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miércoles, diciembre 1, 2021
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La historia de superación de Bautista Mallo: De estar en silla de ruedas y aprender a caminar otra vez, a brillar en el Torneo de Clubes

Al delantero sampedrino que pertenece a Mitre pero actualmente juega el certamen de Federación Norte con Fundición donde es titular indiscutido y acumula tres goles le detectaron en 2011, a sus 11 años, una enfermedad en su rodilla derecha que impedía que fémur crezca. Lo intervinieron quirúrgicamente y durante tres meses seguidos tuvo que ajustar "los tornillos del tutor", tal relató a La Opinión, para que "el hueso crezca". Y, sobre lo que siguió, relató: "Cuando me sacaron el tutor empezó la peor parte porque sufrí mucho la rehabilitación, creía que no iba a volver a jugar al fútbol y los médicos me dijeron que era muy difícil".

 

Bautista Mallo corre para un lado, para el otro, agarra la pelota, gambetea y la pasa. A los rivales les cuesta sacársela. También, a pesar de su baja estatura choca contra jugadores más potentes, los derriba o cae él, se levante y sigue. Sus movimientos son como los de cualquier otro deportista y no evidencia limitación alguna, por eso a quien no conoce su historia le cuesta entender cómo un joven que la pasó mal, en tan poco tiempo llegó a primera división, sobresalió en Mitre donde fue campeón en la Liga Sampedrina (LDS) y se dio el lujo de afrontar el Torneo Regional Federal Amateur 2019; y actualmente brilla en el Torneo de Clubes con la camiseta de Fundición donde es titular indiscutido, acumula tres goles y un sinfín de aplausos de los hinchas.

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Los problemas para Bautista empezaron en 2011, cuando tenía 11 años, y fue su mamá, Miriam, la que se percató de que su hijo no corría de forma "normal" cuando jugaba en Pescadores por la Liga Infantil (LDI): "Mi mamá se dio cuenta que me caía cuando corría solo. A lo largo de los partidos veía que pasaba lo mismo, yo no me daba cuenta". Y continuó: "En ese entonces Daniel Creus que era mí pediatra me derivó al Instituto ALPI en Capital Federal donde me hicieron estudios y me descubrieron que tenía genuvalgo asimétrico, una enfermedad en la rodilla derecha que hacía que no crezca el fémur por tener un tumor benigno en el mismo. A raíz de eso, mi pierna derecha era 2 centímetros más corta que la izquierda".

Tras el diagnóstico, empezó lo peor para el delantero: "La única opción era operarme y quebrar el fémur en tres partes. Me tuvieron que colocar un tutor con seis tornillos dónde todas las noches durante tres meses teníamos que ir dándole un cuarto de vuelta para que se vaya estirando el músculo y esperando que se vuelva a formar el hueso". Sobre la rehabilitación, indicó: "A mí me operaron en el Sanatorio Anchorena el Dr. Francisco Praglia. Por mucho tiempo tuve que volver a hacerme tratamiento del dolor bajo morfina. Durante cuatro meses estuve con el tutor y en sillas de rueda. Cuando me sacaron el tutor empezó la peor parte porque sufrí mucho la rehabilitación, creía que no iba a volver a jugar al fútbol y los médicos me dijeron que era muy difícil. Tuve que volver aprender a caminar y estuve un año yendo a Buenos Aires a rehabilitación tres días por semana con el Doctor Quiñones ya que acá no contaban con los medios necesarios para mi problema". 

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Mallo, en silla de ruedas, junto a Graciela Gastó. Foto: Facebook Miriam Dotti.

El joven que hoy tiene 19 años admitió que le "pasaron muchas cosas por la cabeza" porque "fue una edad" en la que sus amigos "estaban con la pelota todo el día" y el "miraba". "No pensaba que a futuro no iba a volver a jugar, trataba de pensar que lo mejor estaba por venir y en eso mi familia me ayudó mucho", admitió al mismo tiempo en que dejó en claro que actualmente lleva "una vida normal" porque el problema no lo "molestó nunca más".

Por último, el futbolista que aguarda termine la cuarentena para reiniciar el Torneo de Clubes con el equipo de Baradero (en cuartos de final debe enfrentar a Defensores La Esperanza de Campana) no se olvidó de agradecer a quienes lo ayudaron a que sobrepase el mal trago: "Hoy aprovecho la oportunidad para agradecer a mi familia, amigos y profesionales porque durante todo ese tiempo me apoyaron e hicieron que todo sea más fácil". Mientras tanto, Fundición lo disfruta y Mitre, donde también trabaja con las inferiores, lo espera.

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