Dado que en mis primeros treinta y tres años de porteño, anteriores a mis treinta y cuatro de sampedrino, he visto llenarse la Plaza de Mayo de fervorosas multitudes convocadas por cualquiera que se asomara al balcón de la Casa Rosada, desde José Félix Uriburu a Fortunato Galtieri, pasando por Maradona, cuya reciente pornográfica frase ha sido generosamente revoleada en papelitos en la apertura del Congreso hace pocos días ante la presencia de la Presidenta que hizo un paréntesis a sus diarias presentaciones discursivas, hablando de lo que fuese menos de los problemas de fondo del país, para distraer la atención del manoteo de reservas.
Precisamente en estos días que dos muchachos sampedrinos fueron a las Malvinas a rememorar su presencia en la trincheras, recordando a mi querido Mateo Sbert que rindió su vida con un valor insuperable, el marinero Magliotti que se hundió con el crucero General Belgrano, o hasta un Roberto Bordoy que sin ser pariente nació en Timote, donde lo mataron al General Aramburu. Muchos otros regaron con su sangre aquella tierra irredenta, pero ninguno de los que desde el balcón exportaron a la gente sufrió molestia alguna.
Precisamente como si no hubiera en el país problemas más inquietantes y urgentes, en estos días bajó desde Jujuy Milagro Sala, una activista de cuidado, para unirse al piquetero Luis D’Elía para quemar una bandera británica, por la noticia de que los ingleses han iniciado tareas de exploración petrolífera en las Malvinas. Y es necesario armar un poco de alboroto, pero de plantear las pretensiones argentinas en los foros adecuados, ni palabra, salvo que se esté gestando un nuevo intento tan descabellado como el otro.
Mientras tanto vemos una oposición que ya no se sabe a qué se opone. Es así como la altanera prepotencia de un ex presidente dice que gobernarán hasta el 2020, mucho más modesto que la pretensión de un Adolfo Hitler que pretendió suprimir a los que no pensaban como él, y su régimen habría de durar un milenio… Así le fue y así le está yendo a la Argentina.
Si no nos pasa algo mejor (o peor)… armémonos de paciencia.
Miguel A. Bordoy.
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