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domingo, abril 18, 2021

Desde Colombia, muebles, préstamos, facilidades y usura

Un imán con la leyenda “Presta Fácil, Financiera” llevó a La Opinión a los famosos vendedores ambulantes de muebles de origen colombiano, que circulan por las calles de la ciudad con carros y una oferta que permite obtener préstamos usurarios pero sin garantía. El “gota a gota” que nació para lavar dinero de la venta de drogas llegó a San Pedro.

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Pintorescos vendedores ambulantes de muebles dejaron un imán y un guiño de ojos: “Presta fácil. Financiera. Efectivo rápido”, decía el volante publicitario escrito en amarillo y verde sobre la imagen de un billete de 100 pesos. El tamaño máximo estaba reservado para un teléfono. Ninguna dirección, ninguna marca, ningún otro detalle. Nada más que un prestamista ilegal ofreciendo sus servicios.

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Los vendedores ambulantes de muebles son un fenómeno que se registró en los últimos años en todo el país, pero que se ve en otros de Latinoamérica. Tienen una raíz común: los migrantes de origen colombiano. Al final del recorrido, otra: la usura escondida detrás de la tarea de venta de muebles. En el análisis ulterior, la preocupación mayor: de dónde proviene el dinero que prestan.

En Rentas de la Municipalidad no hay registro de que alguno de ellos haya hecho el trámite para adquirir la sisa que establece el permiso para la venta ambulante. En el barrio donde están asentados, los vecinos observan “movimientos raros”.

La Opinión llamó para consultar los requisitos y obtuvo la lógica del funcionamiento de los préstamos y la certeza de que son ilegales. Alguna vez la Policía les siguió los pasos pero sin generar acciones que le permitieran intervenir.

Dinero fresco, alto interés
“Agustín”, dijo llamarse el encargado de atender la requisitoria de este semanario, aunque sin saber que hablaba con periodistas. Amable, atendió en medio de mucho ruido de voces que se fue apagando a medida que pasaba la conversación.

“Nosotros prestamos, normalmente, a gente que tiene negocio”, dijo Agustín y aseguró que el préstamo solicitado por primera vez sólo puede oscilar entre los 3 mil y los 5 mil pesos. “Depende del negocio. Después si cumplís como tiene que ser, podés pedir entre 5 y 10 (mil pesos), y así; por eso no hay drama”, explicó.

El préstamo se paga por día, de lunes a sábado. Ellos se encargan de ir hasta el  negocio del solicitante y “levantar” el dinero. Si no se paga todos los días, no hay problemas. Se puede pagar dos o tres días juntos.

Respecto de los intereses, Agustín detalló: “Manejamos montos a (cobrar en) 10 días 10, por ciento; 20 días, 20 por ciento; 26 días, 30 por ciento”, y ofreció: “Se puede extender un poquito más y sale más”.

Los requisitos son pocos: “El primero, tener un negocio; el segundo, firmar un pagaré; y el tercero, fotocopia de DNI”. Quien solicite el crédito por primera vez no podrá superar el monto de 5 mil pesos, pero por ser debutante en el asunto uno puede lograr alguna rebaja.

“Lo que podemos hacer con préstamos de 5 mil pesos es extenderlo un poquito más para que no te queden tan grandes las cuotas. Por ejemplo, extenderlo a 35 días y que te quede el 30 por ciento”, precisó Agustín.

Consultado sobre si cambiaba cheques, dijo que no.  A la hora de explicar el mecanismo del préstamo, ejemplificó: “Serían de 5 mil, entre 35 y 40 (cuotas/días) de 185 (pesos) no me acuerdo bien, pero es más o menos eso”.

“Quién te dio el número”, preguntó Agustín. “Ah, el imancito”, dijo ante la respuesta de que se había llegado a ellos a través de esa publicidad. “Este es el único número que tengo de la empresa”, que no posee CUIT ni está registrada en ningún lado.

Tras decir su nombre, Agustín señaló; “Orlando es mi compañero”, que por lo visto es el jefe o el que toma las decisiones, ya que ante algunas de las consultas la respuesta tenía que ver con preguntarle a él.

Por último, el prestamista dio una dirección en la que no hay ningún comercio sino una vivienda familiar cuyo movimiento siempre llamó la atención de los vecinos del barrio. Al menos durante los últimos años.

En Puerto Madryn y Cipolleti hay dos sucursales de una firma con el nombre “Presta fácil” y se dedica a la venta de préstamos personales. La Opinión los consultó vía telefónica el lunes. Andrea, la operadora que atendió, aseguró a este semanario que esas son sus únicas agencias y que no tienen representantes fuera de la provincia de Chubut.

Una casa con “mucho movimiento”
“Ahí viven los colombianos que venden muebles”, dijo un vecino que reside en la misma cuadra en la que está ubicada la casa cuyo domicilio dio Agustín al periodista que fingió ser un cliente en busca de dinero fresco.

En ese lugar, una vereda de cuatro cifras, par, en una calle con apellido de prócer puesto en duda, el movimiento es constante: motos con carros, conducidas por hombres vestidos de jean y campera de cuero, con una especie de morral del mismo material atravesado en sus cuerpos.

No tienen contacto con los vecinos y a los moradores de la casa se los ve muy poco. Se sabe que hay una mujer rubia y un niño púber que cursa la Primaria en una escuela céntrica.

Por la modalidad de pago de los préstamos y la venta de muebles –porque algunos venden–, el movimiento constante es de quienes aparentemente serían los cobradores. Los colombianos atienden a los de las  motos. Los muebles se ven, pero parecen siempre los mismos, a veces cambian de color, como si los repintaran.

Hay quienes dicen que esos muebles son los que construyen los presos en las penitenciarias. Otros hablan de un taller que estaría ubicado en otro sector de la ciudad, en el límite de la zona urbana.

En el domicilio céntrico que Agustín dio están hace alrededor de dos años. Allí vivía antes una familia chilena. La mujer de la casa era “vidente” o algo por el estilo. Quienes vieron la mudanza del día en que se fueron aseguran que lo único que se llevaron eran bolsas de consorcio. Parece que ni cama había en la vivienda.

En la casa hay una ventana que permanece abierta todo el día. Tiene persiana levantada y rejas. De noche también está abierta. Cuando los vecinos leyeron hace tiempo una nota que salió en Clarín y contaba lo que sucedía con colombianos vendedores de muebles en Salta, cerca de la frontera con Bolivia, pensaron de inmediato en lo que sucede en esa casa. Claro que allí las consecuencias por falta de cumplimiento se pagan con violencia física, psicológica y si es necesario a los tiros. “Es el mismo movimiento, exactamente el mismo. Siempre hombres, ningún contacto con el resto del barrio, siempre todo cerrado”, señalaron, asombrados.

Quienes preguntaron por el precio de los muebles –unos roperos o chifoniers de baja calidad– aseguraron que les parecieron “re caros” por lo que eran. “Valían más de 3 mil pesos; se veían bastante berretas y mal pintados, con colores horribles”, dijo una mujer que los consultó.

El famoso “gota a gota”
En Medellín, en los años 80, con el auge del narcotráfico y la cristalización de la dominación colombiana de Pablo Escobar Gaviria, comenzó a verse en las calles a los vendedores puerta a puerta de productos en cuotas de pago diario a lo que sobrevino el préstamo usurario. La modalidad tiene siempre a las mismas víctimas: las que carecen de posibilidad de acceder a créditos bancarios o de financieras autorizadas. El irregular sistema los esquilma.

En la Argentina, el Código Penal se refiere a la usura en su artículo 175 bis, que reprime el delito cometido por “el que, aprovechando la necesidad, la ligereza o la inexperiencia de una persona le hiciere dar o prometer, en cualquier forma, para sí o para otro, intereses u otras ventajas pecuniarias evidentemente desproporcionadas con su prestación, u otorgar recaudos o garantías de carácter extorsivo, será reprimido con prisión de uno a tres años y con multa de pesos tres mil a pesos treinta mil”.

El texto legal agrega: “La misma pena será aplicable al que a sabiendas adquiriere, transfiriere o hiciere valer un crédito usurario. La pena de prisión será de tres a seis años, y la multa de pesos quince mil a pesos ciento cincuenta mil, si el autor fuere prestamista o comisionista usurario profesional o habitual”.

Los colombianos que venden muebles no son los únicos prestamistas ilegales de la ciudad, está claro. Son nuevos actores de un fenómeno tan viejo como el dinero y tanto o más cruel que el deseo de tenerlo a cualquier precio. Un municipal contó alguna vez cómo adentro del propio municipio había quienes ejercían esta tarea. “La plata es cara”, supo decir con la precisión del que sabe de qué habla.

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