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jueves, febrero 25, 2021

Caso Varela: hubo abuso sexual con acceso carnal en al menos cinco de las víctimas

Las pruebas encontradas en Lavalle 35 son tan perversas como contundentes. Filmaciones, fotos, dibujos y hasta el relato de cada acto sexual, escrito en primera persona por el propio Varela, reflejan los abusos sexuales, que complican cada vez más su situación procesal. El imputado fue trasladado a San Nicolás, será indagado nuevamente por la Fiscala Gabriela Ates y las víctimas sometidas al sistema de cámara gesell.

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Hoy se cumplen doce días de la detención de Cristian Varela. Pasaron 264 horas desde que el hombre de 42 años acusado de corrupción de menores está preso, ahora acusado de uno de los delitos más aberrantes que se recuerde en la historia de San Pedro: abusar de menores de edad con acceso carnal, filmarlas en pleno acto sexual, fotografiarlas, dibujarlas desnudas y relatar en primera persona todos los detalles, que plasmaba en cuadernos, por escrito.
Son las mismas horas que agudizaron la angustia de las familias de las víctimas de una mente tan convincente como perversa, quienes temen por la exposición pública de las menores y las consecuencias que las repercusiones sobre el accionar del pedófilo puedan traerles a las pequeñas que todavía no entienden que fueron víctimas de un delito ni por qué. Temen también por los inescrupulosos que han tenido acceso al material secuestrado en la vivienda y exhiben fotos en lugares públicos sin medir que con su accionar perjudican a niñas que ya tienen suficiente calvario.
Pese a la buena voluntad de las familias de las víctimas, lo que puedan declarar y aportar a la Justicia será determinante para el futuro del pedófilo, que transcurre sus días tras las rejas, alojado en una comisaría de la ciudad cabecera del Departamento Judicial del que depende San Pedro.
En el transcurso de esta semana, las niñas serán sometidas a testimoniar a través de cámara Gesell. Por su parte, Cristian Varela se negó a declarar al día siguiente de su detención, por lo que la fiscala Gabriela Ates decidió citarlo nuevamente luego de su traslado. La fecha no fue confirmada aún, pero sería dentro de los próximos diez días.
La Justicia quiere saber quién o quiénes eran cómplices del abusador –al menos desde el “encubrimiento” – y determinar si el material producido era comercializado o distribuido.
En caso de comprobarse, un nuevo canal de investigación se abrirá en torno a la causa y podría convertirse en un delito federal. Para ello, Ates estudia el material encontrado en la computadora personal del imputado, que al momento del allanamiento y posterior secuestro estaba bloqueada con una contraseña, lo que obligó a la fiscala a enviarla a La Plata, donde los peritos lograron obtener acceso a los documentos.
Allí, en su computadora, es donde se cree que está lo peor. Todo aquello que Varela acumuló durante años, desde el primero hasta el último abuso sexual con acceso carnal cometido sobre menores de edad.

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Una mente siniestra
Varela convencía a sus víctimas y nadie entendía cómo. Las niñas guardaban silencio y en muchos casos hasta creían estar “enamoradas” del pedófilo. Él prometía y aseguraba amor incondicional a cada una de ellas, quienes pasaban a formar parte de su aterradora colección.
El pedófilo no sólo abusaba de las niñas sino que de cada “noche” hacía una película, un álbum fotográfico y un relato detallado minuto a minuto, segundo a segundo, donde describía las sensaciones, las emociones, los olores y los climas que percibía mientras cometía los aberrantes actos.
Cámara en mano, al estilo “selfie”, filmaba a sus víctimas dentro y fuera de su casa. Incluso en alguna habitación de hotel, donde Varela encendió la cámara durante la noche y grabó el recorrido desde su cama, hasta la de su víctima, y todo lo que allí pasó cuando se metió bajo las mismas sábanas.
Un reproductor musical y de videos, en formato “mp4” es tan pequeño como irreconocible para aquellos que no tienen contacto habitual con la tecnología. Quizás esto jugó una mala pasada a alguno de los investigadores, que no reconoció el sistema de reproducción portátil –que sirve también para almacenar información de cualquier formato–, y habría optado por no secuestrar el “aparatito”. Advertido por otro de sus compañeros, fue el último objeto en ser retirado de la vivienda ubicada en Lavalle 35 y el primero al que se tuvo acceso.
En su interior estaba todo el material que Ates necesitaba para terminar con la sospecha más despreciable. Los videos mostraban de la manera más repugnante y explícita los abusos, las penetraciones, manoseos, y los hechos más obscenos que la mente humana pueda imaginar en medio de un acto sexual, donde sólo una de las personas –el victimario– sabía y disfrutaba lo que hacía.

Película, fotos e historia
Varela escribía todo. Describía minuciosamente, detalle por detalle, los abusos sexuales. Sentado frente a una computadora, recordaba y transcribía el camino que sus manos hicieron mientras recorrían el cuerpo de su ocasional víctima, los inocentes movimientos, el acceso a determinadas prácticas sexuales y el rechazo a otras, a las que terminaban accediendo obligadas por él.
Sus propias reacciones y emociones, también las de sus víctimas, todo lo escribía, hasta los gritos y las risas. Todo fue eternizado en documentos de computadora a los que titulaba con el nombre de la menor y la fecha en la que ocurrió.
Pero eso no era todo. Lo que Varela escribía no era más que una mirada distinta de aquello que quedaba registrado en la pequeña cámara filmadora que el pedófilo utilizaba para grabar a todas y cada una de las nenas.
Los videos ya no dejaron lugar a dudas. El abuso existió, fue con acceso carnal, en reiteradas oportunidades y con al menos cinco del total de sus víctimas.
Las “películas” mostraban distintos escenarios, algunos, dentro de la propia casa del detenido. A esto lo acompañaba un álbum de fotos de la menor y un álbum de dibujos, porque además las dibujaba desnudas, en poses eróticas y provocativas, siempre resaltando la vagina de las niñas. Los detalles físicos, que Varela no obvió, como la ausencia de vello púbico y los pechos apenas identificables, dan cuenta de la inmadurez sexual de las nenas vejadas.

La ropa interior
y la esposa de Varela
Muchos fueron los trascendidos luego del allanamiento en la casa de Varela el pasado viernes 30 de mayo, sobre todo en base a la pornografía y la ropa infantil encontrada dentro de la vivienda. Faltó algo importante: la ropa interior estaba manchada y esto también es materia de estudio para los investigadores.
Dentro de la vivienda todavía estaba su esposa, quien vaciló en más de una oportunidad ante las preguntas de los efectivos de la SubDDI y los auxiliares de la doctora Gabriela Ates. La mujer de Varela estalló en llanto cuando vio ingresar a los efectivos y éstos le explicaron por qué estaban en su casa y qué buscaban. Temblaba, parecía cansada y tenía la mirada perdida. Ante cada pregunta, respondió sin vacilar; hasta que le preguntaron por la ropa interior de menores de edad encontrada en el interior de una bolsa de residuos. “No, eso se lo compré yo para regalárselo”, fue la respuesta de la mujer mientras un efectivo sostenía con sus manos una prenda identificada con una reconocida marca en San Pedro.
“Dónde lo compró”, habría sido la pregunta siguiente. Ella habría asegurado no recordarlo. Entonces los efectivos insistieron, y preguntaron si conocía la dirección del comercio, sin explicarle que la prenda llevaba la identificación, y no supo qué decir.
La explicación se basó en las reiteradas visitas de sus sobrinas, que dormían en la casa, y la ropa “era para cambiarlas”. Lo extraño, es que fueron encontradas dentro de esa bolsa de residuos, lugar poco usual para guardar ropa que se utiliza con cierta frecuencia.

La peor de las carátulas
Cada detalle que se revela de la causa la vuelve más espeluznante. La cercanía de Varela con sus víctimas y la gravedad del delito que le imputan hacen pensar en una pena mayor para el hombre de 42 años, acusado por la justicia de “corrupción de menores”. Los actos perpetrados contra las pequeñas son los agravantes.
La ley 25.087, de “delitos contra la integridad sexual”, modificó en 1999 las penas para los imputados por abusos sexuales. El mismo contempla la reclusión o prisión de seis meses a cuatro años para “el que abusare sexualmente de persona de uno u otro sexo cuando, ésta fuera menor de trece años o cuando mediare violencia, amenaza, abuso coactivo o intimidatorio de una relación de dependencia, de autoridad, o de poder, o aprovechándose de que la víctima por cualquier causa no haya podido consentir libremente la acción” y prevé una pena que será de cuatro a diez años de reclusión o prisión cuando “el abuso por su duración o circunstancias de su realización, hubiere configurado un sometimiento sexual gravemente ultrajante para la víctima”.
La condena puede alcanzar los quince años si existió el “acceso carnal por cualquier vía” y ascender a 20 años de prisión si “el hecho fuere cometido por ascendiente, descendiente, afín en línea recta, hermano, tutor, curador, ministro de algún culto reconocido o no, encargado de la educación o de la guarda”. Todo parece poco frente al horror y la perversión.
Encuadres penales que, por uno y otro motivo, recaen sobre Varela luego de expuestas las primeras pruebas. La pena que le toque por estos delitos no se conocerá sino hasta la instancia de juicio oral al que deberá enfrentarse el hasta ahora único imputado.
Por lo pronto, cada día que pasa las pruebas en su contra acrecientan su compromiso. Los videos son claros: Cristian Varela sedujo y abusó sexualmente con acceso carnal de al menos cinco chicas de no más de 14 años, las filmó y fotografió, lo relató en un cuaderno y guardó todo como una demencial “preciada colección”. Todo ello está comprobado. Resta saber si acaso lo compartió con alguien.

Facebook y videollamadas
Desde hace tiempo las redes sociales ocupan el centro de los debates en torno a la seguridad y privacidad de los datos que circulan “en línea”, sobre todo en el caso de los más chicos, niños y niñas expuestos a encontrarse con un perverso de esta magnitud y convertirse en potenciales víctimas de delitos sexuales, incluso a través de una insignificante cámara web.
Varela las conocía con anterioridad, las seducía y daba la estocada final a través de las redes sociales.
Apodos como “manzanita” y “flaca mía”, entre otros, eran los nombres con los que Varela identificaba “cariñosamente” a las menores. Durante las conversaciones, que datan al menos desde 2012, siempre solicitaba “la cámara”, lo que dentro de las redes sociales aparece como “videollamada”. Les pedía que hablen, para sólo escucharlas, ya que él nunca se mostraba a través de la web.
Allí les preguntaba por sus madres, y las niñas respondían que estaba solas en la casa, o que sus familiares estaba lejos de las pantallas de las computadoras. Ellas también preguntaban. Indagaban para saber si la esposa de Varela estaba junto a él mientras las pequeñas se mostraban a través de las webcam. Él siempre respondía que “no”.
Las cartas encontradas sobre la mesa de la computadora la noche del allanamiento también revelaban no solo una relación entre el abusador y sus víctimas, sino hasta un posible maltrato. Fuentes confiaron a La Opinión que en una de ellas podía leerse la frase “no sé por qué me maltratás así, si yo te amo”.
En otras, que no alcanzó a entregar, Varela decía a una de sus víctimas que tenía que esperarla, que el tiempo “pasa rápido” y el amor era infinito, como publicó en su muro de Facebook en mensaje a una de sus víctimas, a la que le decía que la esperaría “cuatro años, seis meses y cinco días”, fecha en la que ella cumpliría la mayoría de edad.
Estos detalles revelan no sólo el sometimiento del imputado sobre sus víctimas, sino el conocimiento que éstas tenían sobre la existencia de la pareja de Varela. La publicación en Facebook de la mujer también demuestra que al menos conocía la relación que su “esposo” mantenía con una menor de apenas 14 años, relación denunciada por la tía de la adolescente y determinante para lograr la detención.
Si los primeros indicios son de 2012, solo hay que restar la inmadurez de quienes semana a semana eran observadas por el corruptor serial como blanco de sus aberrantes prácticas.

Pruebas que lo comprometen
▄ Varios videos filmados por él mismo, que contienen imágenes de los abusos con acceso carnal.
▄ Cientos de fotografías digitales e impresas de sus víctimas.
▄ Un álbum con dibujos en los que retrataba a las niñas abusadas.
▄ Documentos digitalizados en cuyos textos Varela narraba en detalle los actos sexuales a los que las sometía.
▄ Dos computadoras (una portátil) con material pornográfico.
▄ Una cámara filmadora y otra fotográfica, que utilizaba para registrar los abusos.
▄ Un reproductor MP4 donde almacenó archivos, fotos y videos.
▄ Cartas “de amor” escritas por las menores.
▄ Mensajes de texto.
▄ Conversaciones mantenidas a través de Internet y cartas que el propio Varela escribió pero no envió a sus víctimas.
▄ Ropa interior de menores de edad, con manchas.

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