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lunes, mayo 10, 2021

El H.C.D. parece un salón de clases

Muchos cronistas y periodistas han hecho sus primeras armas en este semanario. Hoy, es el turno de Matías San Hilario. Cursó su escuela secundaria con orientación en comunicación, en la Escuela San Francisco de Asís y tras su paso como colaborador en la Agrupación Mallorca, desliza su primera experiencia gráfica editorial, tras asistir a su primeria sesión en el Concejo Deliberante. Tiene 20 años recién cumplidos, emitirá su voto por segunda vez en la vida en las elecciones de Octubre de 2007. Con estas reflexiones, derriba el mito instalado sobre el escaso interés que tienen los jóvenes por la militancia CIUDADANA.

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Cuando comencé a pensar en este comentario, decía ¿Qué título le pondría?. Y se me ocurrieron algunos, como por ejemplo: “Mi primera vez en una sesión en el Concejo” o, “¡Yo quiero ser Concejal!”, y algunas otras…
Pero, luego pensé en un nombre que grafique o explique, aún más, lo que yo percibí en esta nueva experiencia: El H.C.D. parece un salón de clases.
¿Por qué? Se preguntarán.
Bueno, hay varios ítems que avalan mi punto de vista.
A los dieciocho concejales que integran este órgano, a partir de ahora los denominaré “Alumnos” (con el mayor respeto que merecen sus cargos).
A estos, tal cual adolescentes de 3º año en clase de matemáticas, se los nota por momentos dispersos, distraídos, como con falta de concentración, cosa que a veces es provocada por charlas verbales o escritas a través de papelitos (tal como yo hacía hasta hace un par de años atrás en la secundaria). Discusiones, enfrentamientos y hasta comentarios de los presentes y también de los ausentes, “Chusmeríos” como se lo denomina en la jerga estudiantil.
Otra de las situaciones que me llevó nuevamente a la edad escolar, es la división en grupos, aquí llamados “bloques”. Es más que obvia y comprensible la división partidaria, pero lo que me llamó la atención es la falta de decisión individual; por lo menos, en los momentos que presencié la sesión, no hubo ni una sola votación en la cual alguno de los presentes haya elegido distinto a sus compañeros de banco.
También se puede observar -como en todas las aulas- diferentes tipos de alumnos: están los prolijos, que llevan sus carpetas ordenadas, hacen bien la tarea y siguen atentamente la clases; están los más olvidadizos, los que se ocultan y no participan y por supuesto están… los que no hacen nada.
Pero lo que definitivamente me hizo recordar al Colegio, fue el constante pispeo al reloj para saber cuánto falta para irnos a casa.
Debo admitir que como encontré similitudes, también encontré algunas diferencias, tales como que a estos “Alumnos” no tendría que preocuparles el reloj, ya que no hay horarios de salida, si tan solo tienen “clases” dos veces al mes e incluso a veces sus “clases” no llegan a ¡una hora!
Por otra parte, comen caramelos y fuman muchísimo en el aula. Pero hay tres cosas que me parecen las más importantes:
1º – Que la dirección de este establecimiento está dirigido por más de treinta mil personas que los eligen.
2º – Que a su cargo tienen decisiones y posibilidad de planear proyectos y acciones para y por el estado local.
Y 3º y más importante: Que a estos “Alumnos” les pagan $ 3. 400 por asistir a clases.

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