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miércoles, enero 27, 2021

Bronce tapó de arena a varios funcionarios

El gabinete del Intendente Guacone está en crisis. Los operativos por los camiones areneros con sobrecargas son sólo la punta de un médano que oculta la lucha por la permanencia en los cargos de los seguidores de Barbieri y quienes están apostando a una gestión distinta. El negocio de la arena mueve sumas importantes y la palabra “coima” sobrevuela peligrosamente sobre el área de Inspección.

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Es natural que ocurra entre los chicos: sentarse en la arena durante varias horas, buscar agua en el río con el baldecito, hacer buen uso de la pala, construir un castillo con pasadizos y decorarlo para que luzca bien. Hasta allí una escena cotidiana que nos remonta a nuestras propias historias de niños. El “grupito de al lado”, que se la pasó todo el tiempo en el agua, manda a alguno a pegarle un pisotón y la guerra comienza con un acto al que se considera traición de lesa conducta lúdica: Tirar arena en los ojos.
Eso es lo que está pasando en el Gabinete, el castillo que construyó Barbieri durante años se derrumba y los que ayudaron en la construcción se sienten con más derecho que los que saliendo de jugar en el agua, les rompen los aceitados canales subterráneos y revolean manotazos de arena hasta dejarlos ciegos.
El viernes por la noche fue el epílogo de una historia que lleva años de arena sobre las calles que rodean al puerto.
Empresarios que se sienten perseguidos por los controles y que admiten que están obligados a infringir la normativa por pérdida de rentabilidad, inspectores que cobraron coimas y liberaron la zona para la salida de camiones con sobrepeso en la madrugada, desavenencias entre el Juez de Faltas y el Inspector General, acuerdos tácitos entre autoridades y empresas para circular sin inconvenientes, depredación de recursos naturales a cambio de cánones irrisorios son sólo algunos de los rincones de la situación que se ha desatado en los últimos días.
El escándalo en la guardia del hospital (ver página 4) que anuda la corruptela con la corrupción fue sólo el preámbulo de la batalla que dos o tres frases de Pablo Guacone desataron en los últimos días:

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“El intendente se llama Pablo Guacone”.
“Me debo al Gobernador y a la Presidenta”
“Nadie tiene el puesto comprado”
Tres definiciones concretas que dejaron en calzoncillos a varios que desde la gestión lo llamaban “este muchacho”.

Los guardianes de Pablo
Entre las múltiples taras de la herencia que “Mario Sigue” le dejó a su sucesor estaba la de “barrido y limpieza”. Guacone, sin la presión del aparato que lo obliga a hacer concesiones y sin sumisión partidaria que lo persiga, comenzó por rodearse de tres o cuatro colaboradores de su más estrecha confianza. Desconfía de todo y de todos. Su relación con la prensa se fue acomodando a las circunstancias y su perfil frente a la sociedad comenzó a despertar cierta intriga. Lejos de ser “el sucesor” empezó a perfilarse como protagonista.
Han pasado casi cinco meses de gestión en los que pudo apoyarse en la inestimable y técnica colaboración del Contador Jorge Génova para el uso racional del dinero. “Pablo, estamos contando monedas”, le dijo el Secretario de Hacienda.
El Delegado de Río Tala, Gustavo Díaz, le abrió las puertas para delinear algunas acciones tendientes a recomponer las relaciones con la Provincia y la Nación, y Fabián Bianchi, como Director de Turismo, logra caminar por el borde del precipicio dentro del área que hasta su llegada manejaba en exclusiva Norberto”Cahi” Atrip. En Deportes Dalmy Butti siguió el buen criterio de su antecesor Sebastián Estevez y se despegó en una cruzada integradora por los barrios para llevar un poco de realidad al relato que fractura el tejido social de una ciudad que trazó límites profundos tras la Avenida 11 de Septiembre. Desde Cultura, José Luis Aguilar se preocupa por lo suyo y no participa de internas.
De ahí en más, todo es arena en los ojos. “Este destruyó en tres meses lo que nos costó diez años”, dicen los viejos barbieristas.
¿Y Barbieri? El ahora Diputado mantiene una relación prudente pero está preocupado por el futuro de algunos de sus colaboradores. Se llevó la mochila pesada a su despacho incorporando a Norma Atrip y se aseguró una buena gestión con Alejandro Donatti como vocero.
El primer sinsabor importante fue la participación de la ciudad en Expo Agro y el desastre de la red vial urbana y rural que azota a los vecinos de todos los barrios. La Secretaría de Obras Públicas parece un enemigo importante a la luz de las presunciones de la población: todo para el turismo y nada para los que pagan las tasas. A ello se le suma que con sólo tocar tres timbres, Guacone pudo concretar la obra de gas de Santa Lucía, la instalación de una oficina de la ONCCA, la inauguración de un laboratorio modelo para cítricos en la que participará la Presidenta de la Nación y un gran acercamiento a los resortes de poder que mueve el kirchnerismo.
El desplazamiento de Estelrich fue la primera demostración de fuerza y luego vinieron las respuestas. Por parte de la Policía, una interna que nadie puede parar y que requiere de una urgente decisión para pasar al modelo comunal al que nunca quiso adscribir Barbieri y a la conformación de una Secretaría de Seguridad que si bien formaba parte de las iniciativas de la oposición que lidera Carlos Casini, se hace imprescindible para parar la ola de robos y asaltos que ni la Fiscalía ni la propia fuerza pueden domar.
El otro hito se produjo hace dos semanas cuando un grupo de médicos se llevó puesto al Sub Secretario de Salud y llegó directo a Guacone con una denuncia contra el Jefe de la Guardia del Hospital, José Herbas. En el hospital todo huele mal porque al menos uno de los denunciantes está tan sucio como el denunciado y las consecuencias las pagará la población al verse obligada a prescindir de el único emergentólogo que podría ganar un concurso para ocupar ese puesto si el sumario que se le ha iniciado prueba que hubo dolo contra el Municipio.
El remate se produjo ayer por la mañana cuando estalló por los aires la relación del Inspector General Domingo Bronce con su histórico adversario Miguel Adeff y su jefe directo, el Secretario de Gobierno Juan Almada. Los negociados con la arena que salpican a varios inspectores y al corazón del Ejecutivo parece que terminarán con la única frase que Guacone pronunció ayer por la mañana cuando fue consultado por un periodista de La Opinión: “Si nadie quiso ponerle un freno a esto, yo se lo voy a poner; porque quiero que las cosas se hagan bien”.
Almada deberá responder por esa y por otras cuestiones que lo tienen en la mira de la opinión pública y de algunos empresarios que sostienen que nada de lo hecho pudo realizarse sin cierta anuencia de su parte.
Aunque Bronce evite el dedo acusador sabe que aún tiene mucho por decir sobre las relaciones que mantiene el Secretario de Gobierno y la Policía que está inmersa en una interna aún más feroz que la del municipio. Ahi no se tiran con frases; lo hacen con robos y devolucion de asaltos virulentos y extraños, por los que generalmente pagan menores o perejiles.
El intendente resumió su postura en esa frase y no quiere que ni un granito de arena se desparrame sobre su gestión. El clima de tensión llegó a su punto máximo cuando le dio su respaldo a Domingo Bronce y desautorizó a Juan Almada, quien tenía decidido el desplazamiento del funcionario hacia la Dirección de Red Vial.

Quién controla los recursos naturales
Desde la perspectiva pequeña de la interna que atrapa la cuestión de las areneras todo parece un negocio pero no hay explicación alguna sobre el uso y abuso de recursos naturales que le pertenecen a la Provincia de Buenos Aires y que dejan muy poco dinero al erario público. Se estima que son más de cuarenta millones de pesos los que están en juego cada año y que las barcazas areneras no cesan de extraer en una de las cuencas más preciadas en el mercado. No se sabe quién ni cómo se controla el patrimonio natural ni si la estrategia del uso de ese recurso no debería formar parte de la administración portuaria o de la estatización de un recurso estratégico para toda la zona de la ribera. Urge una reunión entre todos los intendentes que exceda la puesta en escena del Conindelta que sólo toma una mínima porción para obras menores en cada comuna.

Bronce y el tiroteo entre los funcionarios
“Nunca acepté tomar mates con el Juez de Faltas para organizar mi trabajo, aunque me invitó más de una vez”
“Hay cientos de denuncias de que personal propio les avisaba. Una arenera me llamó denunciando”
“Es una maniobra política. Estamos a mediados de año, quieren deteriorar ciertos sectores”.
“Guacone es una persona con buenas intenciones y ganas de trabajar, tiene colaboradores eficientes pero hay gente con intereses que quieren desestabilizarlo”
“Quieren tirotear al de Cultura, que el pibe baje los brazos, y es uno de los eficientes”.
“Claro que me tendieron una cama a mí”
“¿Cómo que voy a cobrar coima?”

Multas y zonas liberadas
La diferencia en los montos de las multas y la detención de camiones en la zona portuaria que desembocaron en el Juzgado de Faltas provocó una obvia reacción en el común de la gente: Desde cuándo, cómo y por qué se violan con impunidad las normas. Está comprobado que los camiones que salen con sobrepeso y superando a veces en el 100 por ciento de su carga gozaban de zonas liberadas tras el aviso de algún integrante de inspección o la policía. Bronce dice haber denunciado estas maniobras. Almada cree que Bronce sabía mucho más y ocultaba lo que sucedía con las empresas transportistas. Lo mismo dicen de Almada. El desbande del viernes fue exponencial. Los choferes desaparecían diciendo que no conocían a nadie y la arena se desparramaba para salir vacíos tras 48 horas de espera. El nombramiento de Burgos como Jefe de Calle era el arma más poderosa con la que contaban Almada y Adeff para defenestrar de una vez por todas a Bronce. A esta altura, el ciudadano tiene la obligación de preguntarse cómo y por qué todo esto no se tramita en la Justicia si se está frente a una indiscutible negligencia en el cumplimiento de los deberes de varios funcionarios.

Cómo es el negocio de la arena
La modalidad de carga autorizada es de 45 toneladas máximo en bruto, esto da unas 30 toneladas de arena, promedio, por camión en cada carga. El viernes por la noche, en un operativo desarrollado en el puerto, los choferes confesaron que tenían entre 75 y 90 mil kilos cada uno.
La tonelada promedio cuesta entre 18 y 20 pesos, aunque algunas areneras cobran menos. En la irregularidad todos ganan. Las empresas que venden más, los fleteros que hace un solo viaje y los clientes que pagan un solo flete.
El camión entrega a un promedio de 48 pesos, el que trabaja de fletero, en precio bruto. La arena se vende entre 90 y 120 pesos, según la distancia.
“El que se lleva la tajada es el del corralón, que ni siquiera tiene la necesidad de generar stock, con un margen del 80 por ciento o más”, dicen algunos conocedores del negocio. En San Pedro se habla de un volumen de 200 camiones diarios. “Los intereses son grandes, es mucha plata, y esto no se puede hacer sin connivencia de los que tienen la responsabilidad de controlar”, aseguran.

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