Alguien puede acompañarte
Desde LALCEC —Liga Argentina de Lucha Contra el Cáncer— y a través del programa local “Dar el alma”, conformado por un grupo de mujeres que padecen o padecieron cáncer, la idea es acompañar y compartir sentimientos difíciles de llevar adelante cuando se convive con esta cruel enfermedad.
“Dar el alma” es un grupo de mujeres que no discriminan clase social, ni edad, ni nada. Es, simplemente, un espacio en el cual se encuentran para compartir una causa común, un padecimiento común; una enfermedad con la que conviven y necesitan sostenerse unas a otras, no flaquear y sentirse acompañadas para convencerse que es posible seguir adelante.
Confieso que mi piel se erizó y una particular sensación me invadió mientras me sumé a su mesa. Amablemente me invitaron a ser parte de ellas, así miré a cada una a los ojos; compartir ese rato de su tiempo rodeada de sus vivencias y experiencias, incluso el buen humor que surge de a ratos, fue una verdadera lección de vida para mi.
Aprender, convivir y continuar
Gloria, Sonia, Mercedes, Marita, Sandra, Claudia y Olga se reúnen desde Marzo, cada Viernes, en la sede de LALCEC sita en Almafuerte 620. El objeto principal de estos encuentros es dialogar y expresar sus propias vivencias, así encontrar afinidades y sentirse acompañadas. Es fundamental para ellas amparar a quienes se rindan ante la adversidad, convencerse y convencer que se puede seguir adelante con una buena calidad de vida.
Las confesiones comienzan y por ahí escucho que no es alentador convivir con enfermedades terminales, pese a ello, la mayoría ha superado tratamientos fuertemente invasivos de quimioterapia y rayos, operaciones incluso con extirpaciones y lo nocivo que estos métodos pueden ser con los pacientes: A pesar de ello las observo con una enorme fuerza interior, predispuestas a dar batalla y continuar humildemente por el camino de la vida.
Hay una agradable sensación. Varias de estas mujeres se encuentran en una etapa de superación, es decir, han dejado atrás momentos complicados en los cuales sus cuerpos debieron someterse a duros métodos de curación: caída del cabello, uñas, malestar general, náuseas, dolores insoportables en todo el cuerpo, momentos terribles en su integridad física.
Si bien conviven con la enfermedad y se someten a rigurosos controles cada cuatro o seis meses, dependiendo de diversos factores, la mayoría se siente curada y lista para seguir adelante ayudándose y ayudando a quienes están en la etapa más dificultosa de la enfermedad y que consideran que es irreversible.
Sensaciones encontradas
Es evidente que mucho tiene que ver el ánimo y la personalidad de cada una de ellas para continuar, sí es un claro denominador común el hecho de alentar decididamente a quienes se acercan temerosas y angustiadas ante el padecimiento lidiando con una enorme contradicción. Algunas se mantienen más fuertes, otras algo desesperanzadas aunque pese a ello, con ganas de incorporarse al grupo y escuchar palabras de aliento.
Confiesan que han tenido miedo, pero también mucha fe, que rezar las ha ayudado y que Dios es el puntapié que trasluce las ganas de demostrar y demostrarse que es posible continuar gracias a innovadoras tecnologías y tratamientos para seguir pese a la enfermedad: “Jesús no te suelta de la mano”, asegura una de ellas. También están las que ya no creen en Dios ni en nada, definitivamente han perdido la fe, justificando que además de la enfermedad su vida no ha sido fácil, aún así permanecen sentadas en esta mesa, se refleja una desesperada búsqueda de apoyo en estos encuentros. Cuando la conversación gira en torno a los motivos por los cuales ellas consideran que esta enfermedad se ha instalado, casi todas consideran que algún otro padecimiento las derivó en un cáncer, no hablan de azar ni algo parecido; aducen, varias de ellas, haber vivido serias complicaciones en su vida personal o en su entorno más directo; también, la mayoría acompañan sus tratamientos con apoyo psicológico. Además del apoyo que se brinda en “Dar el alma”, planean actividades permanentes. Tienen pensado hacer jornadas junto al grupo oncológico “Resistiré” y el Hospital San Pedro. Serán tres horas donde se brindará relajación, visualización y nutrición, tres factores primordiales para amenizar la convivencia con la enfermedad.
Estremecida por su voluntad y por esa alma que ofrecen y que se apoderó de la mía, intenté reflejar en este relato que vale la pena acercarse al encantador grupo de gente que tiene deseos de prestar atención a las necesidades del otro que piense que su vida ya no tiene sentido.

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