Si intentamos definir qué es la historia, bien podríamos decir que es la ciencia que tiene como objeto de estudio el pasado; también llamamos historia al pasado mismo y el término historia es además el equivalente al cambio del tiempo.
Es decir, que en este Bicentenario celebramos, conmemoramos, festejamos y revivimos 200 años de pasado que dieron paso al presente, 200 años de cambios.
¿Por qué no abrazarse entonces a la memoria en si misma? ¿Por qué no respetar el recuerdo de los militantes de las convicciones que creyeron necesario defender el territorio, empezar a echar a los usurpadores que mandaban desde el extranjero un país que merecía ser nuestro? ¿Quién se adjudica la intelectualidad del festejo? ¿Quién se apropia de centenares de días construyendo una nación? ¿Quién se apodera de la libertad de creer que no hay que festejar? ¿Quién se anima a bautizar un Bicentenario como un fin de semana largo? ¿Quién se hace cargo de justificar la falta de patriotismo con el enojo de los que se fortalecieron con nuestras decisiones en las urnas? ¿Quiénes se atreven a negar que este festejo nos recuerda que tenemos un país a nuestro cargo, que somos libres pero que no debemos rematar nuestras responsabilidades a manos del mejor postor? ¿Quiénes se creen que son para ningunear, para vapulear, para usar, para olvidar los motivos que nos hicieron argentinos?
Este festejo, esta fiesta, es de todos los que creemos que se puede seguir construyendo en el presente sobre las bases de un pasado que nos desborda de experiencias para seguir poniendo a fuerza de voluntad los ladrillos que hagan falta en el muro de futuro.
Este festejo es de todos y no lleva nombres ni apellidos por más resonantes que sean.
Festejemos por nuestros abuelos, por nuestros antecesores, por nuestros padres, por los que sembraron las tierras, por los que cultivaron nuestras ideas, por los que pensaron en nosotros en épocas de carretas y plumas bien cargadas de sana tinta; por los hombres que perdimos en nombre de la guerra y la miseria, por las mentes brillantes que descubrieron los remedios para nuestras enfermedades; por los que dejaron impresos los hechos para que no los olvidemos; por los atletas que saltaron más alto, corrieron más fuerte para alcanzar una alegría para repartir entre todos, por que vistieron nuestras camisetas y nos unieron en algún gol; por los docentes que construyeron valores educando; por los gobernantes que llegaron al poder sin aliarse a la corrupción; por los que dieron su vida por el Estado de Derecho; por los trabajadores que hicieron crecer al e país con dignidad; por La Gaceta y todos los diarios que escribieron su verdad; por los que intentaron hacer justicia por las tierras saqueadas a los pueblos originarios; por los que no olvidan que Patria es más que territorio e identidad es mucho más que dinero.
Saquemos las banderas, prendamos en nuestras ropas las escarapelas, asumamos la responsabilidad de ser argentinos y abracemos fuerte a la idea de convivir con la memoria, condenando nuestros propios errores para no repetirlos. Recuperemos la memoria libertaria para sentir que somos Pueblo.
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