiere renovar el gabinete para que su tarea como “director de la obra de teatro”, para seguir con la parábola inicial, sea efectiva. De los secretarios, y por ahora, los únicos a mantener son Borgo y Sualdea. Casi “los hermanos Dalton” para quienes gustaban de leer historietas y los ven como permanentes generadores de “macanas”. Como fue analizado en varias oportunidades, el primero es casi considerado un “mal necesario” y el segundo tiene una admirable capacidad para mantenerse a pesar de caminar por la cornisa todo el tiempo.
En Salud, sin embargo, al cambio de Walsh por Pichioni le seguirá el nombramiento del vacante cargo de Administrador del Hospital –la figura de Alberto López Alonso, exarticulador del Centro de Referencia regional del Ministerio de Alicia Kirchner y ex gerente en los comienzos de Coplac comenzó a sonar y hasta hay quien lo ve como un “veedor general” del funcionamiento municipal–, un/a Jefe/a de Personal –suena una empleada del Hospital con fama de pocas pulgas– y hasta podría haber modificaciones en Compras del nosocomio, algo que no cae bien a todos los funcionarios.
Los cambios pensados implican por un lado una renovación, una rotación, la salida de algunos funcionarios y el pase a una tarea operativa pero sin implicancias políticas de otros. Pensando en ahorro de sueldos, no se puede decir mucho.
Uno de los grandes problemas que heredó Giovanettoni y que quedará para quien asuma el 10 de diciembre es la presencia de políticos que lograron cargos de planta permanente, lo que los mantiene siempre dentro del Municipio. Los casos del Director de Servicios Públicos Ángel Álvarez, del de Rentas Christian Rial, el exsecretario de Gobierno Javier Silva, Yayi Chaves y Juan Kasta son algunos de renombre pero de carrera municipal.
