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viernes, julio 30, 2021
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NO PUBLICAR La fragilidad de los niños en manos de nadie

Casos que golpearon a la población y desnudaron la desidia de los organismos encargados de tutelar derechos humanos básicos y escenciales de los niños en varias oportunidades. Un nene de 7 años a la deriva que desde los dos años es utilizado como justificativo de una prisión domiciliaria, seis menores bajo una carpa porque los adultos que los tienen a cargo no pudieron presevar viviendas que les otorgó el estado, un niño hallado en la calle por vecinos tras una convulsiónen, tres nenas sin recursos tras haber sufrido abusos por parte de sus padres. Reflexiones que ameritan mucho más que el justificativo del "nosotros no podemos hacer nada".

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Les llaman "población más vulnerble" y cuando saltan a las portadas de noticias "un modo de visibilización", como si las vejaciones y el maltrato que soportan se pudiesen remediar con un simple paso de niño a adolescente o de adolescente a joven "en riesgo".

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Aunque la edad para ser considerado niño se haya fijado de facto en medio de la miseria social cada vez que un menor empuña un arma y es pasible de linchamiento, apenas alcance los 10 años nunca será mucho lo que se haga por llamar la atención de los responsables del desastre que se escudan en la generalidad "de la pobreza" para repartir culpas sin tomar a los menores como sujetos de derechos inalienables, derechos que superan a los tan mentados y defendidos de la vida misma.

Tener derecho a nacer no siempre implica tener derecho a vivir y mucho menos a vivir y crecer cuidado y contenido en un vientre extramaterno. Aunque ciertamente la generacion sub 10, ha sido parida y concebida durante las consecuencias de la crisis no hay modo de eludir que sus progenitores son en su mayoría sub 30, con dos, con tres, con cuatro y hasta con siete hijos. 

No es la idea machacar sobre las causas, los responsables de haber hundido al país en la vergüenza del habre y el desapego por el trabajo y las responsabilidades. La idea es ver a quén salvar, a quien proteger, cómo proteger, cómo tutelar en una sociedad en que controlar la natalidada o educar para una maternidad responsable es visto como una desventaja a la hora de garantizarse la subsistencia.

En nuestra misión periodística de documentar tomaremos un grupo de media docena de casos en los que queda claro que la intervención del estado si no es inexitente se diluye en la concepción del "mientras meno se sepa, mejor".

Madre de seis niños, dos de ellos interndos en el hospital, uno con cuadro de desnutrición. Se va una mañana, cobra sus salarios, saca pasaje y abandona a los menores tras llorar en cámara por las desgracias que vive. Abuelos que ya cuidan cuatro. Los abandonados son derivados a un hogar. La madre vuelve meses después y los reclama. 

Madre de un niño de siete años denuncia su desaparición. Logra la atención de medios y vecinos. Su hijo es hallado en otra provincia. El niño se había ido de la ciudad con una hermana y su pareja porque su padre fue llevado nuevamente a la cárcel tras un allanamiento que también presenció el menor. La progenitora lo entregó cuando tenía poco más de dos años para que al condenado por homicidio le otorgaran la prisión domiciliaria. Mientras cree estar de vacaciones quien lo cuida y su acompañante cometen un robo, los detienen y el niño es entregado a la familia dueña de la habitación de la casa que alquilan. Lo cuidan. Tiene otros cinco hermanos, cuatro de ellos de otro papá. El estado interviene de manera informarl y proporciona el dinero para que la madre recupere al menor. Viaja con su nueva pareja, no llega a destino, gasta el dinero con el que se la subsidió. Vuelve a la ciudad y 24 horas después radica nueva denuncia por la desaparición de su hijo. Interviene la justicia, detecta al menor. Informa al servicio de "des-protección" de la niñez que resuelve restituirlo a su madre.

Dos niñas y una adolescente, abusadas por su padre en complicidad con la madre. La pareja cae presa, las nenas sin recurso económicos deben dejar su vivienda y las comodidades de las que gozaban. Nadie puede mantenerlas y los que pueden proporcionarles contención y cariño no tienen techo para ofrecerles. Dos son derivadas a un hogar. Se culpan y se arrepienten de haber denuciado porque sus vidas se truncaron y hasta el abusador vuelve a tener acceso desde la cárel sobre las víctimas.

Vecinas encuentran a un niño semidesmayado en una zanja

 

 

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