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San Pedro
viernes, marzo 5, 2021

Qué sucedió cuando asesinaron al policía Reyna

Seis meses pasaron de la trágica tarde que enlutó a la ciudad. El 26 de noviembre de 2013 perdía la vida a manos de delincuentes el Teniente Juan Gabriel Reyna, baleado a sangre fría dentro de la Joyería Taibo. En un trabajo de varias semanas, La Opinión reconstruyó la secuencia de hechos que terminaron con un efectivo muerto, varios heridos, un policía implicado y promesas en memoria del caído, que nadie cumplió. El lunes, sus compañeros organizaron un homenaje colocando una placa con su nombre dentro de la Comisaría.

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El pasado lunes 26 de mayo se cumplieron seis meses del fatídico martes de noviembre en el que perdió la vida el Teniente de la Policía Juan Gabriel Reyna, cuando intentaba evitar un robo dentro de la Joyería Taibo.
La causa, en manos de la Doctora Gabriela Ates sigue su curso, mientras los tres delincuentes -Lucas Martín Balcaza, Facundo Hernán Díaz y Mario Rubén Domine Siebens- continúan detenidos de manera “preventiva” en San Nicolás, hasta que el expediente sea elevada a Juicio.
Gastón “Chizito” Cabrera, acusado de “alojar” a los delincuentes –algo que finalmente no se comprobó y por ello fue liberado- murió producto de una agresión y Manuel Antonio Frías, el policía sospechado de formar parte de una asociación ilícita con delincuentes, y en cuya casa se encontró un verdadero arsenal de armas de fuego, está en libertad.
Este semanario reconstruyó la tarde en la que el nicoleño Gabriel Reyna entregó su vida para proteger la de un sampedrino.

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Un día más…
Eso parecía ser el martes 26 de noviembre, un día más… No para la policía de San Pedro, que fue sometida durante la tarde a una ronda de reconocimientos ordenada por el Fiscal Marcelo Manso que, luego derivaría, en la detención del policía Facundo Actis. Pero esa es otra historia en la que todos hablaron de la “distracción” del personal para una tarea inútil.
San Pedro se reactivaba tras el feriado del día anterior. Una tranquila mañana, daba paso a lo que se esperaba fuera una tranquila tarde. “El centro”, comenzaban a poblarse y los comercios poco a poco abrían sus puertas. Los más de 20 grados de temperatura tentaban a todos, a dejar sus casas.
La Joyería Taibo, como es habitual, abrió sus puertas temprano. Todavía era escaso el movimiento sobre las veredas de Mitre al 900, pero el suficiente para alertar lo que iba a pasar minutos después de las 16.30. Rodolfo Taibo esperaba detrás de los exhibidores el ingreso de algún cliente.
Un Volkswagen Gol negro estacionó en doble fila y encendió sus balizas. Facundo Díaz y Mario Rubén Domine Siebens descendieron y enfilaron su marcha hacia la joyería, mientras Lucas Balcaza –el conductor del vehículo- abandonaba el lugar a bordo del automóvil. Debía regresar a buscarlos.
Rodolfo Taibo vio ingresar a los sujetos, uno morocho y otro rubio. Se adelantó para atenderlos y el primero de ellos –Facundo Díaz- avanzó esgrimiendo un arma de fuego, empujándolo detrás del mostrador, tomándolo del cuello y reduciéndolo en el piso para luego maniatarlo.
“¡Dejame!”; fue el grito que alertó a todos. A los que caminaban por la vereda del comercio, los que estaban del otro lado de la calle, incluso al hermano del comerciante, propietario del bazar aledaño a la joyería.
Mientras uno de los delincuentes rompía los exhibidores y cargaba una mochila con joyas, el otro exigía oro y dinero en efectivo.
Jorge Taibo, hermano de Rodolfo, fue el primero en llegar al lugar. Desde el exterior se escuchaban gritos, pero nada se veía. En frente, la gente comenzaba a reunirse y el rumor “están robando” comenzó a replicarse hasta llegar incluso al pintor que trabajaba sobre el techo de uno de los locales cercanos. Jorge caminó hasta encontrarse dentro del local y darse cuenta de lo que pasaba. Vio salir a un sujeto, morocho, de la parte trasera del mostrador y pudo observar a su hermano que estaba tirado en el piso y maniatado, mientras el otro delincuente lo apuntaba con un arma de fuego. Fue todo tan rápido, que los asaltantes no alcanzaron a atacar a Jorge sino que uno de ellos alertó: “La cana”.
Gabriel Reyna patrullaba las calles de San Pedro a bordo de un móvil de la fuerza de seguridad, junto a Patricia Melgar y otra oficial, cuando recibieron un llamado de alerta que daba cuentas de un posible robo en el interior de la Joyería. Los efectivos bajaron del móvil, arma en mano, y corrieron hacia el interior del comercio mientras su compañera solicitaba refuerzos. En la puerta, Gabriel Reyna cruzó su mirada con las últimas personas que lo vieron con vida. Jorge y Rodolfo Taibo, éste todavía maniatado, indicaron con señas que los asaltantes se ocultaron en una habitación contigua al local, ubicada en el fondo del comercio. Las víctimas siguieron su camino sin volver la vista mientras los policías se perdían dentro del comercio.
Melgar se adelantó a Reyna hasta llegar al fondo del local. Uno de los asaltantes –presuntamente Díaz- asomó por detrás de una división interna, una “pared” de madera, con las manos en alto. La agente dio la voz de alto. El sujeto se detuvo, se arrodilló, y acostó boca abajo sobre el piso con las manos siempre a la vista. Siebens seguía oculto. Melgar abordó al delincuente e intentó esposarlo, cuando éste aprovechó su superioridad física y comenzó a forcejear con la mujer, quitándole el arma de fuego con la que la golpeó. Todo ocurrió en un segundo, y la efectivo, aturdida, apenas escuchó los disparos. Al volver hacia el frente del local, todavía en el interior, vio a Reyna tendido en el piso, que apenas pudo arrastrarse unos metros y llegar hasta la puerta del comercio. Quedó allí tendido. Uno de los disparos lesionó la aorta, herida que resultó mortal.
Díaz tomó el arma de Reyna y salió del local disparando a mansalva, en el mismo momento en el que llegaban refuerzos, entre ellos, Antonio Coronel. El efectivo patrullaba las calles junto a dos compañeros, cuando recibióel pedido de auxilio. Fueron los primeros en llegar a brindar apoyo, y Coronel el primero en bajar del móvil y encaminarse hacia la joyería. En un abrir y cerrar de ojos, el efectivo se vio parado frente a frente con Díaz, quien escopeta en mano apuntó a su cabeza y le disparó en la frente. Milagrosamente la bala sólo le produjo una herida aunque quedó tendido en el piso y fue socorrido por sus compañeros. El mencionado pintor, que se acercó a observar lo que sucedía, fue otro de los que recibió un disparo de Díaz, en su pierna. Conocido es por todos que Siebens fue apresado en el interior de una zapatillería y Díaz en la azotea del edifico del Club Mitre hacia donde había corrido arrojando su camisa en la puerta para no ser intentificado. El arma de éste, calibre 22, fue secuestrada en el cuarto de máquinas, estaba sobre un cartón y tenía una mancha de sangre. El delincuente estaba herido. La mochila, la polémica mochila, quedó dentro de la joyería.
La conmoción por lo sucedido no tardó en llegar hasta Arrecifes, donde los nombres resultaron inmediatamente familiares para la policía de esa ciudad. Delincuentes de renombre y con antecedentes. Faltaba uno en esa banda: Lucas Balcazza, “el Balcarce”. Y en San Pedro se buscaba al conductor del Volkswagen Gol que se detuvo frente a la joyería y del cual descendieron Díaz y Siebens. No costó encontrarlo. Esa misma noche se vio a “el Balcarce” salir de la casa de su madre, junto a la esposa de Facundo Díaz, mientras todos esperaban que llegue la orden de detención. Dos días después fue apresado.
Reyna murió en el hospital. Melgar y Coronel estuvieron internados varios días. La conmoción duró poco, apenas una movilización que derivó en promesas en memoria de una persona que dio la vida por proteger a otra, y que nadie cumplió.

Entre lágrimas y bronca
El lunes se cumplieron seis meses de la muerte de Gabriel Reyna, que fue ascendido a Capitán post mortem. Sus compañeros lo homenajearon entre lágrimas y abrazos, y colocaron una placa recordatoria en el hall de ingreso a la comisaría, que fue descubierta por las agentes en medio de una misa oficiada por el Padre Gustavo Salse, y que reza: “Capitán post mortem Juan Gabriel Reyna. 9/9/1980 – 26/11/2013. Con tu alma de soldado pasaste por esta vida, dejaste enseñanza, con tu afán de ser valiente en cualquier situación. Te transformaste en nuestro héroe y en segundo, nuestro ángel guardián. Personal de la comisaría de San Pedro”.

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