Ante versiones de maltrato y acoso, en la Policía Local aseguran que está “todo normal”
La semana pasada, al menos tres cadetes quedaron hospitalizados tras una prueba física y un instructor renunció en medio de una polémica con una joven con quien habría cruzado mensajes “indecorosos”. Hay relatos que acusan maltratos verbales y físicos. El Secretario de Seguridad Eduardo Roleri reconoció que “las exigencias son máximas” y que “no pasó nada”.
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Desde que comenzó la instrucción en la academia de Policía Local, las versiones acerca de que el trato a los cadetes replicaba las peores historias que se cuentan entre quienes pasaron por alguna fuerza en épocas donde el respeto por la integridad física y psicológica de las personas no estaba entre los temas que podría causar revuelo entre la comunidad.
Desde esos años a esta parte, han crecido los mitos acerca de prácticas de iniciación, sometimientos de toda índole, abusos de autoridad indescriptibles que incluyen gritos, maltrato físico y esfuerzos innecesarios.
Hasta ahora, las cosas que se escucharon en la calle sobre la Policía Local no llegaban a esos extremos pero obligaban a mantener la alerta. La semana pasada, una serie de hechos volvió a poner la lupa sobre el tema y obligó a hacer algunas preguntas que cayeron mejor en algunos funcionarios que en otros.
Con buen tino, el Secretario de Seguridad Eduardo Roleri prestó disposición para hablar sin problemas sobre el tema, que empezó a generar preocupación en algunos sectores.
Al menos dos sucesos de la semana pasada despertaron la inquietud: una situación en la que se vio envuelto un instructor que finalmente renunció; y una prueba física en el Estadio que terminó con al menos tres cadetes hospitalizados en observación por distintas afecciones.
Una “confusa situación”
El viernes, una alta fuente gubernamental le dijo a La Opinión que había un instructor de la Policía Local “sumariado”, luego de que este semanario comenzara las averiguaciones pertinentes respecto de una “confusa situación” generada entre el profesor y una alumna.
El relato daba cuentas de un presunto “acoso” del que una joven habría sido víctima. La reconstrucción que este semanario logró hacer da cuentas de que entre la alumna y el profesor hubo un intercambio de mensajes que, de acuerdo a la relación que los une a ambos en el marco de la academia, pueden ser calificados como “indecorosos”.
Es que el intercambio habría tenido el tenor de flirteo entre ambos, lo que habría sido descubierto por un tercero, que puso el grito en el cielo. El viernes, la Directora de la Policía Local Gabriela Lencina buscaba con insistencia al Secretario de Seguridad Pública, EduardoRoleri.
El sábado, el funcionario se refirió al tema en Sin Galera. Dijo que “no hay un profesor sumariado” y explicó: “Fue un pequeño desencuentro en algunas cosas y renunció a sus horas cátedras”.
El docente venía de afuera a dar sus clases y quienes lo trataron aseguraron que era un “tipo re serio y siempre servicial”.
Roleri agregó que aún “no estaba decidido si se hacían actuaciones o no, eso quedaba a criterio de la Dirección y de (las autoridades de) La Plata”.
Sobre la situación con el instructor renunciante, dijo: “Fue un incidente menor” y aseguró: “En todas las relaciones humanas ocurren cosas que por ahí se toman con distinto parámetro”.
“La máxima exigencia”
A Roleri le pareció que la publicación de La Opinión del jueves pasado antes del mediodía en la web fue una noticia “errónea”. Este semanario llegó a la Guardia del Hospital advertido por el traslado de un grupo de cadetes que desarrollaban una prueba física en el Estadio.
En la puerta del servicio de emergencias, su titular José Herbas y el Director Asociado del Hospital Diego Noto dijeron que “tres quedaron en observación, de manera precautoria” y que “los demás se fueron de alta”. Es decir que por lo menos tres cadetes fueron hospitalizados.
“No es nada grave, es solo falta de training”, dijo Herbas y con él coincidió ese día el propio Roleri, quien señaló que entre los cadetes “más de la mitad anda muy bien”, pero que hay otros a los que “les cuesta más, son más sensibles”.
En el Gobierno hubo quienes calificaron de “maricas”, “putos” y “flojitos” a quienes no soportaron los embates de la práctica y dieron ejemplos acerca de cómo eran los entrenamientos en la Vucetich, Gendarmería o el Ejército en otras épocas que por poco no calificaron de “mejores”.
En las redes sociales, el debate se instaló entre quienes consideraron “tiernitos” a los que sufrieron descompensaciones, desgarros o esguinces, y los que advirtieron queno es necesario “matarlos” en la instrucción.
Roleri reconoció el sábado que “algunos alumnos tuvieron algunos problemitas físicos”, aunque dijo que se trata de algo “totalmente normal” y que hay “un programa” que están cumpliendo.
“De ahí, si hay gente que no se la aguanta, no estará en condiciones de ser policías”, aseguró y sostuvo: “A algunos les parecía que iba a ser todo light, y nosotros queremos tener buenos policías a fin de año, las exigencias son máximas”.
Versiones de “maltrato”
Según informó Roleri, de los 101 cadetes que comenzaron la instrucción hubo diez que abandonaron. “Algunos, realmente, se dan cuenta que no es lo de ellos”, dijo el funcionario.
A La Opinión llegaron al menos dos mujeres que aseguraron haberse ido por no soportar los maltratos a los que fueron sometidas. Una de ellas, incluso, habría ido a ver a un abogado porque considera que sufrió lesiones físicas durante lo que llaman “el baile”.
Hablaron de maltratos verbales, ensañamientos personales y de una práctica fuera de horario a la que denominaron “rascarle las bolas a Dios”, que consiste en ponerse pies y manos hacia el cielo, en movimiento, y que les tocaba a aquellos que “no hacían bien las cosas” de acuerdo a los instructores.
Quienes relatan estas historias nombran a dos personas, una mujer y un hombre, como los máximos responsables del “baile”.
“Todos sabemos que una escuela de Policía es dura, pero una de las instructoras es malísima, siempre tenía una excusa para maltratar”, contó una de las chicas que dejó la academia.
“A los que nos tenía de punto, nos gritaba todos los días. Pero a los que eran parientes de alguien que conocía, a ellos no”, agregó.
“Son de gritar muchísimo, mal”, relató la joven, quien repitió en varias oportunidades que entendía que la formación debe ser rigurosa, pero consideró que “se abusaban”.
“Hay gente que se la aguanta porque necesita el trabajo, yo no me la banqué”, contó y aseguró: “Yo quería estar, pero no puede ser que te traten así”.
Consultado respecto de estas versiones, Roleri dijo que no las escuchó. “Pero si vamos a eso, no es nada. Hay que habituarse al lenguaje de la fuerza, cada grupo de personas, cada trabajo tiene un lenguaje particular, la Policía es así, hay algunos lenguajes que son difíciles para quien viene de afuera, hasta que se acostumbran, tal vez puede ser por eso”, explicó.
“Estamos orgullosos”
El Secretario de Seguridad Pública Eduardo Roleri, comisario retirado de la Policía, dijo estar “orgulloso” de los cadetes y que “han evolucionado admirablemente”, desde que comenzaron con la instrucción.
“Las madres nos vienen a decir que han cambiado”, dijo y destacó “el orden, la rapidez, la agilidad para hacer las cosas, cómo acatan las órdenes de sus instructores”.
Aun así, reconoció que “en la parte teórica se los exige dentro de sus posibilidades” y precisó: “Hay exigencias intelectuales básicas para dirigir un procedimiento, para saber dentro de qué normas debe actuar para no incurrir en algún delito ellos”.
