Desde las 13.00 del pasado sábado, la ciudad se transformó en pueblo fantasma. Sólo los bares –y especialmente la esquina de la peatonal con pantalla gigante– se vieron colmados de hinchas argentinos preparados para festejar.
Banderas, gorros, maquillaje, camisetas, bombos, vinchas y todo tipo de merchandising acompañó los festejos del equipo de Sabella, que desde Brasilia saludaba emocionado al país, tras 24 años de no llegar a esta instancia en un Mundial.
Prepararse para enfrentar a Holanda será más sofisticado y las cábalas ya están a la orden del día. En el Facebook de La Opinión fueron varios los que repitieron rituales para no transformarse en “mufas” de la selección. Cada uno con su ceremonia.
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