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Edición 1388
Publicado el: Miércoles, Noviembre 7, 2018 - 10:07
- Por Lilí Berardi -

Adiós a Mario Sánchez Negrete, el detective de los números

"Muy bien en rehabilitación. Hoy casi voy a la Municipalidad, pero me pusieron tarjeta roja. Lo primero es que recupere fuerzas", nos dijo el 14 de febrero, cuando el optimismo le ganaba al tratamiento a tal punto que alguna vez llegó al Palacio muncipal con dificultades a continuar sus tareas como secretario de Economía. Sus compañeros de gabinete le facilitaban el acceso a las cuentas, que seguía monitoreando desde su casa.

No había terminado el secundario cuando su padre, el exconcejal José Alberto "Pepe" Sánchez Negrete, lo sumaba a regañadientes a las intensas campañas que protagonizaba a bordo de su auto, al que había colocado altoparlantes. Allí, en la sede de Unidad Popular, donde hoy funciona el estudio jurídico, escuchó las primeras arengas cuando la democracia otorgaba la primera oportunidad de renovación parcial del Concejo Deliberante.

Nieto y bisnieto de dirigentes radicales, costaba relacionar la tarea de "Pepito", su papá con prácticas más afines a la prédica, y la recorrida que a lo que luego fue su pasión por las finanzas públicas.

Sus primeras apariciones públicas llegaron de la mano de un reclamo "contra los monopolios", cuando promediaba la década del 90 y advirtió que en la factura de Multicanal, la empresa de televisión por cable, había un ítem por el que se cobraba a todos los abonados una revista con la programación detallada. Su batalla legal para que le devolvieran el dinero llevó mucho tiempo, pero finalmente no sólo se lo descontaron de la boleta sino que además le entregaban una revista.

Esa es una anécdota que lo define de cuerpo entero, si no fuese por otra más atrevida que, una década después, lo llevó a la resistencia frente al gigante digital Microsoft para no resignar su dominio en internet, porque MSN (MicroSoft Network, la marca de servicios de internet de la empresa de Bill Gates) eran sus iniciales y él ya había registrado su página como www.msn.com.ar. Parecía mentira: esperaba una cifra millonaria que nunca llegó pero la multinacional nunca pudo usar ese registro en la Argentina.

De allí en más, y desde su estudio de abogados, buscó un nuevo modo de prestar servicios. Armó el primer portal web que reunía legislación, resoluciones, boletines oficiales, siempre con poca inversión en la estética pero con contenidos que proporcionan hasta los últimos convenios de trabajo. Cobraba un abono a colegas u otros clientes y con ello desarrollaba una actividad que, para la época, era una novedad.

Su esposa y sus hijos se plegaban con disciplina espartana a cada nuevo emprendimiento. Libros, estudio y herramientas para trabajar eran sus inversiones. En música, elegía la clásica y, de hecho, el mejor regalo que se le pudo hacer durante el tiempo en que se recuperó de su operación fue a través de WhatsApp, compartiendo conciertos vía Spotify, que disfrutaba en la sola compañía de sus auriculares conectados a la computadora.

La participación política llegó cuando lo convocaron para integrar una lista como concejal. Se sumó al grupo al que se identificaba como la "elite intelectual" de la Unión Cívica Radical y con Sergio Rosa como candidato a intendente. En pleno apogeo de Mario Barbieri, en su devenir desde el partido centenario a su sociedad con el kirchnerismo y el posterior desembarco en la Cámara de Diputados de la Nación, en 2011 se sentó en una banca
en la que le tocaría lidiar con la gestión de Pablo Guacone, que había sido "heredero de Mario".

Desde ese lugar agitaba las banderas de la austeridad. El combate al despilfarro en la administración pública se transformó en su obsesión y el atropello a las normas lo llevó a encabezar la gran cruzada para la puesta en marcha de comisiones investigadoras que pusieron en tela de juicio y en el borde de la actuación judicial los reiterados incumplimientos de aquella gestión, signada por el descalabro económico y financiero que desembocó en la renuncia de aquel intendente que había logrado en 2011 ser electo por el voto popular, pero ya alineado con el gobierno nacional. Se desataba entonces la madre de las batallas: la política y la económica.

No hay nada que tras su fallecimiento lo transforme en "bueno" ni "complaciente", sino en el voluntarioso domador de las finanzas que en 2015, electo nuevamente como concejal, fue convocado por la gestión de Cecilio Salazar para ocupar el cargo más deseado y en el que juró el 9 de dicimbre de ese año: la Secretaría de Economía y Hacienda, donde le permitieron conformar un equipo con dos integrantes de su espacio político: Hernán
Abatángelo en la Dirección de Rentas y Hernán Contreras como colaborador. No le fue fácil adaptarse al resto de sus compañeros de gabinete, procedentes de otros espacios. Respetaba a rajatablas las normas de silencio impuestas por el Pro, a las que no estaba acostumbrado.

Animado por la ola de combate a la corrupción, encabezó los anuncios de la emergencia económica que otorgaba poderes extraordinarios para el manejo de las cuentas, la puesta en marcha de investigaciones sobre rendiciones de cuentas, la reconsideración de contratos con proveedores y la refinanciación de las deudas.

En algunos lo obligaron a dar marcha atrás, en otros se equivocó en la relación de fuerzas y en los más elaboró estrategias para comenzar a poner en caja el desorden administrativo.

Amigos y familiares fueron testigos y víctimas de las 48 horas que empezó a tener el día del funcionario. Sábados, domingos y feriados se aferraba a los números y al teléfono para intentar darle a la gestión un sesgo austero.

No lo logró. De 2015 a 2017, duró poco lo que se había propuesto. Pero tras las elecciones, Salazar admitió que debían rodar algunas de las cabezas que provocaron "la fiesta del gasto" sobre la que con tanta pasión había construido su carrera política.

En privado, Mario admitía ese fracaso. En público prefería no aparecer, mientras forjaba una relación más estable con Ramón Salazar, el secretario de Coordinación con el que supo discutir fuerte para terminar en una relación de amistad que se mantuvo hasta sus últimas horas de vida.

A fines de diciembre de 2017 se descompensó dentro de la Municipalidad y fue derivado al Sanatorio Coopser, donde se repuso de lo que, en principio, parecía un "ataque de presión". Sin embargo, las primeras imágenes que se analizaron hablaban de una dolencia más grave y que tenía antecedentes en una lesión reiterada en su ojo derecho. Comenzó a buscar un diagnósitico y, sin faltar un solo día a su trabajo, en una mañana de sábado, un escueto mensaje anunciaba a este medio: "Me detectaron un tumor, me van a operar en unos días". Así fue.

Acompañado por su familia y sus más allegados amigos, superó una primera complicación tras la operación en la que le extirparon uno de los dos tumores que tenía alojados en el cerebro, el 12 de enero.
"Queda Hernán a cargo hasta que dure la licencia médica. Ahora estoy camino al Fleni, donde seguramente me van a hacer varios estudios, y luego vemos", había dicho el 5 de enero a quienes quisieron saber sobre la continuidad del área.

El 9 de febrero le dieron el alta y regresó a su casa en el barrio del club Los Andes. Allí llegaban a diario los miembros del gabinete y los amigos que se turnaban para trasladarlo al Fleni cada vez que cumplía con una jornada de tratamiento. Estaba entusiasmado, recuperaba movilidad, aunque sufrió varias descompensaciones que se resolvían en el Hospital local, donde se lo podía ver con algún amigo empujando su silla de ruedas.

Caminar y dar algunos pasos, mostraron su voluntad y esperanza de reestablecimiento. De hecho, una visita a su casa, el 22 de marzo, nos devolvió al funcionario sentado en la mesa de la cocina, con la computadora y las planillas, que manejaba con una mano que se había vuelto rebelde al movimiento. Por eso la ejercitaba, como ejercitaba todo el tiempo las neuronas para atormentar a sus compañeros con preguntas sobre el devenir financiero y la recaudación.

"Todavía me cuesta moverlamanoizquierda", escribió así, todo junto, pero aclarando luego: "Por lo menos lo intento" y "el 3 creo que me reincorporo", se refería al 3 de abril.

El 9 de mayo quiso opinar sobre una nota publicada en La Opinión, cuando arreciaron las críticas por la Rendición de Cuentas y se supo que la plata se había malgastado del mismo modo en que había sucedido en la gestión a la que combatió sin piedad. Aparecieron facturas de reintegros que con alguna oposición le hubiesen valido una interpelación a cualquier funcionario. Ese día, explicó: "No tanto. Lo más importante es que la plata que se consiguió se transformó en obras de infraestructura importantes. Lo de los sueldos es un problema estructural que no se puede resolver fácilmente". Lo dijo para acreditar que aquello que se había propuesto no podía concretarse y, como le gustaba discutir, confrontar o defender su tarea hasta el cansancio, apuntó: "Son decisiones políticas fuertes que hay que tomar y un camino de política recaudatoria que perdure en el tiempo ampliando la base tributaria y cobrar todo lo posible".

Para no seguir con aquella charla, le preguntamos por su salud, nuevamente. "Yo estoy muy bien, con mucha polenta, esperando que me puedan hacer los estudios que faltan. De hecho, ya fui a la Municipalidad, a escondidas, para evitar proveedores o problemas", respondió. Dos meses después, esa esperanza comenzó a apagarse, aunque no se daba por vencido. Hasta que hace pocas semanas admitió el cansancio.

"Me quedó en el tintero. Otro logro que tuvimos es pagar sueldos en tiempo y forma, que no es poco y sirve mucho para que el empleado trabaje con compromiso", dijo, por si hay dudas de que el trabajo constante era su casi única adicción. A los 56 años, todo queda en el tintero. Incluso el tiempo para "comprar camisas", que no tenía y formó parte de las cargadas de campaña, cuando en un timbreo se lo vio con la misma estampa que la que lucía un correligionario.

Una mañana, en una entrevista, se quebró. La emoción lo puso en aprietos cuando se le preguntó por el tiempo que dedicaba a sus hijos y esposa. Reconoció que les había robado muchas horas desde que decidió sumarse a la función pública y, por supuesto, con ellos pasó cada minuto de sus últimos días.

Ahora sí, en primera persona, digo que el último mensaje que cruzamos fue el 13 de agosto: "Estoy muy bien, recuperándome para volver, por suerte, ya puedo caminar solo", me dijo para no entregarse y quedar a merced de la enfermedad. Al igual que su padre, el inefable "Pepe", era dueño de una persistencia inenarrable y su paso por la política deja huellas más que por su eficacia por su testarudez en la defensa de la administración austera del dinero público. No es demasiado común y mucho menos con el apego a los códigos. Su respeto por mi tarea fue siempre notable. Sus enojos por mis críticas, lo suficientemente pasajeros como para aceptarnos en las diferencias. El reproche por su testarudez le despertaba siempre una carcajada.

Desde La Opinión lo despedimos con dolor y respeto. Los que desempeñamos tareas en este medio nos servíamos a gusto en ese plato abundante de cifras que siempre daban tela para cortar.

A su familia y a sus amigos, nuestro acompañamiento.

A la población, un pedido de reconocimiento a la tarea cumplida con aciertos y errores en su rol de implacable "detective de los números". Así lo retrató el artista y caricaturista Mache González en una memorable tapa de este semanario.

EDICION IMPRESA #1393
Miércoles 12 Diciembre 2018

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