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miércoles, febrero 24, 2021

Branto Ayala dice que no está vinculado al asesinato de Lillo

Desde el penal, el imputado por el robo a un camión repartidor y el posterior crimen del agente de la policía local Nelson Lillo expondrá en su defensa que “casualmente y a más de una cuadra y media” del hecho fue asaltado y herido por un delincuente que quiso arrebatarle el dinero que tenía para pagar un alquiler. En las fuerzas de seguridad y en el gobierno rezan para que Branto no ofrezca detalles sobre el momento en que fue apresado, 55 horas después.

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Cuando aún no se cumplieron tres meses del brutal asesinato del agente de la policía local Nelson Lillo, la defensa del único detenido e imputado por el crimen trabaja en la presentación de la declaración que hará ante la Justicia para demostrar que el disparo letal no tuvo origen en un arma gatillada por Roberto “Tito” “El Zurdo” Branto Ayala.

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Es que en los peritajes que llegarán a manos del Fiscal Marcelo Manso –posiblemente esta semana– no habrá más que la confirmación sobre la sangre que se encontró en el auto blanco al que presuntamente quiso abordar Branto Ayala para huir de la escena del crimen. No hay balas, solo casquillos cuyas marcas responden al arma que más tiros descerrajó: la de la policía Laura Lencina.

Ya lo había dicho el abogado baraderense Diego Jeanmarie cuando se quejó por la difusión de la búsqueda de su representado, Nazareno Branto, sobre quien pesaba un pedido de captura. A pocos días del crimen y cuando ya estaba detenido su padre, Jeanmarie señaló que aquí se iba a “destapar una olla” que despediría muchos olores y salpicaría caldo caliente a quienes participaron del momento de la entrega/persecución/detención y traslado del famoso condenado por asalto de bancos, camiones de caudales y secuestros extorsivos que había evadido desde hace meses las salidas transitorias con las que había sido beneficiado tras cumplir condenas por los delitos que la Justicia logró probar que cometió.

Desde el penal de máxima seguridad de Sierra Chica, Branto Ayala le hizo saber a La Opinión que mucho de lo publicado no podrá probarse, que no hay nadie que lo ubique en la escena del crimen en la que también murió Pablo Morel, a quien dice sólo conocer por referencias en Baradero.

El asalto al camión repartidor de la empresa de galletitas de Baradero contaba con datos precisos, incluso la exagerada actuación de una de las víctimas del robo llevó a la Justicia a pensar que por allí podría venir el dato que sirvió para la emboscada que Pablo Morel y Branto Ayala pretendían tenderles aquella mañana para irse con el dinero, si no fuese porque en medio de la huída que estaba prevista sin contratiempos apareció el móvil de la policía local. Un “imprevisto”, dijeron desde el entorno más íntimo en el que se movieron los investigadores.

Las fuerzas de seguridad, el poder político y algunos de los delincuentes más profesionales de la zona tiemblan cuando se les dice que hay demasiados cabos que quedaron sueltos tras la estadía en un cómodo “aguantadero” y el torpe operativo de captura del prófugo, que llegó a un camino rural frente a un vivero a bordo de una camioneta cuyo chofer se bajó para subirse a un auto y borrarse de la escena mientras “traicionaba” a la misma persona a la que había cuidado durante más de 50 horas y con la que mantenía estrechas relaciones para encomendarle algunos trabajos.

Qué dirála defensa de Branto

Mientras la familia de Nelson Lillo aguarda alguna novedad que morigere el dolor por la pérdida y haya algo de justicia, en los expedientes se escriben argumentos que a todas luces son absurdos. A la hora de ventilarlos frente al fiscal Marcelo Manso, habrá temblores y sonrisas. Parece una novela escrita por un principiante, pero verosímil para un Poder Judicial que suele abrazarse más a los delincuentes que a las víctimas.

Desde el penal de máxima seguridad de Sierra Chica, Branto Ayala le hizo saber a La Opinión que mucho de lo publicado no podrá probarse, que no hay nadie que lo ubique en la escena del crimen en la que también murió Pablo Morel, a quien dice sólo conocer por referencias en Baradero. Tal vez alguna cámara de seguridad de la autopista o del acceso a San Pedro haya registrado el día anterior al asesinato alguna imagen de los ahora acusados de haber perpetrado el robo y dado muerte a Lillo a bordo de un vehículo “similar” al que se vio el día en que capturaron a Branto Ayala. Pero como quien no busca no encuentra, habrá indicios de al menos una imprecisa actuación en el lugar donde debían recolectarse las pruebas, porque hasta el vallado fue defectuoso y la actuación de la Prefectura acotada, puesto que la asunción de su nuevo titular había tenido lugar apenas 24 horas antes de afrontar una tragedia sin precedentes y que golpeó sin piedad la actuación de un agente de la policía local que simplemente quiso evitar el robo y la huída de los delincuentes. Lo pagó con su vida.

El lunes por la noche, este medio pudo hablar por primera vez con quien ahora sostiene que nunca estuvo en el lugar del asesinato.

“Nada que ver lo que pusieron ahí”, dijo Branto Ayala respecto a las publicaciones de los periodistas sampedrinos y agregó: “Hay una cosa que es la clave de que yo en ese hecho no tengo nada que ver, señora”.

“Yo caí como anillo al dedo. ¿Vio cuando viene justa la cosa para incriminar a alguien? Bueno, así fue que me incriminaron a mí. ¿Me entiende? Porque yo no estuve ahí, yo tengo testigos”, sostuvo y explicó: “A mí me secuestraron 19.900 pesos, del cual a las 9 de la mañana una persona me había dado 25.000 pesos. Porque yo sí, le digo la verdad, me había escapado, me había fugado de la unidad 19 de Capital, ¿no es cierto? Entonces tenía captura, entonces yo no podía vivir en mi casa en San Miguel, me tenía que ir. Estaba trabajando de albañil con otra persona de Baradero, en la cual me quedaba muy lejos a mí para trasladarme en la semana dos o tres veces hasta San Pedro y volver, ¿no es cierto?”.

“Dicen que a mí me agarró la subprefectura. No: a mí no me agarró la subprefectura en ningún momento”. La explicación de Branto Ayala sobre el momento de su detención.

El relato continuó: “Entonces fui a alquilar una casa a San Pedro, que la fui a alquilar con “el rengo” Ale, que es un pibe de ahí del barrio Fonavi, vio, de los departamentos, y me dijo que sí, que vuelva a la semana siguiente, que me iba a alquilar, que precisaba 10.000 pesos, dos meses adelantados más el mes, pero sin garantía, sin hacer garantía, sin hacer nada”.

Luego informó que tiene cómo acreditar que le prestaron esa suma: “Bueno, le dije que está bien, yo pedí la plata prestada a una persona amiga, esa persona me la prestó, la cual va a ir a testificar que ella me la prestó, tiene sobradas entradas, particularmente de ella, para comprobar que la plata ella la gana por mes, y que me la prestó, y yo la fui a buscar a las 9 de la mañana del mismo día, cosa que el hijo de Pablo Morel, ese pibe que mataron ahí, que yo, sinceramente, lo vi una sola vez en mi vida, y me dicen que yo lo había ido a buscar, cosa que son mentiras, yo puedo pedir un careo con ese pibe, porque yo en ningún momento fui a buscar a nadie”.

“La mamá de Nazareno, que es mi hijo, me acusa de que yo había sido el que había estado en el hecho. El último día que me vio la mamá de Nazareno… ¿Usted se anima a arriesgar qué día puede haber sido?”, preguntó y se respondió: “Yo hace 30 años que no estoy con ella. Yo tengo otra familia, otro hijo, otra mujer, ¿no? y yo fui a pasear a la casa de ella porque era el cumpleaños del hijo de Nazareno. El último día que me vio la mamá de Nazareno a mí fue el 17 de diciembre y esto fue el 25 de enero, ¿cómo puede saber si yo estaba ahí o no estaba ahí? Está mintiendo, yo quiero careo por eso, porque yo sé que está mintiendo. No es que yo estoy inventando una mentira, es que ella está mintiendo, ¿me entiende?”, seguía repitiendo Branto Ayala en las declaraciones que obtuvo La Opinión.

“Resulta que el auto que me alcanza, ahí me hacen tirar abajo y me dicen que el auto que me alcanza es un auto que nos persigue, resulta que era el auto de la misma persona que me llevaba a mí; entonces se bajó de la chata, se subió al auto y se fue, por eso es que no está en la causa hoy”. La expresión que se escapó de la boca de Branto cuando La Opinión insistió en los detalles de la que a todas luces fue “una entrega”.

Una vez aclarado que sus palabras serían respetadas sin modificaciones, se le requirieron precisiones sobre las cuestiones más llamativas desde el momento del crimen hasta el instante en el que fue interceptado/entregado a las fuerzas de seguridad. Dónde estuvo, quién lo curó, de qué modo se alimentó durante las más de 55 horas que estuvo desaparecido, aun considerándose víctima de un asalto y herido con al menos dos disparos.

En su defensa sólo dijo que estaba a una cuadra y media del lugar cuando lo asaltaron: “El lugar del hecho, sinceramente, no lo conozco. Yo conozco la calle Boulevard 11 de Septiembre y ahí es donde me pasó lo que me pasó (N. de la R.: confunde con avenida Sarmiento)”. Luego se refirió a que las manchas de sangre que se están peritando sobre un auto blanco son producto de las heridas de bala que “sólo son raspones” y que buscó refugio por su condición de evadido de la Justicia.

El paso de las horas

Parte de la nota que hoy se publica fue remitida a Branto Ayala para su información con anticipación porque, a todas luces, lo que apunta es lo que dirá el defensor oficial en su favor y de acuerdo a su versión de los hechos.

No aceptó brindar precisiones sobre lo sucedido en el lugar en el que estuvo refugiado pero La Opinión sabe que esa vivienda no fue allanada, pese a que se les dieron indicios a allegados al poder político y policial sobre la presencia del fugitivo. Es más, las fuentes indican que un día antes ya estaba en la zona y que su vínculo con quien le proporcionó amparo es de vieja data y con antiguos conocidos, hoy detenidos por otros delitos, pero que tienen en común amistades que deberían ser al menos investigadas por la Justicia ya que muchos de los asaltos, robos y golpes de envergadura que se perpetran en la zona, distan de ser planeados por “improvisados”.

Datos, experiencia, logística, encubrimiento, salvoconductos y facilitación de medios para la huída son sólo algunas de las coincidencias. Branto repite y repite que “tiene códigos” y que si hay algo que no será en su vida es un delator o traidor, aunque en el transcurso de las preguntas que se le hicieron quedó muy claro que al momento de ser capturado había sido pasado a buscar por una casa en la que le anunciaron cuál sería el horario para “sacarlo de San Pedro” y que tomaron por un camino rural donde lo bajaron y se permitió que quien conducía el vehículo desapareciese de la escena antes de que llegaran los efectivos de la Prefectura.

A esa hora, el Fiscal Marcelo Manso estaba en un partido de fútbol en Baradero, las autoridades políticas manifestaban su preocupación y dolor por la muerte de Lillo y parte de la policía festejaba una “persecución” que si bien no tuvo ribetes cinematográficos alcanzó para que se escucharan dos o tres disparos a los que los vecinos calificaron como una “estupidez, porque se les pinchó una goma y tuvieron que arreglarla para volver a San Pedro”.

En cuanto a la ambulancia que lo trasladó al hospital, puede que la camilla “haya quedado suelta” puesto que las fotos muestran que en el momento de la detención Branto Ayala estaba de buen semblante y cuando llegó al centro asistencial se observaron varios golpes que incluso le hicieron sangrar la nariz.

 

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