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jueves, mayo 6, 2021

Los trabajadores de Papel Prensa quieren “escrachar” a sus jefes

Es difícil en los tiempos que corren, no adherir a cualquier reclamo de recomposición salarial que se presente formalmente ante empresas cuya producción ha crecido. Sin embargo, la modalidad empleada por algunos sectores termina corriendo el centro de atención hacia escraches, pintadas y otro tipo de agresiones que desnaturalizan el sentido del reclamo. En los últimos días, los productores frutícolas, Celulosa San Pedro y Papel Prensa han sido blanco de estas movilizaciones. En el último caso, con amenazas concretas de concentraciones y ollas populares frente a los domicilios de los gerentes. Tiempo atrás, Ramón Rosa, Terminal Puerto San Pedro y Arcor también lo sufrieron. Para los gremios y la CGT, la culpa es de las empresas que dilatan las respuestas y alimentan la indignación de los trabajadores.

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“Estamos peor que en la época del Turco. La rentabilidad de las empresas hoy es del 80% y a los trabajadores sólo les llega el 20%. Si no salimos a la calle, no nos dan bolilla”. La frase corresponde a un dirigente gremial importante que casualmente no ha estado involucrado en las protestas de los últimos días.
La semana pasada, entre una encarnizada negociación de la Coopser (ver nota) y un paro nacional de los trabajadores del SAT (Sindicato Argentino de Televisión), se gestaron otras medidas de fuerza, más potentes y expuestas.
Efectivamente, los papeleros, nucleados en un sindicato que supo de largas vigilias de protesta en las últimas décadas, salieron al ruedo, primero para defender a un trabajador de Celulosa San Pedro, advertido (y a despedir) por haber aceptado ser parte de la comisión gremial. En paralelo, un numeroso sector de Papel Prensa, recurrió a la acción directa para “escrachar” a las autoridades de la compañía en la que tiene una porción de poder el gobierno nacional. El motivo: un aumento salarial del 40%.
Completando la postal, después de una larga negociación que se extendió demasiado y desgastó al límite, los trabajadores rurales decidieron presentarse en la calle (como hacía tiempo no ocurría) para reclamar un aumento en el jornal de cosecha.
En casi todos los casos, protestas cargadas de derechos pero que tuvieron errores o excesos, indeseables y hasta poco recomendables para el logro de los objetivos sin aspectos criticables.

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En dos horas
“No queríamos movilizarnos; no queríamos provocarle trastorno alguno a los vecinos ni a nadie que no tuviera que ver con la protesta, pero no dábamos más. Estamos cansados de que nos mientan”. Así y con un moderado pedido de disculpas a los frentistas que se encontraron con pintadas que no eran para ellos, algunos dirigentes de UATRE respondieron a las consultas sobre la evaluación de la medida de fuerza que plantearon el jueves. La negociación por el nuevo jornal comenzó a principios de Abril. UATRE pidiendo 45 pesos y los productores nucleados en CAPROEM ofreciendo menos.
Las notables diferencias de criterio entre los productores y el doble discurso de algunos mediadores, prolongaron la definición hasta el límite. La última oferta, de 35 pesos provocó la reacción y las primeras declaraciones altisonantes con denuncias concretas sobre actitudes de algunos productores que entre pares manifestaban su rotunda oposición a pagar más y que luego accedieron.
¿Por qué estiraron tanto la oferta si al final iban a aceptar?, se preguntó uno de los dirigentes cuestionados por el desborde de la manifestación en la esquina de General Pueyrredón y Belgrano donde quemaron cubiertas y pintaron vidrios adicionales a los de la entrada a la Cámara de Productores. “Algunos muchachos se pasaron un poquito porque pensaban que era todo lo mismo”, dijeron. Los propietarios de oficinas y locales que debieron actuar rápido para remover los grafittis de aerosol y el tizne que quedó en los techos, seguramente coincidían con el reclamo, pero se encontraron pagando los platos rotos de una protesta llena de derechos, pero exagerada.
La misma pregunta se hicieron algunos vecinos por la explosión de petardos en pleno día y en pleno centro o en los que alrededor del galpón de empaque del productor Jorge Morresi, vieron sacudida la tranquilidad del barrio con la llegada de la movilización.
El argumento de los trabajadores es concreto: “Si no hay ruido y si no se genera algún trastorno, no hay respuestas”. Si es así, para qué negocian, se preguntaban algunos oyentes de La Radio al escuchar la resolución del conflicto.
De lejos y a varios días, parece que si la movilización se hacía antes, el jornal se llevaba a 40 pesos y se ganaba más dinero.
Los trabajadores fruteros y algunos de sus dirigentes refregaron por el rostro de los productores que han estado “al lado” en infinidad de situaciones en las que el sector la pasó mal. Hay documentos fotográficos que muestran cómo los acompañaban a escrachar bancos o a cortar rutas. Tienen razón entonces al decir que cuando el escrache era para ellos, era válido y ahora no. Sin embargo, queda una peligrosa sensación hacia el futuro: No más charlas, propuestas y contra propuestas. La historia será tirar cifras y si no hay acuerdo recurrir a la acción directa. Sobre todo porque lo que más cuestionaron los dirigentes fue el ir y venir de las charlas con críticas cruzadas culpando a terceros sobre las dificultades del acuerdo, prolongando innecesariamente una definición que por lo bajo, muchos aceptaban desde varias semanas atrás.

La Cartonera
No fue una buena semana para Celulosa San Pedro. A la intimación que les llegó desde la Municipalidad por arrojar residuos en el basural se sumó la reacción sindical en defensa de un trabajador al que iban a despedir por haber aceptado integrar una comisión gremial.
La posición del sindicato y la adhesión de los trabajadores habla de una conducta ejemplar en cuanto a la defensa de los derechos del sector, pero fuentes de la empresa señalaron que se sentó un pésimo precedente al no poder disponer el despido de una persona que no se adaptaba a las labores para las que se lo había convocado.
¿Quién puede determinar la razón en este caso? Nadie lo hizo pero la presión y el paro derivaron en la reincorporación.
Vaya como argumento a favor de los trabajadores que en otras ciudades se han registrado casos de empleados que ante la posibilidad de asumir una representación gremial, son separadas de sus funciones. Aunque no con el mejor clima, La Cartonera, volvió a la normalidad y aquí salvo el paro y un breve corte del acceso no hubo medidas mayores.
Fuentes consultadas en los gremios y en las empresas aportan datos que ayudan a configurar la situación actual. Desde las empresas están los que dicen que los gremios, envalentonados con lo que hacen los principales líderes y con la postura del gobierno nacional, se sienten con derecho a meterse en las cuentas de las compañías reduciendo a serviles a funcionarios que tienen la misión de equilibrar los números.

Marchas, escraches y olla popular
En Papel Prensa, el Sindicato de Trabajadores de la Industria del Papel puso en marcha un plan de acción con una firmeza pocas veces vista. Hasta ahí, todo aceptable, incluso las protestas en las puertas de la planta y las expresiones públicas en la ciudad. Apelando a una fibra bien sensible, anunciaron el lunes a través de un prolijo comunicado, los pasos siguientes a las movilizaciones frente a la fábrica, en caso de que no se recibieran respuestas.
Podría tomarse como otro ejemplo más del efecto “silencio” al que algunas empresas apelan. Algo que hasta los medios de comunicación sufren porque intentar preguntarle a las autoridades de la papelera por qué proceden como proceden, es más difícil que acertar el quini o el loto.
Arrancaron el sábado, unos cien empleados con un quite de colaboración resuelto en una asamblea. La medida encarada por empleados de planta permanente apunta a un aumento del 40%. Viejo y experimentado en estas cuestiones, Alberto Chávez se puso al frente de la protesta en su primera parte. El lunes presentaron el cronograma de protestas advirtiendo sobe ollas populares y escraches en las puertas de las casas de los gerentes, por el fracaso en las negociaciones. “Queremos que ellos también nos ayuden porque los trabajadores son los que les hacen ganar el sueldo”.
Al mediodía y al atardecer, el lunes y el martes se concentraron en las puertas de la planta. Sin respuestas, hoy entrarán en una segunda etapa del quite de colaboración que se profundizará al no aceptar cambios de turno, horas extras ni labores por una categoría superior, coincidiendo con una parada técnica de 7 días que se realizará para una reforma.
Mientras el silencio, tanto a nivel local como a nivel nacional, es la única respuesta de Papel Prensa, los trabajadores decidieron en una asamblea comenzar a recorrer las casas de algunos jefes.
Hoy se realizaran dos ollas populares en las puertas de las casa del gerente y jefe de mantenimiento. Mañana está prevista una marcha y escrache frente a los domicilios de los jefes de las secciones Papel y Mantenimiento y el viernes habrá una marcha y escrache frente a los domicilios de los jefes de las secciones Pasta y Servicios Generales.
Al cierre de esta edición y mientras algunos esperaban que se levantara esta decisión, la misma fue confirmada por las autoridades gremiales que anticipan una movilización respetuosa y simbólica como “último recurso” ante la falta de diálogo. “Hoy las protestas se desactivan hablando, sólo con sentarse a dialogar, pero al no contestar promueven que la gente cada vez se indigne más”, dicen.
Ante algunos comentarios que indicaban cierto malestar del personal contratado que no estaría siendo incluido en esta medida, integrantes de la comisión interna de Papel Prensa confirmaron que hay pocas excepciones de personal contratado que no tenga “estabilidad laboral” y que hace pocos meses se incorporaron después de intensas gestiones 86 personas que en algunos casos llegaron a estar 17 años con contratos y que ahora son efectivos. Para ellos también cabe entonces el pedido de aumento.

Tendencia
La cantidad de reclamos que llegan a la Delegación del Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires cada vez es mayor. Han aumentado exponencialmente las mediaciones por reclamos individuales o de empresas con poco personal. No todos trascienden y algunos terminan directamente en la Justicia. Para los referentes de la CGT local es imposible intervenir pidiéndole a los trabajadores que no protesten y según comentaron, tampoco pueden decirles que “no se excedan”.
Algunos lo intentan verbalmente porque saben que la protesta puede perder fuerza ante el desmán, pero el contexto nacional hoy los habilita para ir tan lejos como quieran.
En la Secretaría de la Producción dicen que salvo cuando son convocados a interceder en la negociación, no pueden intervenir en cuestiones de “orden público”. Finalmente, para la policía, la orden es acompañar, en lo posible prevenir, pero jamás intervenir, aunque se esté afectando la propiedad privada. Sólo la inteligencia y la mesura de los dirigentes gremiales con más experiencia pueden darle el marco justo a esta escalada. Habrá muchas protestas más porque la tendencia así lo determina y porque largas reuniones formales no dan el mismo resultado que una acción directa sobre el empleador. Un síntoma peligroso que por fortuna todavía no tiene en San Pedro su clímax y que ojalá nunca lo tenga, con trabajadores y empleadores respetados por igual.

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