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sábado, febrero 27, 2021

20 kilos en plantas de marihuana y el debate sobre el autocultivo

La DDA encontró 9 plantas en dos allanamientos. En ambos casos, plantearon que se trataba de marihuana para consumo personal pero a la hora de “pesarla” contabilizaron tallos y raíces. El debate sobre las libertades individuales. El autocultivo como forma de evitar el narcotráfico. Testimonio de un joven que cultiva para fumar y cayó preso acusado de vender drogas.

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L La semana pasada, en dos allanamientos la Dirección Antinarcóticos secuestró plantas de marihuana. Cuatro en uno y cinco en otro, formaron parte de lo que algunos quisieron llamar “golpe a las drogas” pero que no fue más que la disposición de múltiples recursos del Estado para perseguir a consumidores y autocultivadores, personas que eligen fumar esa droga que, al contrario de otras como el alcohol y el tabaco, no goza de (tanta) publicidad y permisividad.

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Los allanamientos sumaron uno “9 kilos” y el otro “11,5”, porque pesaron todas las plantas y provocaron preguntas del tipo “por qué los soltaron si tenían tanta droga, mientras otros -como la narcodocente y consejera escolar Silvina Sampol- los mantienen presos, a pesar de encontrarles mucho menos”. Es que el peso de las plantas no es lo mismo que el peso de la droga lista para vender.

Llamativo es que ambos procedimientos dieron con los ejemplares de cannabis sativa de casualidad. Al primero -sobre el que esta nota hará eje porque el acusado se sentó frente a dos periodistas de La Opinión para contar su versión- llegaron una tarde luego de que por la mañana el joven allanado redujera a uno de dos ladrones que rondaban el techo. Al segundo, porque iban a buscar armas vinculadas a otros hechos y se encontraron con el follaje que asomaba a la calle.

El hallazgo de cuatro plantas en el primero de los operativos y cinco en el segundo devolvió a la ciudad un debate que está presente en todo el país y que ya fue zanjado en otros, donde la despenalización del cultivo y tenencia de marihuana para consumo personal es una realidad a la que los estados apostaron para evitar desplegar una multiplicidad de recursos para perseguir al que consume en lugar de abocarse a lo importante, los que venden y alimentan un circuito criminal que abona otros negocios, en muchos casos incluidos los de la política.

“Tu nombre me sabe a hierba”
“Jamás vendí, jamás le convidé a alguien que no fume. Yo fumo desde hace mucho tiempo y tengo las plantas para no joder con los transas”, dijo a este semanario el joven de 32 años detenido el lunes de la semana pasada y liberado 48 horas después.

Sobre él pesa una causa que investiga si la marihuana que cultivaba y que estaba a punto de cosechar era o no para vender. La tenencia está probada y la ley la reprime con 4 a 15 años de prisión y una multa que se fija “en australes”.

En 2009, cuando la Corte Suprema emitió el famoso fallo Arriola, la jurisprudencia dejó asentado que la mera tenencia no es motivo para encausar; luego, una decisión judicial basada en esa anterior hizo lo propio con el autocultivo. Según el Máximo Tribunal, solo se pueden sancionar dos situaciones: el tráfico y el daño a terceros.
“Jamás en mi vida me gustó salir a comprar y no me parece”, dijo el joven, cuya casa fue allanada luego de que los propios delincuentes que atrapó en los techos denunciaran que tenía “70 plantas” que finamente eran cuatro.

“Si tenés que salir a comprar, tenés que hacerlo al mismo que vende cocaína, en las villas”, aseguró y relató el caso de un amigo suyo al que golpearon para robarle en Rosario, “por ir a comprar un pedazo de marihuana prensada”, de mala calidad y muchas veces dañina para la salud.

“Yo no hago apología, no es mi interés. Es una decisión personal, de mi ámbito privado. Yo ni fumo en la calle”, aclara.

“Están hablando del faso”

Los dos grandes reclamos en torno a la marihuana son la despenalización y la legalización. La primera, procura evitar que el consumidor sea perseguido por la ley como tal; la segunda, la producción y venta libre.
“No criminalizar” al que consume; no usar recursos del Estado para perseguir “al más débil”; y “crear buenos centros de asistencia” fueron ejes que planteó el extitular de la Sedronar, el organismo dedicado a las drogas en el Gobierno nacional, el cura Juan Carlos Molina, funcionario del área en la era Cristina Fernández de Kirchner, quien durante su gestión sostuvo que el principal problema de drogas con la juventud en el país es el alcohol.

El testimonio del detenido y liberado que recibió La Opinión guarda puntos de contacto con la posición del sacerdote, que reniega de la idea que automatiza la vinculación entre “delincuencia y drogas”.

“Nunca había estado en la comisaría más que para denunciar algo”, dijo y contó que tuvo momentos tensos con los “compañeros” de celda, detenidos por homicidios, robos calificados, en poblado y en banda.

Un operativo “de olor raro”

Al domicilio de calle San Martín al 600 llegaron personal de Fiscalía, DDA, DDI y Comisaría. Arribaron sin orden de allanamiento, ya que la medida fue dispuesta “de urgencia” por la Fiscala Ramos ante la denuncia que hizo en su declaración el ladrón atrapado en los techos durante esa mañana. Había dicho que en ese lugar había un cultivo de más de 70 plantas de marihuana y que sabía que vendían en frascos de flores.

“No sabían ni lo que tenían que cortar, pesaron las ramas, hasta el tronco. Se llevaron todos los frascos, incluidos los que tenían tornillos, porque en ese cuarto estaban mis herramientas”, contó y agregó que la famosa balanza que se llevaron estaba en la alacena porque su novia la usa para cocinar. “Estaba arriba de 70 recetas, es una balanza de Amodil que pesa estimativamente, no es una balanza de precisión”, sostuvo.

Señaló que había un cantero con tres plantas y otro con otra. Sobre los 9 kilos informados, aseguró: “Son tantos kilos porque no tienen ni idea, o saben y lo hicieron a propósito.

En su defensa, argumentó que no hay escuchas telefónicas que lo incriminen ni testimonios de vecinos que permitan sospechar que andaba en algo raro. “Jamás vendí un frasco de flores, los hago para mí”, dijo y añadió: “Hablaban de un secadero, yo tengo un cuarto con herramientas donde colgué diez ramas en un tender, porque a la planta le faltaba todavía”.

De su casa, además de las plantas y los cogollos que estaba secando, se llevaron frascos que usaba como vasos, un velador viejo y la balanza. Revolvieron toda la casa buscando otras drogas y armas, que no encontraron.

“A mí me arman una causa por venta de drogas, sin averiguar, sin investigar. Soy el único boludo que vende drogas y no tengo casa, auto, no me voy de vacaciones”, señaló el allanado.

“A quién le importa si yo cuido mi flor”

“La planta, como cualquier otra, pasa de crecimiento a floración, según la luz solar cambia de ciclo, en crecimiento necesita 18 horas de luz y en floración, 12”, dijo con voz de experto el joven y aclaró que todo lo que sabe lo aprendió a través de internet y comprando la revista THC, “la revista de la cultura cannábica”, dedicada al tema y de venta libre.

“La marihuana es una caña, crece mucho. Lo que yo tenía eran chiquitas a propósito, para que no se vean”, dijo, en tren de seguir los consejos de los que más saben: “Si tenés vecinos caretas, por las dudas no dejes que las plantas aparezcan por encima de los tapiales”.

Relató que dependiendo de cómo se cuiden, las plantas pueden alcanzar hasta cinco metros de alto por siete de ancho. Él las tapo para evitar que siguieran creciendo.

Los consejos para el buen cultivo indican que hay un período en el que hay que reconocer las “preflores” denominadas “macho” de las “hembras”, para cortar las primeras y evitar la polinización, lo que haría que haya más semillas y menos flores, que es lo importante.

“Después se corta la rama, se sacan todas las hojas y se saca el cogollo, quedan los pomponcitos, se sacan y se guardan en frascos, en bolsas, en lugares donde no los agarre la humedad”, contó el cultivador local.

Además de las propiedades paliativas y medicinales cuyo uso se extiende incluso en los Estados Unidos, se destaca el caso del padre de una paciente epiléptica que logró una medida judicial para mantener su plantación particular y preparar las dosis que necesita su hija para disminuir la convulsiones que sufre diariamente. En Villa Gesell la familia Valumbrales espera que en Argentina se tomen las mismas decisiones que en Uruguay donde el cultivo para consumo está despenalizado.

El ciclo natural de crecimiento de cannabis sativa dura seis meses. En ese período, como a todas las plantas, a la marihuana le pueden suceder muchas cosas. Por eso hay que usar “remedios para evitar las enfermedades de las plantas, y vienen productos que no dejan residuos. Todo es de venta libre. Se le pone guano para que florezcan, como cualquier otra planta, son cosas que se compran en cualquier vivero”, explicó.

“Depende de cómo hagas el proceso es lo que vas a sacar, de gusto, que no piquen, que no hagan toser, que no te hagan mal”, dijo y reconoció lo que los investigadores confiaron a La Opinión: su cosecha prometía ser “de la buena”.

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