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viernes, junio 18, 2021
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Tres de cada diez motos secuestradas tienen escape libre

La presencia de motos con escapes libres y contraexplosiones está a la orden del día. Se trata de una de las problemáticas más difíciles de contener y existe un alto promedio de vehículos que circulan de esa manera. Los reclamos no son por las motos que vienen de fábrica, sino sobre quienes alteran su sistema sólo para molestar.

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Mediante un relevamiento efectuado por La Opinión y tomando como referencia los operativos que la Dirección de Tránsito efectúa junto a la Policía, se obtuvieron resultados que reflejan una cruda realidad: las motos de distintos modelos y cilindradas que generan todo tipo de ruido a cualquier hora y momento del día se ha transformado en una de las principales problemáticas que genera reclamos y malestar en la comunidad.
Por más medidas que se intentan tomar, es muy difícil poder controlar la situación. El transitar de motos con escapes libres o contraexplosiones se percibe a toda hora. Un particular caso ocurrido semanas atrás, cuando una moto circuló por la zona céntrica durante más de tres horas con la ensordecedora moda, alteró varios ánimos.
Desde la Inspección general informaron que de cada diez motos que se secuestran, tres tienen escapes libres. A los conductores se los infracciona y se ordena la inmediata destrucción del ruidoso dispositivo.
Desde hace tres semanas los controles callejeros se han intensificado pero las propias limitaciones que hoy padecen algunas áreas del ámbito municipal, el poco y mal calificado personal con que cuenta, los horarios, los cambios de autoridades policiales, la irresponsabilidad de los jóvenes y también de los padres –en muchos casos se trata de menores de edad– parecen complementarse a la perfección para que este tipo de modalidades no disminuya.
Se calcula que en la ciudad hay unas 20.000 motos aptas para circular, de las cuales 10.000 están patentadas y otras 10.000 lo hacen de forma irregular.
En definitiva las motos son un ejemplo del grave problema social y cultural existente, ya que generalmente los propietarios son menores de edad que necesitan desplegarse, hacerse escuchar y no encuentran cabida en ninguna actividad que los contenga, aunque no por ello debería permitírseles que falten el respecto a los demás.

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Cada vez son más
Consultados quienes se dedican a la mecánica de este tipo de rodados, coinciden que cada vez son más las consultas que reciben sobre la instalación del polémico sistema.
En su mayoría, al menos los mecánicos más reconocidos y que poseen talleres en la zona urbana, aseguraron que se niegan a efectuar este tipo de trabajo para no tener inconvenientes y porque saben que van contra la ley.
“Es una trabajo que no garpa”, dijo uno de ellos. “A una moto con escape libre o contraexplosión hay que atenderla constantemente y según la demanda no hay tiempo para asistirla a diario, porque además es un capricho del cliente donde se le debe modificar la ‘vida normal’ de la moto por algo que genera solo molestias”, agregó otro.
Uno de los mecánicos consutlados por La Opinión aseguró que “porque una moto tenga escape libre o contraexplosiones, no va andar más rápido”.
“Para tirar contraexplosiones o cortes como le dicen, se debe producir una variación en el sistema eléctrico del rodado”, explicó y detalló: “La mayoría de las motos son 110 y se necesita un buen escape, se acelera a full en neutro y apagando y prendiendo la moto. Hay otros pibes que le ponen un botoncito para que haga cortes”.
Las ventajas que se pueden obtener, aunque son relativas, son que se descarboniza más rápido el motor, y las desventaja principal es que se queman más rápido las válvulas.
La “fabricación” de este tipo de sistema, en su mayoría, es de tipo casero, por lo que se complica a la hora de inspeccionar talleres y controlar motos. Los jóvenes se reúnen en cualquier garaje y con pocas herramientas y material en cuestión de horas dejan listas las motos. Así ahorran tiempo y dinero.

Molestias y problemas de salud
El punto en cuestión es aceptable debido a que los ruidos molestos generan perturbaciones auditivas de importancia e irritabilidad en el ánimo de cualquier vecino.
El ruido tiene diversos efectos. El más conocido es la hipoacusia o disminución de la audición, que se produce ante la exposición a sonidos fuertes durante breves instantes.
En el caso que nos ocupa, son unos 130 decibeles durante un minuto los que se perciben, mientras que se considera que 50 decibeles es el límite superior tolerable.
A todo esto, y debido a su ubicación, se le suma el daño que causa a los pacientes de las clínicas y hospitales, a toda persona que necesita de descanso y tranquilidad en su domicilio, en la oficina, en cualquier sitio y en la calle misma.
Sin ir más lejos, basta con sentarse en la vereda de cualquier bar céntrico de la ciudad y se podrá apreciar que, a cualquier hora, los jóvenes esperan llegar hasta donde están las mesas para accionar el sistema.
Los jóvenes de por sí son rebeldes, les apasiona circular por el borde de la cornisa desafiando las normas. Pero no queda otra que tomar medidas y hacerles entender que lo que para ellos es una diversión, para el resto de los vecinos no, y que ocasiona todo tipo de trastornos y molestias.

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