Escuché la sesión del Concejo Deliberante de San Pedro. Una total decepción e indignación por el triste espectáculo brindado por el justicialismo sampedrino, y cuando uso este término es para distinguirlo de lo que pueda ser peronismo, mucho menos kirchnerismo. Pero no quiero hacer el análisis desde la óptica partidaria, porque eso es totalmente relativo. Quiero analizarlo desde la ética y la vocación política escrita con “p” mayúscula, aquella que busca implementar políticas para mejorar la calidad de vida de la sociedad.
Conocí muy bien el grado de corruptela generalizada de la clase política argentina y sampedrina en la época del 90’. Me volví a Brasil asqueado del negocio en que se había convertido la gestión de la cosa pública. No estaba dispuesto a negociar mis ideales, y elegí el autoexilio como forma de preservar mis utopías.
Cuando Néstor ganó con aquel 22 por ciento yo no voté. Me duraba todavía el atragantamiento del 74’, en el que tuve que votar la fórmula Perón-Isabel. Esperaba que el patagónico no fuese un títere de Duhalde. Pero desconfiaba de él como de cualquier político. Hasta que uno vio que actuaba guiado por sus ideales, y no por sus conveniencias, y que tenía las bolas bien puestas. En las elecciones del 2007 terminó mi ayuno electoral, y la voté a Cristina con plena convicción.
El 2003 fue una bisagra en la historia argentina y del movimiento nacional y popular; se retomaron las banderas del primer gobierno peronista, el de Perón-Evita. Y la experiencia fallida del 73’ volvió a intentarse en el 2003, esta vez con éxito, aunque el parto sea doloroso y difícil.
Ahora bien, esto que se da en la macropolítica no sucede ni un poco parecido en la patria chica, a nivel local. Allí cada lugar es una historia y la vieja burocracia consigue artimañas para sobrevivir dentro de una partidocracia que lamentablemente continúa. Los sellos sólo sirven para figurar. Los cargos, para aprovecharse de ellos, en lugar de servir.
No importa la historia ni el origen del político: lo que importa es su práctica política. Hoy ha habido humo de negociata, y lo que es peor, la actitud de no dar la cara y huir del debate de asuntos muy serios, como son la malversación de los dineros públicos, la falta de transparencia, la falta de asumir o responsabilizarse por lo que hicieron.
Lamentablemente, y vaya a saber en nombre de cuáles promesas o prebendas, el PJ resolvió embarcarse en algo que tiene sabor a robo a mano armada. Los verdaderos militantes del Movimiento Peronista que hoy responde a la conducción de Cristina saben que estos tipos, aunque la invoquen, no tienen nada que ver con el proceso que ella conduce. Sin embargo, no es ella quien debe resolver la cuestión sino los ciudadanos de San Pedro, que votaron mayoritariamente tanto a Guacone como a Monfasani.
Confío en los jóvenes K e inclusive de otros partidos políticos, a quienes me permito sugerir que se movilicen para cuestionar sobre el déficit en las cuentas municipales, y la rendición de cuentas que debe ser dada a la gente. Bajo el lema “Transparencia en la rendición de cuentas”, exigir el debido respeto a la ciudadanía. E inclusive reclamar de las instancias provinciales el debido control que, según parece, ha sido bastante fallo, sino cómplice. Ya es hora de que en San Pedro la historia la escriba la gente y no los burócratas.
Eduardo Flores, desde Brasil
LE 4.685.785
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