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miércoles, enero 26, 2022
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2021: el segundo año que vivimos en pandemia, entre el dolor y la esperanza

Pasó 2021. El segundo año de la pandemia. El año de la segunda ola. El de las pérdidas irreparables. Pero también el de la esperanza de alcanzar la inmunidad que permita sino volver a la normalidad conformar una nueva que nos encuentre cercanos.

 

El año comenzó con un brote posterior a las fiestas y el arribo de las primeras vacunas. Eran tiempos en los que muchos no estaban convencidos de la eficacia y los intendentes se vacunaban primero para dar el ejemplo.

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Luego, cuando vacunarse contra el coronavirus COVID-19 era un imperativo, estalló el escándalo del vacunatorio VIP, que tuvo su coletazo en San Pedro, donde el Gobierno provincial dispuso la creación de un Equipo especial para el Vacunatorio, coordinado por una joven de La Cámpora que demostró a lo largo del año su responsabilidad en la tarea pero que comenzó cuestionada no tanto por su edad sino porque su designación desplazó a quienes venían trabajando en la primera línea de la lucha contra la pandemia y esperaban ser quienes tuvieran a su cargo la siguiente etapa de esa titánica labor.

El secretario de Salud, Guillermo Sancho, fue a una serie de reuniones en Provincia y volvió desencantado. A fines de enero dejó su cargo con el argumento de que se venía la implementación de la ley de interrupción involuntaria del embarazo y no quería ser un obstáculo, puesto que convicciones íntimas lo ponían en un lugar incómodo al respecto. Su lugar lo ocupó el pediatra Daniel Creus, que volvía al cargo tras una experiencia de apenas dos meses duarante el interregno Giovanettoni en 2015.

Le tocó a Creus ser la máxima autoridad sanitaria durante la segunda ola, que provocó en el año 183 fallecimientos.

Hubo momentos tensos porque durante buen parte del año los datos no estuvieron disponibles y Creus insistió mucho en que “la estadística es una ciencia difícil que no es para cualquiera”, ante la solicitud de esa información.

La falta de precisión alcanzó al vacunatorio: fue muy difícil durante varios meses obtener detalles sobre la aplicación de las vacunas en el distrito.

Finalmente, en medio de la segunda ola, el Gobierno decidió dejar de informar los datos filiatorios de las víctimas de la pandemia.

Nombres, apellidos e historias de vecinos que aquí en el pueblo tienen sus familias, amigos y lugares comunes que han compartido. Para La Opinión, estos sampedrinos no podían ser anónimos puesto que día a día cuesta incluso reconocer en textos las identidades que a veces enlutan y golpean hasta dos veces a un mismo hogar. Gracias a los allegados a cada uno de los vecinos y vecinas cuyas vidas truncó el coronavirus, esas historias pudieron ser contadas.

El Hospital tenía su área de internación en obra, por lo que hubo que alquilar habitaciones a la clínica San Pedro, que luego cerró, y disponer un “centro de internación” en ANDAR.

Las escuelas cerraron y las familias siguieron recibiendo viandas hasta fin de año. La “presencialidad cuidada” pasó a nula y luego a plena, conforme pasaba la segunda ola.

Las medidas sanitarias implicaron muchas actividades restringidas y los comerciantes se reunieron en caravana para quejarse porque no aguantaban más. Muchos bajaron la persiana.

Mientras tanto, las fiestas clandestinas estaban a la orden del día y una de ellas provocó la indignación generalizada: la “Fiesta de los Mamelucos” en la que un grupo de jóvenes celebraron un cumpleaños vestidos con mamelucos sanitarios que utilizaron acaso por prevención pero que fue tomado como una burla por los soldados de la pandemia que arriesgaban a diario su vida para enfrentar la enfermedad y sus consecuencias.

Cuando las restricciones se flexibilizaron hubo alivio. Para octubre, la Fiesta de las Colectividades fue multitudinaria. El turismo volvió a la ciudad, como en el verano, y el panorama general mejoró.

Aun así, a fin año las autoridades sanitarias advirtieron por el rebrote y la necesidad de vacunarse. Cuando 2021 cerraba, había más de 10 mil sampedrinos que no se habían aplicado la segunda dosis.

Un año de dolorosas despedidas

Este 2021 fue un año en el que además de los vecinos y vecinas que perdieron la vida en la pandemia, fallecieron personalidades a los que la comunidad recordó especialmente. Uno de ellos, claro, fue el expresidente Carlos Menem, cuyo deceso trajo al recuerdo las veces que pasó por San Pedro, entre ellas la intempestiva visita a una edición de la Fiesta del Durazno. Las Canaletas tiñó de luto a todo el pueblo con la pérdida del enorme artista Juan José D’Estéfano. La educación perdió a Luis Tito Franzoia, pionero entre los profesores de Educación Física. También dejó este mundeo la concejala Patricia Rocca, cuyo nombre lleva ahora la sala de reuniones de Comisión del HCD, en homenaje a una de sus grandes virtudes políticas: la generación de consensos. La luchadora por los derechos de los pacientes oncológicos Karen Batle también se fue este año, al igual que Félix Ríos, paciente con ELA cuya familia reclamó hasta el último día por la asistencia digna que el Estado debe a los pacientes, especialmente a los de PAMI.

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