Héctor Tufilli, el titular de la Agencia Marítima Saliva heredó de su suegro la pasión por hacer del pequeño puerto de San Pedro, una plataforma capaz de ofrecer al mundo la producción de su país. Desde la década del sesenta, formó cuanta comisión se generó para la construcción de silos, asimiló la privatización de la Junta Nacional de Granos, amplió horizontes en ciudades vecinas, abasteció a buques de todas las banderas y se especializó en formar nuevas generaciones en el conocimiento práctico de las condiciones especiales en las que se puede perseverar en una idea que parecía imposible pero que marcó un hito en la historia local: el embarque de cítricos de exportación.
“Preguntale al Pollo”, era una respuesta fácil y rápida para saber el exacto calado diario del canal de acceso, las marcas de la inundación o los problemas que podía prevenir ante la llegada de un barco.
Todas las comisiones vinculadas a la actividad del puerto, el acompañamiento de funcionarios para concretar gestiones o reclamos, seguimiento de empresas para que operen en la terminal fluvial local, siempre excedieron su oficio primario de ser el responsable de las necesidades de la tripulación que llega a bordo de cualquier embarcación.
Hasta hace poco permanecía activo y al frente de la empresa en la que su esposa acompañó cientos de proyectos, marcada porlos genes de su padre, el mítico Saliva que siempre ponía en marcha ideas en aguas movedizas que sus sucesores despuntarían en tierra firme.
Su hija Carolina y su yerno, Martín Lara completaron la tarea en tiempos de crecimiento de las comunicaciones y digitalización de la logística y las cargas.
“Pollo” se jugaba la vida con una raqueta en las canchas de tenis del Náutico. Allí puntualmente, cumplía con la terapia diaria de soltarlas preocupaciones en el golpe del encordado. Amante de la navegación, socio del Club Náutico y cultor del bajo perfil, comenzó a luchar contra las secuelas de un accidente cerebro vascular y se sobrepuso pero luego fueron muchos años de combate desparejo con distintas limitaciones que, sin embargo, no le impedían opinar, enseñar, orientar y disfrutar de sus nietas. En silencio, partió el pasado viernes.
La Opinión acompañó los años más pujantes del empresario que había entendido que los medios de comunicación eran el modo de concientizar a la población y mostrar a los funcionarios que toman las decisiones, la importancia de mantener en marcha una terminal fluvial sin las complicaciones propias que ocasionan las que están emplazadas en ciudades más complicadas.
Un reconocimiento a la familia y un recuerdo que ya ganó un espacio en la historia del crecimiento de la ciudad es ineludible.

:format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/laopinion-static/images/logo.png)