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    Aprender a amasar el pan nuestro de cada día

    Seis mujeres integran el Taller de Alimentación y Cocina del Barrio Hermano Indio que funciona en la Casa de la Mujer. Allí, con la coordinación de Rosa Celié, aprenden a amasar pan, pastas caseras y exquisitas tortas, mientras la nutricionista Claudia Malacalza les enseña el valor nutritivo de los alimentos. Los miércoles, lo elaborado se vende al público para recaudar dinero que les permita comprar más equipamiento para su cocina. Dicen que aparte de cocinar, hablan de sus cosas, se ríen y a veces, también lloran.

    7 de junio de 2006 | 00:00
    Aprender a amasar el pan nuestro de cada día

    El exquisito olor a pan horneado que sale del horno de la cocina inunda toda la casa. Leoncio, con sus tres años, juega contento en la salita donde hace un ratito, su mamá y sus nuevas amigas del taller de cocina, amasaron el pan de chicharrones que ahora pueden compartir con un mate calentito por medio.
    Es media mañana en la Casa de la Mujer, y hay seis representantes en ese momento trabajando en un proyecto que las convoca desde hace unas semanas. Son las mujeres del barrio Hermano Indio que integran el Taller de Alimentación y Cocina que la Secretaría de Desarrollo Humano puso en funcionamiento.
    “Lo iniciamos porque ellas se acercaron para que las ayudáramos a montar un comedor para el barrio. Nos dimos cuenta que era necesario además, educar sobre los valores nutritivos de los alimentos, las combinaciones y recetas para que puedan cocinar”, dice la nutricionista Claudia Malacalza que se puso al frente de este taller. Junto a ella trabaja la coordinadora de la casa, Rosa Celié, que fue convocada por la Secretaría cuando se creó la Casa de la Mujer.
    De lunes a miércoles, las seis alumnas concurren a la vivienda de 3 de Febrero 1549. Desde las 9 de la mañana y hasta que se termina de elaborar la receta del día, comparten el aprendizaje pero también largas charlas que terminan a veces en risas, y otras en llantos.
    “Decimos que es como una terapia de grupo, en la que nos contamos cosas de mujeres. Hablamos de la familia, de los maridos, de los hijos”, agrega Rosa Celié. “Para ellas eso es tan importante como el curso, porque muchas nos dicen que no tenían amigas con quien compartir lo que les pasa”.

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    Prueba piloto
    El taller de cocina, es el primero de una serie que intenta implementar la Secretaría en diferentes barrios para educar a la población más carenciada sobre el aprovechamiento calórico de los alimentos. Esta iniciativa parte de una realidad que demuestra que muchas familias han perdido la tradición de cocinar de las generaciones anteriores y por eso muchas mujeres desconocen cómo elaborar platos básicos. Quizá, y no es descabellado pensarlo, ayudaron los años de asistencia a través de los comedores sociales en los que eran cientos las familias que retiraban su vianda caliente todos los días.
    Este primer grupo está integrado por mujeres de Hermano Indio y las 291 viviendas. Las hermanas Lencina, que son tres: la mayor Carmen, Elisa que es la mamá de Leoncio, y Paola, que tiene 19 años y tres hijos. Romina Ledesma de 19 años y mamá de Tania, que la acompaña a las clases y es un verdadero “tornado” de un año y ocho meses, María “Neri” Berón de 24 años que es la única vecina de las 291 y tiene cuatro hijos, y por último María Ayala que no pudo estar presente durante la entrevista con La Opinión.
    Con timidez y sonrisas, todas aseguran que en el curso aprendieron y mucho en tan poco tiempo, algo que valoran las familias que después reciben los platos elaborados. “Mi marido me pregunta todos los días: hoy fuiste a la Casita de la Mujer?”, cuenta Neri. La mayoría concuerda en que lo que más le gustó, fue aprender a amasar fideos caseros, pero también los ravioles que elaboraron con la verdura de la huerta propia que cuida celosamente Alberto Aguilar, un colaborador de la casa.
    “Cuando inauguramos la casa, preparamos nosotras 15 docenas de sandwich de miga y 250 pizzetas. Y hemos hecho tortas de nuez, pastelitos de membrillos, roscas y guisos de lentejas y arroz”, dice Rosa.
    La intención además de aprender, es recaudar fondos para que la cocina de la casa pueda equiparse con otros utensilios que las ayuden a crear platos cada vez más elaborados. Una primera experiencia la hicieron en el Paseo Público durante el festival del 1º de Mayo, con tortas que se les fueron de las manos en poco tiempo. Ahora, los miércoles venden al público que se acerque y empezaron a tomar pedidos y reservas. Los interesados pueden llamar al celular de la casa (15530177) o acercarse.
    Diariamente, se suman más proyectos. Un grupo de 15 madres del Jardín Nº 903 se propusieron para compartir la cocina y amasar allí parte del pan que los chicos consumen durante el turno mañana, que es donde se registran mayores necesidades. Y se está gestionando un permiso para retirar las naranjas amargas de las plantas de calle Salta para elaborar mermeladas. Las ideas fluyen, como el exquisito aroma del pan de chicharrones que al final de la mañana reparten para que cada una lleve a su casa esa rica experiencia amasada por sus propias manos.

    190 consultas
    La Casa de la Mujer, inaugurada en Marzo, recibe constantemente consultas sobre diversos temas. Celié confirmó que contabilizaron la atención de 190 casos diferentes relacionados con problemas sufridos por mujeres, entre ellos de violencia familiar. Algunos de éstos últimos demandaron el alojamiento en esta dependencia que cuenta con una habitación preparada con varias camas para que puedan pernoctar allí.
    El servicio se completa con el asesoramiento que brinda el Dr. Aguirres, un abogado especializado en la problemática de la minoridad que atiende los días viernes.

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