104 años de una ciudad que miraba al cielo
San Pedro cumple un nuevo aniversario, en medio del debate sobre el crecimiento urbano. De las casas bajas a las torres, de los edificios históricos a las demoliciones sin ton ni son, un recorrido por antiguas imágenes del patrimonio edilicio local, para no olvidar y conservar la identidad local mientras pensamos el futuro.
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*Fotos gentileza Centro Estudio Histórico (Sr. Chiodini y Marzoratti)
Del pueblo bajo a la ciudad actual que proyecta edificios, San Pedro ha visto cambiar su fisonomía, algunas veces conservando el patrimonio histórico que nos relata la vida de antaño, otras borrando de un plumazo la imagen que sólo nos puede traer la memoria de nuestros viejos que, al igual que muchos edificios que signaron la cotidianeidad local, van desapareciendo para ser apenas un recuerdo fotográfico. Estos 104 años desde que se firmara el decreto que en 1907 puso a San Pedro en el mapa de las ciudades de la provincia de Buenos Aires coincide con el debate sobre la ciudad que queremos para el futuro. Con la vista puesta en el presente y sin dejar de anclarnos en ese pasado que constituye el basamento de nuestra identidad, queremos desde La Opinión invitar a recorrer algunos de esos espacios míticos que caminaron los abuelos y que ya no están, como ellos. Conservar el patrimonio histórico y cultural de un pueblo es conservar la identidad, esa que emergió con los primeros habitantes y que, como la ciudad, se va construyendo a diario, con el aporte de todos y cada uno de los que llegaron con Juan Humanes y siguen llegando a estas tierras para forjar sus sueños. La memoria colectiva vive en el patrimonio arquitectónico, como testigo de la cultura que heredamos. Sombra del pasado sobre la que miramos el presente y construimos el futuro, conforma el sentido de pertenencia que no abandona al que lejano ve una postal o una foto en el Facebook y sabe que esa es la esquina de su pueblo, y puede contar las cuadras hasta ese otro solar donde la primera novia accedió al primer beso o acaso ofreció el último. Las comunidades comparten ese espacio urbano que recorren y que es histórico, simbólico, porque cada una de ellas tiene sus particularidades, aun cuando se las compare y pueda decirse que nada tienen de especial, esos edificios que acompañan a las generaciones establecen la coloratura única con que la panoplia de los recuerdos pinta el paisaje de la sampedinidad. Hoy se ven edificios de departamentos erguirse por sobre los techos bajos de las antiguas casas y renace la polémica que obliga a preguntarnos cómo, hacia dónde y con qué costos queremos crecer como ciudad. 104 años después, el país llega a este pueblo para buscar el verde más cercano, la ensaimada, la quietud de las tardes en el Boulevard, el cielo abierto por sobre las cabezas. Nos queda a los sampedrinos hacernos cargo de pensar y hacer ese futuro, desde este presente que no puede renegar de su pasado sino que debe llevarlo consigo como tesoro impostergable. Panorámica de antaño El San Pedro de casas bajas va modificándose de a poco. En algunos casos, no sin haber destruido parte de ese patrimonio arquitectónico y en otros sumando a la necesaria expansión urbana. La imagen de la panorámica que se reproduce en estas páginas da cuentas de ese cielo que la ciudad ofrecía a la vista, con el Palacio Municipal y la Iglesia Mayor como únicos grandes exponentes de altura. Esa foto está tomada desde la esquina de las actuales calles Salta y Perón. Una postal que regresa Con la declaración de San Pedro Ciudad nació el emblemático Club Naútico. Posta obligada de la Perla del Paraná, tenía una antigua bajada de tierra, con una vereda a la izquierda, que limitaba con una plazoleta con árboles donde hoy está la cancha de tenis. Allí hubo un adefesio con escalinatas que fue destruido para que el paisaje recobre en buena parte la misma fisonomía de aquella época. Una plaza para ver el cielo La rediseñada plaza Belgrano está íntimamente ligada a la historia local. Originalmente Plaza del Mercado, estaba ubicada frente al antiguo mercado de la ciudad, por ello su nombre. Un mes después de la declaración de Ciudad, el por entonces intendente Filiberto de Oliveira Cézar manda levantar la columna de granito que la presidió hasta su reformulación en 2007. La intención del Jefe Comunal en 1907 era perpetuar ese ascenso del pueblo, por lo que el lugar fue rebautizado Plaza de la Ciudad hasta 1920, fecha en la que al cumplirse el centenario de la muerte del General Manuel Belgrano cambió la denominación para homenajear al prócer. Como puede apreciarse en esta imagen de 1913, donde los añosos árboles que hoy cubren la plaza apenas estaban apareciendo, el cielo domina la ciudad. Enfrente, históricos edificios de los que algunos mantienen aún la fachada, como la esquina de La Palma, y otros que con los años se han modificado, perdiendo esa característica histórica que puede verse aquí. Esquina bancaria En Mitre y Fray Cayetano Rodríguez, donde hoy funciona la Liga Deportiva Sampedrina, estaba este antiguo solar. Allí funcionaron el Banco Industrial primero y el Banco Español del Río de la Plata después. La estética de esa esquina ya no es la misma. Del baratillo a la peatonal Antes de tierra y barro, hoy Peatonal del Centenario. En esta imagen, tomada desde donde hoy funciona el bar Butti, se ve el edificio del actual bar Los Girasoles. Desde siempre transitada, esa esquina de la antigua calle de la Estación tenía al Baratillo Los Andes como atractivo comercial ineludible, donde luego estuvo el cine teatro Iris. Patrimonio conservado En la esquina de Salta y San Martín todavía permanece intacto el imponente edificio donde funcionaba el Banco de la Nación antes de trasladarse en 1910 al Casco Histórico. Hoy, con su antigua fachada conservada, hay allí una agencia hípica.
