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viernes, julio 30, 2021
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La casa con ruedas, un sueño, una realidad

María Silvina Taurizano es sampedrina y vivió siete años en México, hace un tiempo se planteó la posibilidad de cruzar por tierra América Latina hasta llegar a Argentina y fue en auto que recorrió casi 17.000 Km., el viernes pasado, luego de casi 115 días al volante y de visitar varios países, las ruedas de su vehículo pisaron suelo sampedrino.

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Una mujer valiente, varios destinos, todos los caminos, una impecable composición de paisajes entre soles y tempestades e interminables sensaciones y vivencias se entremezclaron en esta aventura tan única que María fue desafiando desde hace tres meses y medio. Como ella misma la denominó “en femenino”, su burbuja, su autita colorada, la condujo sin apuros y con calma a un destino que no sólo imaginó, sino que alcanzó gloriosamente habiendo sorteado dificultades imaginables, otras no tanto, pero con un saldo favorable y definitivamente un sueño hecho realidad.
Es complicada la tarea de relatar una aventura tan propia y tan personal como la de María Silvina, pero fue ella misma quien fue narrando sus vivencias, describiendo cada carretera adornada por su propio paisaje, cada naturaleza viva, todas o la mayoría de las sensaciones, sus amistades, sus charlas con compañeros de ruta, sus encuentros y desencuentros, los problemas que fueron surgiendo, las ilusiones, sus ganas de compartir, mostrando a través de imágenes cada lugar, para que los lectores tengamos el panorama más simple y podamos imaginar parte de esta hazaña tan propia, tan suya, aunque todo haya sido intensamente relatado, para que quienes hayan seguido su rumbo, puedan al menos, abordar parte de esta marcha descendiendo hacia el sur.

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Todos los caminos conducen al sur
El 31 de octubre fue la largada triunfal desde Guanajuato, donde vivió y trabajó durante siete años, tal como ella misma relata en su blog: lacasaconruedas.blogspot.com, que utilizó como diario de viaje, y en el que mantenía a sus seres queridos informados durante todo el itinerario, nadie se iba a dormir sin antes tener noticias frescas durante el período de viaje.
A bordo de su Pontiac Matiz modelo 2007 rojo, ya con casi 14.000 Km. antes de la partida, emprendió su camino, “aunque sea no más que una carcaza de lata con ruedas es mi casa, mi casa con ruedas, que lleva las cosas que elegí de entre todas las cosas porque a pesar de ser cosas tienen un valor agregado”, relató en algún trayecto.
Sin demasiadas preocupaciones de horarios, porque no había ni aviones, ni colectivos por perder… simplemente múltiples rutas por recorrer y mapas que alineaban su brújula hacia el sur, el destino final sería San Pedro, Argentina, ese era su objetivo.
Su recorrido abarcó once países: México, Guatemala, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Chile y Argentina, cada uno añadió a su retina y a sus recuerdos de todo un poco y un poco de todo lo que sus ojos retuvieron para quedarse siempre en ella y en esta enriquecedora experiencia que eligió. Nadie mejor que ella puede narrar a lo largo de sus 115 días de viaje por América: ripio, lluvias, flores, humedad, calor, bosques, junglas, selvas, fríos, vientos, playas, arena, mar, bruma, olor a tierra fresca, matices de todos los verdes posibles y verdes brillantes, montañas, volcanes, arrieros, vacas, rebaños, azules y grises cielos, caracoles, mareas, palmeras, mariposas azules, cerros, pantanos, desiertos coloridas o blancas ciudades, casonas antiguas, museos, costa y entre todo, mates, muchos mates acompañando fielmente su camino, el que ella eligió. “Cada pueblo, cada ciudad, abre las puertas de su galería en conmemoración de los que dieron su vida en esta lucha”, relató mientras estaba en Nicaragua.

El viaje con ella misma
“Mi casa se desarma y se vuelve a armar seguido”, relató mientras estaba en Perú, para esto, mucho de lo soñado se iba concretando y otro tanto quedaba en sus anhelos y deseos por definir. Algunos destinos fueron predilectos, otros no tanto…y así el desplazamiento con su coche se iba inventando palmo a palmo.
El viaje fue pensado un tiempo atrás, su principal objetivo y sus ganas eran cruzar América por tierra, “si hubiese sido en casa rodante mejor” pero como los números no daban, logró comprar un auto en cuotas, aunque antes realizó un viaje para sentirse segura para desafiar el volante, en esta oportunidad sola, sin sus hijos, sólo ella, sus recuerdos y sus mates se conjugaban dentro de su propia burbuja, esa que sería su casa, sin dudas, su casa con ruedas.
Contaba con 2.270 euros y unos 380 dólares. Esta suma de dinero sería suficiente para hospedaje, nafta, comida y otras necesidades que fueran surgiendo, no mucho más que eso, pero los imprevistos también estuvieron a la orden del día.
Cruzar Panamá no fue fácil y allí se instaló la angustia, la bronca, la impotencia, las lágrimas y mucho dinero perdido para pasar su auto en barco junto a sus pertenencias con valor tan significativo para ella que viajaron en container. Parte de sus recuerdos y objetos tan valorados se atesoraban en el vehículo, mientras ella cruzó en avioneta hasta llegar a Colombia, pero el mal trago pasó, tuvo que perder muchos más días de los imaginados y trabajar para recuperar algo de los U$S 1.300 que le costó el trámite y los papeles del cruce del canal de Panamá.

El tiempo que no es, el que no se siente
“Me he sentido parte de este sitio y de esta gente. Me voy llena de todo, de aire puro y de promesas. Sigo el rumbo. Hacia otros valles”, escribió en su blog desde Panamá, luego llegaron fuertes emociones, más vivencias y unas cuantas anécdotas relatadas en su diario que cada día improvisaba con relatos desde Internet. En el camino no usó ni GPS, ni notebook, ni celular, optó por los medios de comunicación tradicionales y para publicar sus noticias buscaba Cyber cafés.
Las descripciones de la rutina eran completas y detalladas, desde las rutas, el clima, la idiosincrasia de los habitantes, las culturas, los colores y aromas de las ciudades, los hoteles donde pernoctaba, los momentos compartidos con compañeros de emociones, las comidas y cuánto le costaba cada día en dinero.
“Con una emoción que ustedes no pueden ni imaginarse llegué a nuestra Argentina, apasionada, cara dura, intrépida, controvertida, peleadora y tan querida! Cuando vi la bandera, ahí, ondeando en el mástil como haciendo un zarandeo de zamba, distraídamente, el cartel de BIENVENIDOS A ARGENTINA, apreté el timón y me puse a llorar. Y después a reirme y después en el camino, a carcajadas”, apuntó María en sus escritos.
“Desde que crucé la frontera, desde un poco antes para ser sincera, desde que aquel desierto mustio se empezó a poner a naranja en Atacama, no hay paleta de pintor ni muestrario de pinturería que alcance para matizar los colores de nuestra Argentina y además el llano ahora el horizonte infinito”
Una historia tan disfrutable como emocionante trazada en 115 días llenos de magia y camino por recorrer, un recuerdo que será infinito. Nuevos rumbos la llevarán hacia nuevos destinos, pero sin prisa y con calma, todos los caminos de esta aventura la condujeron hasta un lugar en el mundo: San Pedro.
“Es tan hermoso ser testigo en el camino. Yo no podía imaginarme mi vida sin el viaje. Haber hecho este recorrido, no lo cambio por haber hecho en estos meses ninguna otra cosa. Mi casa es acá, aunque pase de visita, aunque no permanezca. Argentina es mi casa”, reafirmó entre sus interminables palabras expresadas luego de haber alcanzado uno de sus tantos desafíos.

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