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jueves, abril 22, 2021

Aguilar manifestó preocupación por los museos, que estarán a cargo de Marisa Corvalán

El exdirector de Cultura hizo pública una nota en la que expresa su descontento por la decisión de apartarlo del cargo, habla de “chicanas políticas” y “operaciones mediáticas”, vuelve a reconocer que cobraba bonos contribución que no tenían autorización y expresa que quiere entregar las llaves de los museos, que estarán al frente de la exdirectora de Turismo, que es empleada municipal.

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El Gobierno municipal designó a la exdirectora de Turismo de la era Barbieri, Marisa Corvalán, al frente de la coordinación de museos. Lo hizo antes de que José Luis Aguilar hiciera pública una nota en la que dice que quiere entregar las llaves de esos espacios culturales que tuvo a su cargo hasta que fue expulsado de la Dirección de Cultura por el intendente Giovanettoni.

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La decisión es que Corvalán pase a coordinar ya no sólo el museo histórico Fray José María Bottaro sino el resto de los que están bajo la órbita municipal: el buque Irigoyen, el Paseo de los Túneles, el Centro de interpretación de Flora y Fauna de Obligado, el museo de sitio de la Batalla histórica, y el cerrado durante la gestión Aguilar “por falta de personal” Museo de Tecnología Agropecuaria de Gobernador Castro.

A Corvalán la acompañará otro empleado municipal que trabajó cerca de Aguilar, que sumará su experiencia a la que trae la licenciada en Turismo cuya gestión posicionó a San Pedro como destino en el país.

La política y el Estado
Aguilar envió una nota a los medios en las que habla de sí mismo y del Estado como si no hubiera sido un funcionario político con responsabilidades institucionales designadas por autoridades tan políticas como él.

El exfuncionario, que sigue al frente del Grupo Conservacionista de Fósiles que gestiona de manera tercerizada por el municipio el Museo Paleontológico, aseguró que sintió “avasallamiento, menosprecio y animosidad personal” contra su función pública y sostuvo que ello atacaba “directamente” la tarea de sus colaboradores, a quienes ensalzó por hacer lo que él no hizo: trabajar voluntariamente y sin cobrar un sueldo político por ello.

Habló de “miserias políticas y chicanas de escaso vuelo intelectual” y  se refirió a “innumerables trabajos personales de cada uno de nosotros que nunca fueron pagados por gestión municipal alguna”, trabajos en los que se incluyó –los hizo, nadie lo duda, pero siempre cobró como funcionario– porque “excedían su horario”, como si un político los tuviera.

Anoticiado de que el nuevo Director de Cultura Leonardo Pascual y el Secretario de Desarrollo Social Nicolás Macchia están reorganizando el área, Aguilar cuestionó: “Se están rifando estos lugares a empleados que sólo buscan una categoría más, sin saber, siquiera, qué forma tiene el barco o dónde se prende la luz en Obligado”.

En ese marco, le deseó “lo mejor” a quien lo reemplaza pero criticó que habrá “cuatro personas para hacer el trabajo que, hasta hace un mes, hacía una sola”. Hasta el momento, sólo se sabe que Corvalán hará su tarea. El resto del personal hará todo aquello que Aguilar nunca hizo para el desarrollo de la cultura local, o al menos esos son los planes: en poco tiempo Pascual recompuso relaciones con organizaciones y personalidades del arte y la cultura que Aguilar había descuidado o que estaban desgastadas por el paso del tiempo y se contactó con el Ministerio de Cultura de la Nación que conduce Teresa Parodi.

“Me llevó 17 años, junto a mi equipo, el armado de una logística de investigación, investigadores y asesoramiento que a nadie del Estado Municipal le importa saber que, desde hoy, se podría comenzar a paralizar y perder”, dice Aguilar en su texto para manifestar su preocupación por el futuro.

A juzgar por sus palabras, no es el único futuro que le preocupa: “A pesar de todo mi esfuerzo, nada se me ha reconocido y hoy soy un desempleado más (a pesar de ver a muchos cobrando sueldos municipales por haber pegado dos afiches de campaña o por ir a tomar mates a la oficina de algún político)”, dice, sin recordar que él mismo fue “un acomodado político”, como todo funcionario elegido para ocupar un cargo por el dedo de quien gana las elecciones.

El poncho nunca apareció
En su nota Aguilar dice que hubo una “campaña mediática” para “sacarlo del medio”, cuando esa decisión era una potestad del intendente: su cargo, político y designado a dedo, es de esos a los que se ingresa con el texto de la renuncia firmado y a disposición del que manda, y él lo sabía, por lo que sorprendió en su nota su pretensión de ser considerado el sempiterno protector de la cultura local.

La “campaña mediática”, dice, se “armó con un medio local” que no nombra y es La Opinión. No sólo no nombra a este semanario, que puso el tema en tapa, sino que además  profirió comentarios desafortunados respecto a trabajadoras y trabajadores de este semanario, “el único de los casi veinte medios que tiene la ciudad, que se prendió de ese juego” y que es “casualmente, un medio en el que, dos de sus empleados, tienen relaciones personales con dos secretarios municipales” (la puntuación incorrecta es del texto original).

El comentario apunta a cuestiones privadas con las que el exfuncionario muestra su peor costado sexista e irrespetuoso cuando confunde roles que forman parte de prácticas que intentan desviar el verdadero motivo que hace que su acción o inacción se transforme en noticia: un acto de corrupción, malversación de fondos o de estafa, según establezcan quienes lo separaron de su cargo político.

Quizás no sepa que los periodistas hemos aprendido que en los gobiernos no tenemos amigos sino fuentes, como él propio Aguilar ha sido.
“La supuesta acusación tuvo que ver con el destino que le daba a los bonos contribución que desde siempre cobraron estos lugares”, reconoció Aguilar, quien sigue sin dar explicaciones sobre la percepción de esos bonos. Como publicó La Opinión, no existe ningún instrumento administrativo que los avale. Es decir, es dinero negro que no tiene mecanismo de rendición. Nadie puede saber con exactitud formal cuánto es y en qué se usa, porque no existe desde el punto de vista legal.

“Estos bonos son de donde se obtienen los magros (por no decir miserables) recursos con los que el municipio (todas las administraciones, incluyendo ésta) dejó a la deriva el mantenimiento, logística, crecimiento e investigación de todos los lugares creados”, dice Aguilar, lo que puede ser cierto pero sólo es comprobable creyendo en su palabra, y para su desgracia el Estado no es una cuestión de fe.

Aguilar dijo que la carta es “para contarle al sampedrino que nada me he llevado, nada me llevo y nada se me ha regalado. He dejado más que muchos de los que están en funciones y se me ha devuelto mucho menos de lo que he brindado a la ciudad”. Sin embargo, una vez más, el poncho no aparece.

Cuando La Opinión publicó esa nota, al menos tres producciones de programas de radio lo llamaron y José Luis Aguilar les dijo que no hablaría del tema. Si no siguieron preguntando no habrá sido por protegerlo. Los concejales que interpelaron a un intendente porque durante dos días se cobró en un camping con papelitos pintados no se preocuparon porque alguien haya hecho lo mismo durante siete años. 

Hasta el momento, este semanario no tuvo que rectificar ningún dato sobre la nota publicada. Después de todo,  de eso se trata este oficio.

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