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martes, mayo 18, 2021

Aislados pero juntos

Comenzó la gestión por la cual los habitantes de las Islas Lechiguanas intentarán declarar nulos los contratos de comodato que, por la fuerza, les hicieron firmar con el fin de acreditar que esas tierras forman parte del patrimonio de la empresa Deltagro, una de las más emblemáticas de Victorio Gualtieri. Del Corte San Carlos en Lechiguanas, a San Pedro, de ahí a Gualeguay y de allí vaya a saber adonde.

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Cuando a un ser humano le intentan quitar lo que le pertenece pone su corazón y su alma al servicio de impedirlo. Este fue el caso de los habitantes de las Islas Lechiguanas que, sin prisa pero sin pausa, trabajaron fuertemente para dar a conocer la situación que les toca vivir por estos días. Comenzaron su periplo las primeras semanas de Marzo cuando se acercaron a este medio a presentar una copia del “contrato de comodato” que les habían hecho firmar apoderados de la firma Deltagro durante los últimos días de Febrero.
Después de algunas semanas de diversas gestiones y debido a la nula respuesta por parte de las autoridades, este medio decidió redactar un petitorio que solicita asistencia legal y técnica, dirigido al Intendente de la ciudad de Gualeguay que –pese a desconocerlo- tiene en su jurisdicción a las Islas Lechiguanas. Para comenzar, todo esto era más difícil de lo que parecía, había que dirigirse hacia las Islas a buscar a sus legítimos habitantes para que ellos pudieran firmar la solicitada, validarla ante la opinión pública y ante las autoridades gubernamentales.

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Leven anclas
El periplo comenzó la mañana del viernes Santo. Con muchos nervios por la responsabilidad que implicaba una tarea de estas características, nos subimos a la lancha que supuestamente nos llevaría a recorrer la totalidad de las Islas Lechiguanas. A minutos de soltar amarras y luego de cargar el combustible, comenzó a presagiar el milagro de la comunicación.
Una avería hizo que la salida se postergara unos 25 minutos. Solucionado el primer inconveniente, emprendimos viaje río abajo hacia el Corte San Carlos, lugar donde sería nuestra primer parada. Cruzamos la entrada de Los Lobos con el viento golpeando en la cara, como si su intención fuera amedrentarnos o frenar nuestra tarea.
Llegamos a tierra firme para entrar a la casa, donde conseguimos nuestras primeras firmas. Rápidamente subimos nuevamente a la lancha, ya que necesitaríamos muchas firmas para sustentar con contundencia el cese de una injusticia.
Segunda casa. Isidora estaba prendiendo leña debajo de su pava, con la intención de preparar el agua para tomar los primeros amargos de la mañana. Nos acercamos hasta la costa y dialogamos con ella unos minutos. La persona que había firmado los contratos de comodato en ese lugar era Juan Carlos, su hijo. Estaba durmiendo en ese momento. Isidora firmó encantada con la esperanza marcada en sus ojos brillosos y nos advirtió que podían pasar horas hasta que su hijo se despertara con lo cual decidimos continuar viaje para seguir sumando firmas por otros sectores de la inmensa isla.
En este momento, el destino nos jugó una mala pasada. Como si un complot extraño se hubiese propuesto impedir nuestro objetivo. La lancha nunca más arrancó. Fueron vanos los intentos por devolverle la vida a los motores.

La palabra en el aire es el milagro
Sólo se logra la vida con más vida. El alcance de La Radio hizo que tanto viaje arrojase los frutos esperados. A través del programa “Sin Galera”, comunicamos nuestra situación a los oyentes, entre ellos, los habitantes de las Islas Lechiguanas que esperaban ansiosos, en sectores más alejados, la visita. Bajamos, nuevamente, a la casa de Isidora donde Juan Carlos ya se había despertado. Allí el firmante del contrato de comodato nos comentó que no sólo no había podido tomarse su tiempo para leer lo que firmaba, en aquella oportunidad, sino que tampoco le habían dejado una copia. Sólo le dijeron que con esa firma lo dejarían “tranquilo por un año”.
A unos 20 metros de la casa se encuentra la representación gráfica de la más grande de las falacias que existe en el lugar; sobre una madera blanca, escrito en letras negras se puede leer: PROPIEDAD PRIVADA – DELTAGRO S.A. Este no sería el único cartel apostado en el lugar. Muy próximo a cada casa habitada por los isleños, quizá a modo de recordatorio, se encuentra un letrero de similares características.

A remarla
La llamada de La Radio comenzaba a tener sus frutos. Río arriba, a la distancia, se podía observar la voluntad de los isleños por defender lo que les pertenece. Varias canoas se acercaban hasta el lugar elegido, simplemente por sentirse convocados y considerados por el medio que había prometido la visita. Con cada músculo puesto en la pala del remo, o el ruido inconfundible del motorcito, entendían que sin sus firmas el petitorio no iba a tener el mismo valor ante las autoridades de Gualeguay. Los primeros en llegar fueron Rosalía y Oscar que, de bote a bote, firmaron mientras charlaban con nosotros. Oscar no sabe leer ni escribir y por eso fue Rosalía la encargada de firmar, a nombre de él, el contrato que Deltagro decidió perversamente, celebrar con ellos.
Poco a poco iba llegando un importante número de isleños con el fin de apoyar la moción y corroborar que la propuesta de este medio era la de ellos, que el petitorio redactado por La Radio con la simple intención de ser una gestión de buenos vecinos era ratificada por la pasión que ellos le ponían a este viaje. Algunos remaron horas en sus botes y llegaron a firmar aquel papel que se transformó en la ilusión de todos.
Nuestra lancha seguía sin arrancar y mientras esperabamos la gentil embarcación de Prefectura que vendría a remolcarnos, el intercambio fue invaluable. Todos los presentes allí en la casa de Juan Carlos, teníamos saberes distintos. Rubén, por ejemplo, nos explicaba cómo pescar dorado con las ramas flexibles de los sauces llorones; María por su parte se preocupó por interiorizarnos en cocinar los patos que tenía en su casa; Soledad era una experta en filtrar el agua para que sus hijos tomen a la vuelta de la escuela, después de una jornada dura, como si fuera potable; Armando pareció mirarnos con cierta sorpresa al darse cuenta que nosotros no sabíamos como dilucidar para donde iba la correntada; Isidora resultó ser una experta en las diferentes formas de cocinar un carpincho.
Así, los minutos pasaron sin darnos cuenta. Enriqueciéndonos cultural, y por sobre todas las cosas, espiritualmente gracias a la buena voluntad, la honestidad, la bondad y la generosidad de personas simples, con el corazón enorme.
Llegó Prefectura y desde la orilla, nuestros nuevos amigos nos vieron partir.
Sus miradas encarnaban la más fiel expresión de esperanza. Sus saludos y sus rostros sonrientes contagiaban energía. Nadie podía sentir cansancio luego de hacer una tarea tan importante, aunque esto no terminaba allí.

Sábado temprano, destino Gualeguay
Temprano en la mañana del día siguiente, emprendimos viaje hacia la ciudad de Gualeguay. Allí nos esperaría el mismísimo Intendente de esa ciudad que, con cierta buena predisposición, intentaría darnos algún tipo de respuesta al reclamo cargado de ilusiones isleñas.
Arribamos a la ciudad algo antes del horario pautado. Fueron minutos de gran utilidad para charlar con los lugareños que, para nuestra gran sorpresa desconocían absolutamente, la situación de sus coprovincianos de Lechiguanas.
Había pasado media hora de las diez de la mañana, cuando el Intendente de Gualeguay, Luis Erro se acercó hasta el hall de la Municipalidad para recibirnos. Entramos a su despacho para inmediatamente sentarnos en unos sillones rojos, de clásico estilo siglo XIX. Casi como si se hubiera programado, la ciudad estaba cumpliendo 225 años y festejándolo con distintos actos. Sobre la mesa que hacía juego con los sillones, el Intendente apoyó el petitorio que le entregamos. Abrió el sobre y se dispuso a leerlo en voz alta. Con algunos errores en la lectura, tal vez producto del nerviosismo que provocaba la situación de hablar ante el micrófono abierto, Erro recorrió el extenso petitorio y describió algunas de las firmas que esperaban encontrarse con sus ojos, al final de la hoja.

La vida te da sorpresas…
En el momento de comenzar a articular alguna solución, el Dr. Erro nos dio la primer sorpresa. El Intendente del Departamento de Gualeguay argumentó que las Islas no eran de su jurisdicción. Resultó raro pensar que las islas serían territorio provincial sin estar asignadas a ningún gobierno local y, si bien era nuestra certeza, preferimos guardar prudente silencio, sospechando incluso algún cambio cartográfico.
El Dr. Erro dio por recibido el reclamo y después de una charla informal propuso un intento de solución. Su idea fue gestionar los medios necesarios para que los habitantes de las Islas Lechiguanas, pudieran llegar hasta la ciudad de Gualeguay en quince o veinte días cuando el Ministro de Gobierno de la Provincia de Entre Ríos, el Contador Bahl, llegara con motivo de la inauguración de un canal de drenado.Hasta ese momento dijo poner a disposición de los isleños, toda la asesoría letrada del municipio.
Así finalizó la primera etapa de una gestión cuyo único fin es la declaración de nulidad sobre esos contratos de comodato que de forma irregular y en algunos casos violentamente fueron celebrados, contra la propia voluntad y en perjuicio de los habitantes de las Islas Lechiguanas.
Ellos, los únicos dueños de esas tierras, necesitan apoyo para poder mantener su lugar, su hábitat y su estilo de vida, que no sólo no molesta a nadie, sino que tiene mucho para enseñar. Quizá sea una buena oportunidad para poder ayudarlos con la certeza de que a cambio aprenderemos muchas cosas nuevas abrazados por un cariño invaluable.

Llamado a la solidaridad
Se solicita dar con el paradero de Deltagro S.A. Fue vista por última vez en la década del 90 cuando utilizando como garantía las Islas Lechiguanas se endeudó enormemente con el Banco Provincia para posteriormente declararse en convocatoria, provocando que el propio estado bonaerense tenga que hacerse cargo de esa deuda.
Se tiene la certeza de que sigue con vida ya que algunas personas aduciendo ser de dicha empresa, se hicieron presentes en las Islas Lechiguanas para urdir un engaño que permitiese acreditar su supuesta propiedad sobre esos territorios. En el domicilio legal que figura en el contrato, cuya dirección es Avenida Córdoba 315 6º Piso, se encuentra la empresa CGI. Integrantes de dicha firma dijeron que Deltagro y CGI comparten el mismo grupo empresario y que desconocen donde se puede encontrar físicamente la oficina de Deltagro.
Cualquier persona que pueda proveer algún tipo de información al respecto acercarse o comunicarse por cualquier vía con La Opinión Semanario. Desde ya muchísimas gracias.

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